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Doris Lessing, la novelista épica
Sueños africanos

ANDREA BLANQUÉ

EN EL CUENTO "Dos alfareros", perteneciente a la colección Un hombre y dos mujeres, la escritora Doris Lessing asevera: "la humanidad se divide en dos grupos, los que sueñan y los que no, y cada grupo tiende a despreciarse, o como máximo a tolerar al otro". Es evidente que Lessing se ha colocado a lo largo de su extensa vida en el bando de los que sueñan. Así se lo ha manifestado al español Juan Cruz, en una reciente y jugosa entrevista donde la escritora de 88 años, ganadora del último Premio Nobel, confiesa: "sigo leyendo y soñando".

Cuando era niña, y vivía en Rhodesia (Zimbabwe), soñaba con Londres, con la mítica Europa llena de libros, de aquellos que eran un tesoro en la polvorienta sabana del sur de África. Luego, cuando a partir de 1949, con treinta años, se instaló en Londres, el África y su naturaleza inolvidable se convirtieron en el sueño nostálgico que aparece una y otra vez en sus libros.

Pero hay muchos más sueños en los libros de Doris Lessing. La abundante, variada y compleja obra de esta escritora inglesa -quien ha estado produciendo libros constantemente desde hace más de medio siglo- es una literatura cuajada de ideales. El gran sueño de Lessing es la libertad, por eso siempre ha abrazado las causas de los débiles, y es emblemáticamente una escritora comprometida, profundamente política.

De más está decir que el Nobel que acaba de ganar -tras cuarenta años de rumores- suscitó agrios comentarios de Harold Bloom, con su "femifobia" habitual. No es para menos: si alguien encarna lo políticamente correcto, es Doris Lessing. La Academia Sueca sabía muy bien que estaba premiando una autora y una actitud, por eso en la justificación que hizo de la concesión del premio sostuvo que Lessing es "la narradora épica de la experiencia femenina, quien con escepticismo, ardor y poder visionario ha sometido a escrutinio a una civilización dividida".

Curiosamente, de la lectura de las numerosas obras de Lessing se deduce que detesta las ideologías y los reduccionismos. El gran muñeco de trapo al que deshace a palos es el estalinismo. Ese es el ejemplo máximo de cabeza humana ideologizada al extremo, que ella aborrece. A pesar de que en sus primeras novelas, como en Canta la hierba -que llevó a Londres en su maleta desde África- se advierte una postura marxista, a partir de 1956 la decepcionada escritora abandona el Partido Comunista británico hondamente herida ante las aberraciones del régimen estalinista, y ello se refleja en muchos de sus libros. En El sueño más dulce (2001), construye un personaje verdaderamente odioso, un comunista militante llamado Johnny Lennox, con la capacidad crítica absolutamente congelada ante los errores de la Unión Soviética. Otro buen texto para descubrir la airada protesta de Lessing ante la ideologización extrema es el relato "El día que murió Stalin", que además de ser un ejemplo de crítica implacable también es emblemático de su capacidad de ironía.

NADA FÁCIL. Sin embargo, si hay alguien que no escribe panfletos, ésa es Doris Lessing. Sus libros son sumamente complejos: muchos de ellos son larguísimos, de ahí que Harold Bloom diga que Lessing escribe "ladrillos" y que en Internet los lectores confiesen que les resulta densa.

No tiene un gramo de ingenuidad, no busca fáciles didactismos. Es una escritora dura, que se ha metido con temas duros: la discriminación racial, la desigualdad entre el hombre y la mujer, la debilidad del Tercer Mundo y la situación de los marginados en general, como el extraño y deforme personaje de Ben de El quinto hijo y de Ben en el mundo.

La obra de Doris Lessing es profundamente política, aunque ella no ha buscado dar un mensaje político. Ha manifestado en muchas oportunidades que escribe desde la experiencia, por eso muchos de sus libros tienen un marcado cariz autobiográfico, como la serie de cinco novelas titulada Hijos de la violencia, donde el personaje de Martha Quest ha sido visto como un alter ego de Doris Lessing.

"Escribir acerca de uno mismo equivale a escribir acerca de los otros", sostiene. Escribe sobre lo vivido, por eso está atenta a lo que escucha entre sus conocidos y a lo que sale en los periódicos: Anna Wulf, la protagonista de El cuaderno dorado, es una escritora que se halla pasando por un bloqueo, y que en lugar de escribir una novela, recorta periódicos con noticias y los pega en un cuaderno. Hay en ella mucho de Doris Lessing. La propia escritora ha declarado que su impactante relato "Las abuelas", donde dos hijos bellos y jóvenes se acuestan con las madres maduras del uno y del otro, ha sido tomado de la más pura realidad: la historia es un chisme o cotilleo que le llegó a través de un joven amigo. Lo que le sucede a ella misma y a la gente a su alrededor le ha dado materia prima para más de cuarenta libros.

Si sus textos son políticos es porque su vida lo fue. Detesta el reduccionismo de las ideologías pero aún hoy va a las reuniones de su barrio de Londres a discutir los problemas con sus vecinos. Es una figura pública y sale a menudo en los medios opinando abiertamente, ya sea para considerar que Tony Blair no es un hombre demasiado brillante, o para declarar que los comunistas fueron "asesinos con la conciencia tranquila".

Al escribir sobre su propia experiencia, y al haber vivido en carne propia los grandes asuntos del siglo XX, ya sea como testigo de la brutal discriminación racial en el África de su niñez, del fracaso del Partido Comunista del que formó parte hasta su renuncia, o de los conflictos hombre-mujer en plena etapa de concienciación de las mujeres a mediados del siglo XX, es evidente que sus libros son leídos como políticos.

Su libro más conocido, El cuaderno dorado, fue publicado en 1962, en Londres, un verdadero hervidero de ideas y actitudes progresistas. A pesar de sus mil páginas, escritura densa y experimental, la novela fue un éxito. Fue sentida y leída como la Biblia del feminismo. Muchísimas mujeres la tomaron como libro de cabecera, y escritoras como Rosa Montero aún declaran que -en su vida- la lectura de El cuaderno dorado fue fundamental: "nos enseñó que la experiencia femenina no era ni más ni menos que una experiencia profundamente humana".

La novela comienza con una dura pelea de dos mujeres amigas, Anna y Molly, contra el ex marido de ésta, Richard. Varias peleas más entre hombres y mujeres se deslizan a lo largo de las 1000 páginas del libro. La novela fue leída como un emblema de la "guerra entre los sexos" y paradigma del feminismo, lo cual dejó perpleja a Doris Lessing, porque cuando la escribió no tuvo en absoluto el propósito de convencer a nadie ni de hacer un manual ideológico. Con esta experiencia comprendió que los libros llegan a orillas no previstas por el escritor. Debió vivir entonces los juicios exasperados de críticos que abominaban del libro en actitudes femifóbicas y también de la adoración de las feministas que se lo apropiaron.

También tras la publicación de la pentalogía de sus novelas de Martha Quest, a Lessing se le pedía una definición feminista. Ella declaró: "Es una cuestión muy embarazosa para mí, porque aunque siento una indudable simpatía por las feministas, no pretendía defender su causa al escribir estos libros". Y también ha sostenido: "Las perspectivas ofrecidas por una gran parte de los movimientos feministas me parecen tremendamente reduccionistas".

En el precioso libro La buena terrorista, (1985) Lessing describe la convivencia de un grupo de squatters de extrema izquierda dentro del cual hay una pareja de lesbianas que frecuentan comunas de mujeres. Desde luego, no es una visión idílica la que presenta Lessing de los planteos radicales de estos personajes. Y en su última novela, La grieta (2007), trata de un patricio romano de los tiempos de Nerón que intenta rescatar una extraña mitología que se ha transmitido durante siglos: allí se explican los orígenes de la humanidad como una raza de hembras semiacuáticas, donde las viejas tienen el poder absoluto. La mirada de la autora sobre estos personajes es bastante siniestra, por cierto.

A medida que pasan los años, más distancia parece tomar Lessing del feminismo militante, y en entrevistas declara con acidez que no ha sido el feminismo sino la ciencia lo que ha logrado la liberación de las mujeres: el lavarropas, la aspiradora y sobre todo la pastilla anticonceptiva.

Sin embargo, aunque proteste, es inevitable que sus libros sean leídos como feministas. Por ejemplo, como los de muchas escritoras, son protagonizados por mujeres. Mujeres sensibles, inteligentes, responsables y en crisis. Son mujeres que a menudo gestionan casas. Ellas organizan, limpian, cocinan, compran comida, preparan té, cuidan hijos propios y hacen de madres sustitutas de otros. Las casas de las novelas de Lessing tienen tanta importancia que parecen prolongaciones de los cuerpos de las mujeres. Éstas están en pleno proceso de concientización, son seres que llegan adentro de sí mismas, que investigan su yo profundo.

En una mítica entrevista que le hizo María Elena Walsh, la escritora argentina escribió que "aunque sus criaturas sean frutos de geografía, épocas y culturas diferentes, Doris Lessing me ha enseñado todo sobre mi propia vida, traduciendo los enigmas de la confusa identidad de las mujeres y proponiendo un itinerario ¿adónde? Como ella dice: No hay adonde ir, sino hacia adentro"(...). "Su obra es una verdadera enciclopedia de las mujeres".

ESCRITORA DE FRONTERA. Doris Lessing, en verdad Doris May Tayler, nació en 1919 en Kermanshah, Irán, cuando éste era Persia. Su padre, un oficial del ejército británico que había perdido una pierna en la Primera Guerra Mundial, estaba allí porque trabajaba para el Banco Imperial. Casado con la enfermera que lo había cuidado, se dejó llevar por la ilusión y en 1924 gestionó la posibilidad de ir como colono británico a África, a Rhodesia, a hacer fortuna. Pero allí, aunque la promesa era hacerse ricos cultivando maíz y tabaco, lo esperaban tierras estériles, sequía, aislamiento, vasta soledad.

Hasta los catorce años Doris estudió en un colegio de monjas. En su obra reaparecería una y otra vez la imagen de África y su impactante naturaleza. En sus numerosos cuentos africanos, la escritora revisita aquellos espacios terribles e inolvidables, que ofrecían libertad y a la vez opresión: opresión por el calor, por la falta de agua, por la injusticia con que eran tratados los nativos, por el autoritarismo de su madre. La frontera entre civilización y no civilización, de esta mezcla de paraíso y de infierno se ve en el cuento "Historia de dos perros", donde magistralmente la autora explica a través de animales los sentimientos de los seres humanos.

Pero a los quince años Doris deja el colegio, intenta liberarse de la tiranía de su madre, y comienza a trabajar de siete oficios: niñera, enfermera, telefonista, etc., por lo que siempre ha insistido en su formación autodidacta que justifica su inmensa cultura. Los libros en aquella África eran un tesoro, más aún que el agua. La madre de Doris encargaba los clásicos a Inglaterra y para la escritora aquello fue fundacional. (Hoy vapulea a Internet, a los blogs y a las nuevas generaciones por prescindir de los libros).

A los 19 años Doris se casó con un funcionario, Frank Wisdom, con quien tuvo dos hijos, John y Jean, pero pronto el matrimonio fracasó y ella volvió a casarse en 1944 con un exiliado judío alemán, Gottfried Lessing, de quien tomó el apellido con el cual se haría célebre, y con quien comenzó su incursión en el comunismo que abandonaría diez años después. En 1949, nuevamente separada de su segundo esposo, la incipiente escritora debió dejar África por motivos políticos y se dirigió en barco a Londres, con su tercer hijo de la mano, Peter, y manuscritos en la valija. Uno de ellos, Canta la hierba, que habla de un amor interracial en la conflictiva África de aquellos días, fue publicado en 1950, y muy bien recibido: pronto obtuvo éxito y la escritora, recién llegada, se haría un camino en el mundillo literario inglés.

Desde entonces no ha dejado de publicar y de incursionar en distintos géneros. Además de su veta psicologista y realista, con diálogos abundantes, que le ha dado éxito y reconocimientos (se ha ganado todos los premios habidos y por haber en Europa), Lessing se ha permitido el lujo de escribir libros de ciencia ficción y de fantasía, radicalmente distintos a sus novelones donde las mujeres toman té y discuten sobre los hombres en la cocina. La serie Canopus en Argos, de varias novelas, es la más conocida, pero seguramente su mejor libro en este sentido es Memorias de una superviviente (1974), que fue llevada al cine, protagonizada por Julie Christie. Aquí la escritora imagina un futuro siniestro donde la barbarie se ha ganado el mundo de los humanos y donde bandas de adolescentes destruyen la ciudad. En ese escenario decadente se produce el encuentro entre la protagonista y una niña abandonada, Emily, de tres años. El panorama es desolador: "Oficialmente, los niños incluso iban regularmente a la escuela. En la práctica, nada de esto ocurría. A veces los niños se incorporaban a otras familias, porque sus propios padres no podían hacer frente a las exigencias de la vida diaria, no sabían dónde encontrar alimentos y provisiones, o, simplemente, habían perdido todo interés y los habían arrojado a la calle para que se las arreglaran por sí solos."

Claro que no todo Lessing es tan tremendista. Muchos de sus libros son implacables, pero también hay algunos que apuntan a la ternura. En este sentido, se destaca el Diario de una buena vecina, (1983), donde se cuenta la historia de Janna, una exitosa editora de una revista a quien de pronto se le cruza por la vida Maudie, una mujer de más de noventa años con aspecto de vieja bruja y espantoso olor a pis. Janna comienza a visitar cada día a Maudie, a escuchar su vida, fascinada por el horror y la soledad y hasta por la belleza de la vejez, en una narración apasionante con momentos extremos, como cuando la elegante y pulcra Janna le limpia los excrementos a la incontinente Maudie.

EL FENÓMENO DORADO. El cuaderno dorado, de 1962, es una novela que incluye varias novelas. Extremadamente compleja y de gran extensión, tuvo una recepción extraordinaria, divididos sus lectores entre los que la atacaron con ahínco y aquellos (o aquellas) que la tomaron como un libro mítico que todas las mujeres habían de leer.

Veinte años después de su publicación, El cuaderno dorado llevaba vendidos más de un millón de ejemplares. Es evidente que los lectores de los años 60 y 70 estaban entrenados en la lectura de novelas experimentales. En el prefacio que la autora incluyó a su libro en 1971, explica que se hallaba tan absorta al escribirlo "que ni pensé cómo iba a ser recibido"(...). "Estaba comprometida no sólo porque era duro de escribir (conservando el guión en mi mente y escribiendo la obra desde el principio al fin de un tirón, empresa muy difícil) sino debido a que iba aprendiendo a medida que lo escribía. (...) Toda suerte de experiencias y de ideas que yo no reconocía como propias fueron apareciendo a medida que lo escribía. El hecho mismo de escribir resultó más traumatizante que la evocación de mis experiencias".

Los lectores parecen haber estado ávidos de un libro así, un libro río, en construcción, donde el "guión" a pesar de estar claro en la cabeza de la escritora, pasara a un segundo plano porque lo que verdaderamente resultaba seductor era su materia reflexiva y la complejidad de los diálogos.

La estructura de El cuaderno dorado evoca las cajas chinas, hay novelas y diarios dentro de una novela titulada "Mujeres libres", cuya protagonista es Anna Wulf, una escritora que dialoga con su mejor amiga Molly y que "pelea" con hombres: discute arduamente con el ex- marido de Molly, un exitoso hombre de negocios, trata de comunicarse con Tommy, el hijo de Molly, un adolescente que intenta suicidarse y queda ciego, y sobre todo se pelea con gran agresividad con uno de sus amantes, un americano al que alquila una habitación en su casa, otro escritor por el que Anna siente una mezcla de pasión y furor y donde se despliega su veta celosa y masoquista.

Esa novela "convencional", que se desarrolla en cinco partes, se ve interrumpida por la transcripción de los textos de "los cuadernos". Hay en un principio cuatro cuadernos que Anna escribe según el tema a tratar, cuadernos que en una primera etapa parecen algo marginal en la vida de Anna, y que después se van haciendo imprescindibles. Mientras Anna vivía con su amiga Molly, los cuadernos estaban en una maleta debajo de la cama, pero al irse a vivir sola, cuando arregla su cuarto, lo primero que hace es comprar una mesa caballete para colocar eso tan fundamental en su vida que es la escritura de los cuadernos.

Hay un cuaderno negro que está relacionado con Anna como escritora y que relata las experiencias de juventud del personaje en África, durante la guerra, cuando pertenecía a un grupo de jóvenes izquierdistas con ideales, frustraciones, y donde cada uno ponía a prueba su sexualidad. La experiencia en África ha marcado a fuego a Anna Wulf, que ha escrito un libro de gran éxito titulado "Las fronteras de la guerra", cuyo tema es el racismo y la discriminación de los negros en su propio continente. Anna vive de los derechos de este libro, sin trabajar.

Hay otro cuaderno, el rojo, que trata de política y de cómo sobrellevar en los años 50 el hecho de pertenecer al Partido Comunista e incorporar la verdad: reconocer que las heladas noticias que llegan desde la Unión Soviética, por ejemplo, sobre la persecución a los judíos, no es propaganda capitalista sino una realidad que tienen que asumir.

Hay un tercer cuaderno, amarillo, en donde Anna Wulf escribe sobre otra mujer, llamada Ella, que también es escritora pero no de éxito como Anna. El personaje está construido sobre las experiencias de Anna, pero la historia de Ella, madre que cría sola a un niño y tiene una relación de 5 años con un médico psiquiatra casado, es mucho más precisa y acotada que la de Anna. Ella ha tenido un matrimonio desastroso antes de ser amante de Paul, con quien sí puede disfrutar de su sexualidad porque lo ama. Cuando Paul la abandona para irse a África con su mujer y sus hijos, Ella trata de recuperarse viviendo aventuras amorosas y escribiendo, pero no lo consigue.

Finalmente, hay un cuaderno azul, que intenta ser un diario, y donde Anna, en medio de su bloqueo como escritora, recorta obsesivamente noticias de los diarios. Este cuaderno adopta gran importancia en la novela cuando narra el día a día de la relación hostil entre Anna y Saul (un escritor norteamericano que está proscrito en su país por rojo). La relación es muy difícil, y aunque hacen a menudo el amor, Anna piensa que al leer este diario dentro de diez años, será el recuerdo de dos personas locas y crueles.

Anna enloquece de celos porque Saul viene de hacer el amor con otras mujeres, pero él también siente celos porque ella ha escrito un libro muy vendido y puede vivir de sus derechos de autor y, sobre todo, porque escribe frecuentemente en sus cuadernos con tapas de distintos colores.

Cuando Anna compra un cuaderno nuevo en una papelería, bellísimo, dorado, Saul le exige que se lo regale y ella no lo hace: "me asusté al ver lo rápidamente que aquel objeto tan poco importante se había convertido en elemento de lucha".

Entonces Anna deja de escribir sus viejos cuadernos -a todos les traza una gruesa línea negra que equivale a un fin- y se aboca a un nuevo cuaderno, el dorado, que por fin accede a compartir con Saul.

La complejidad de esta novela, tras cuya lectura el lector queda verdaderamente exhausto, contrasta con la última producción de Doris Lessing. Sin duda su literatura ha experimentado un proceso de decantamiento. Con La buena terrorista, de 1985, ya se había jugado por el más puro realismo lineal.

Un saludable ejemplo de este proceso de depuración lo constituye el volumen Las abuelas, que incluye cuatro relatos largos o nouvelles, y que alcanzan su máximo valor en el último, "Un hijo del amor", un texto extraordinario por la precisión y belleza de la historia, la descripción de la Segunda Guerra Mundial y la fascinación por África. En síntesis, una joyita que demuestra que el Premio Nobel, pese a las voces en contra, ha sido bien adjudicado.

EL VIENTO SE LLEVARÁ NUESTRAS PALABRAS. Punto de Lectura, Madrid, 2003. Distribuye Santillana. 213 págs.

BEN EN EL MUNDO. Punto de Lectura, Madrid, 2003. Santillana. 269 págs.

LAS ABUELAS. Ediciones B, Barcelona, 2004. Distribuye Ediciones B. 325 págs.

EL SUEÑO MÁS DULCE. Ediciones B, Barcelona. 2006, 511 págs.

DIARIO DE UNA BUENA VECINA. Punto de Lectura, Buenos Aires, 2007. Santillana. 428 págs.

EL CUADERNO DORADO. Punto de Lectura, Buenos Aires, 2007. Santillana. 789 págs.

LA GRIETA. Lumen. Barcelona, 2007, Distribuye Sudamericana. 260 págs.

(Otras novelas citadas: Memorias de una superviviente, Salvat, Barcelona, 1987, 217 págs. La buena terrorista, Sudamericana, Bs. As. 1987, 490 págs. Un hombre y dos mujeres, Seix Barral, Barcelona, 1988, 274 págs. De nuevo, el amor, Destino, Barcelona, 1996, 453 págs. El día que murió Stalin/ La mujer, Plaza y Janés, Barcelona, 2001, 91 págs.).



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