Rafael Courtoisie
LA RELACIÓN de la piel y el tacto con la salud física y mental es uno de los ejes en torno a los que gira El tacto. La importancia de la piel en las relaciones humanas, un exhaustivo tratado del doctor Ashley Montagu, profesor de la Universidad de Princeton y divulgador científico. Es un libro ameno, que por lo general tiene en cuenta a un lector neófito, aunque no deja de lado en algunos capítulos y notas a un potencial lector especializado.
La piel y el sistema nervioso tienen el mismo origen embrionario. Es más, para algunos autores el sistema nervioso sería una especialización del tejido epidérmico. La piel, en términos nerviosos y de percepción sensorial, actuaría como un "espejo doble" hacia dentro y hacia fuera del organismo. Reflejaría los múltiples estímulos ajenos (y propios) y los haría "patentes" o conscientes en el interior. En sentido inverso, transformaría las pulsiones fisiológicas del interior en manifestaciones externas patentes, visibles.
PIEDRA DE TOQUE. De esta función especular doble quedan huellas patentes en el lenguaje de todos los días: se suele decir, en sentido metafórico, "pinchar" a alguien para animarlo a algo o para hacerlo reaccionar de un estado de abulia o desidia; se denomina "toque personal", "toque mágico" o "toque femenino" a ciertas características que hacen propio e intransferible un estilo o un modo de expresarse o de crear en los más diversos modos y en las más diversas disciplinas.
El habla común registra situaciones e incluso personas "duras de pelar". Para conseguir algo especial hay que "ablandar" al jefe o superior. Si un funcionario no da brazo a torcer se dice que tiene "la piel dura". Alguien que se ofende con facilidad es "irritable".
Es "palpable" la diferencia entre ésta y aquella política económica. La costumbre y el cariño pueden ser "apego". Se "abrigan" esperanzas. Las ofensas a veces dejan al otro en "carne viva".
Tal es la importancia del sentido del tacto que ilumina sinestésicamente áreas del comportamiento y del conocimiento, y establece sistemas metafóricos basados en el propio tacto.
La piedra de toque en este asunto del tacto y de la piel va mucho más allá de la descripción anátomo-fisiológica de una cobertura, de una frontera entre "adentro" y "afuera". La piel es espejo vivo y protección muerta. Las células exteriores de la dermis van muriendo para proteger el contenido, como si tuvieran conciencia de un todo trascendente y asumieran desde el principio su destino en el martirologio: las partes más externas "dejan el pellejo" para que continúen saludables los estratos y órganos más profundos.
RASCARSE O PALIDECER. La piel es el primer juguete y uno de los más accesibles "amansa locos" del ser humano. En este volumen se consigna que la utilización de la piel para aliviar la tensión asume muchas formas, entre ellas, el rascado de la cabeza en los hombres.
Durante la Segunda Guerra Mundial, la doctora Jenny Roudinesco observó que muchos niños huérfanos a los que había dado asilo enrollaban una bolita de papel entre el pulgar y el índice. Según su interpretación esas bolitas táctiles actuaban como "suplentes" de la madre ausente. Es frecuente que las personas sometidas a tensión se froten el índice contra el pulgar. O todos los dedos contra la palma de la misma mano.
Durante la Primera Guerra Mundial se comprobó que muchos soldados, luego de padecer el estrés de varios bombardeos, desarrollaron oscurecimiento cutáneo o melanosis de miedo. Durante la Segunda Guerra Mundial "muchas personas reaccionaban con palidez de piel y diferentes erupciones cutáneas, como si asumiesen un camuflaje", cita Montagu al especialista J.A.M. Meerloo en su artículo "Human Camouflage and Identification with the Environment", publicado en 1957. La piel imita el sentimiento.
CARICIAS TERAPÉUTICAS. Frente a la idea freudiana más clásica de que el tacto no debe formar parte de la terapia, aparecen muchos investigadores que descubren los valores curativos de este sentido. Montagu cita a J.R. Gibb que examinó 106 estudios de grupos de relaciones humanas, de grupos "de tocadores", y concluyó que esa actividad poseía un gran valor terapéutico. Según Montagu "estos grupos se ocupan de mucho más que de la piel (...) su objetivo es lograr una mayor viveza emocional ante la propia presencia y la de los otros, una relación con el entorno; pretenden que las personas vuelvan a entrar en contacto con el prójimo y con el mundo que habitan".
Luego de afirmar que "la idea es buena", anota el autor de este vasto tratado que "el mismo Freud era una persona fría y es fácil sospechar que tal vez no se le acariciase lo suficiente cuando era niño".
Las primeras y definitorias influencias son los toques maternos y paternos, la palmada fraternal, el puntapié duro y certero dado en el momento preciso en las asentaderas de quien lo merece o reclama merecer como otro tipo de caricia, la caricia negativa. La imposición de manos y el sopapo, el abrazo y la palmada de felicitación o chanza, el roce ligero y la mera palpación del lego, el apretón de manos, la palmada en la espalda, el acto indefinible y molesto de pellizcar, la cosquilla: todo puede volverse agresión o caricia, todo es cuestión de piel.
Al comienzo del libro, de manera negligente o quizás intencional, pero en todo caso creando cierta confusión, Montagu (o el traductor al español del investigador), hablando de la superficie que abarca la piel, deja flotar una cifra tal vez propicia para el equívoco. No es lo mismo la superficie medida en unidades al cuadrado que en unidades lineales. Ya es bastante impresionante que la piel promedio del varón adulto ocupe 19.000 centímetros cuadrados como para necesitar hacer un pasaje a metros lineales, engañosos: 190 metros. En la conversión un par de posiciones de la coma decimal desaparecen, y crean confusión. Dos metros cuadrados de piel parecen suficientes como para tener que exagerar.
EL TACTO. La importancia de la piel en las relaciones humanas, de Ashley Montagu. Editorial Paidós. Barcelona, 2004. Distribuye Planeta. 541 págs.
El traje más valioso
LA PIEL es base de los receptores sensoriales y sede del más delicado de los sentidos: el tacto. Funciona como organizadora, fuente de información y procesador; es mediadora de sensaciones; actúa como barrera entre el organismo y el entorno; es una fuente inmunológica de hormonas para la diferenciación protectora de las células.
Además protege de agresiones de radiación y mecánicas; actúa como barrera ante materiales tóxicos y organismos extraños; desempeña una función principal en la regulación de la tensión y el flujo sanguíneo.
Es un órgano regenerativo y reparador; produce queratina; absorbe, entre otras, sustancias nocivas que finalmente serán excretadas con los productos de desecho corporales.
Tiene una función especial en la regulación de la temperatura; está implicada en el metabolismo y el almacenamiento de grasa y en el metabolismo del agua y de la sal mediante la transpiración; es un depósito de alimento y agua; actúa como órgano respiratorio y facilita el flujo de entrada y salida de gases.
También sintetiza varios componentes de importancia, como la vitamina D que impide el raquitismo; es una barrera acídica que protege contra numerosas bacterias; el sebo producido por las glándulas sebáceas lubrica la piel y el pelo, aísla al cuerpo de la lluvia y el frío y probablemente ayuda a eliminar bacterias.
Por si fuera poco, este órgano-sistema de gran extensión se mantiene limpio por sí mismo.