Eduardo Folle Chavannes
LOS ARQUITECTOS Jacques Herzog y Pierre de Meuron son bastante más que socios. Amigos desde la infancia, nacieron en 1950 en la fronteriza ciudad de Basilea (punto de Suiza que tiene fronteras con Alemania y Francia y recibe por igual las distintas influencias de los dos países). Estudiaron juntos arquitectura en la escuela politécnica de Zurich, obteniendo ambos el título de arquitecto en 1975, y abriendo su propio estudio en el año 1978 en Basilea.
El interés por la producción de estos arquitectos suizos surgió cuando a mediados de la década de los 80, comenzaron a publicarse las primeras obras del estudio. Con una exagerada velocidad de propagación -similar a la que tuvo por ejemplo Santiago Calatrava- los media especializados y la prensa en general se encargaron de difundir cada una de sus nuevas creaciones.
La falta de aire fresco en materia de creación arquitectónica y el (nuevo) descubrimiento de una arquitectura de excelencia pero de perfil extremadamente bajo (cabe recordar que Mario Botta fue lanzado al estrellato internacional ya avanzada su obra) multiplicó la velocidad del ciclo: difusión-encargo-producción-difusión. Es quizás a partir de la aparición del edificio de vivienda interior en madera en Basilea (1987-1988), del depósito para la firma Ricola en Laufen (1986-87) o la Estación de controladores de trenes en Basilea y de sus innumerables publicaciones, que el estudio crece en reconocimiento internacional.
La revista japonesa a+u presentó en una edición especial una revisión de la obra más reciente de los arquitectos (2002-2006), ciclo que contempla el apogeo de su proyección internacional. Para los seguidores de la historia de la arquitectura contemporánea, este número de a+u aparece como una continuación de la famosa publicación de la revista colega El Croquis de 2002, que retrata las experiencias del mismo estudio en su anterior período de producción ("Herzog & de Meuron, 1998-2002". El Croquis).
Adoptando la misma modalidad editorial que en el número especial dedicado a Jean Nouvel (ver El País Cultural Nº 887), a+u promueve esta publicación a partir de la exposición de Herzog & de Meuron titulada "Nº 250". Esa muestra, considerada una obra más, llevó el número ordinal cronológico correspondiente a las obras concretadas por el estudio. Realizada Basilea, es una muestra atípica, muy didáctica a la hora de ilustrar la modalidad creativa y productiva de los arquitectos.
Sobre 35 "islas" (mesas) se dispusieron maquetas en diferentes etapas de desarrollo, muestras de materiales en bruto o elaborados, estudios cromáticos, croquis iniciales y dibujos terminados, permitiendo de este modo reconstruir el derrotero que lleva a una obra arquitectónica. Allí aparecen los múltiples caminos (acertados o erráticos) que se recorren hasta llegar a construir un espacio dado. Tanto la exposición como la edición de a+u reflejan el sentir y proceder de los arquitectos que no vacilan en exhibir (casi se podría decir "celebrar") este proceso creativo. Es un viaje lleno de idas y venidas, retrocesos y avances, hasta dar con la solución creativa definitiva, en oposición a la tendencia a mostrar productos terminados como surgidos de un gesto único de inspiración.
Es por ello que también los textos que acompañan cada obra o proyecto incluido en la edición hacen clara referencia a ideas iniciales dejadas de lado, o que son eventualmente retomadas de manera parcial cuando el concepto arquitectónico alcanza una maduración suficiente.
La aceptación a nivel institucional, social y académico de las obras de Herzog & de Meuron se nutre fundamentalmente de dos condiciones: la excelencia de las soluciones funcionales y las características tectónicas de sus obras, que en este caso funcionan -con perdón de la obviedad- con la precisión de un reloj suizo. El otro aspecto, quizá el más mediático, es el especial tratamiento que recibe la fachada, aunque en algunos casos esta identificación geométrica resulte impropia. El aspecto exterior de las obras beneficia a la totalidad de la producción con valores que hacen a la identidad del estudio. Allí hay personalidad, creatividad e incluso humor.
En cada una de sus obras, la superficie exterior se desarrolla con vida propia aunque indisolublemente integrada al concepto general de la misma. Esta característica en la obra de Herzog & de Meuron otorga además una nueva dimensión a los materiales constructivos, los que trascienden la propia función técnica (protección, aislación, estanqueidad, etc.), llegando incluso más allá de la tradicional idea de estética (entendida en los términos de características de los materiales y de composición). La dimensión incorporada tiene más que ver con la comunicación visual y sensorial, entre la obra y el colectivo que la recibe. Es asimismo el elemento de mayor impacto y el primero en asociarse a manera de ícono, a la obra en cuestión. El caso más representativo en este sentido ha sido el estadio Allianz Arena de Munich.
Sobre la interacción entre la obra arquitectónica y el medio, y las circunstancias en el que ésta se inserta, los arquitectos gustan asimilar el proceso creativo a la figura de un maestro de Aikido, la disciplina que basa la técnica defensiva en el aprovechamiento de la energía del oponente. En cada caso, los desafíos a resolver se transforman en el alimento creativo que orienta las acciones proyectuales.
LAS OBRAS. La publicación pasa revista a obras y proyectos de gran envergadura con la suficiente información en textos, imágenes y planos; incluso quien no es versado en temas arquitectónicos capta el sentir de los arquitectos y se sensibiliza con sus producciones. Al igual que con el conjunto de la obra de Jean Nouvel -y acompañando la tendencia creativa contemporánea- es posible establecer una consistencia general de la misma sin que se establezca un relacionamiento literal entre una obra y otra. De manera inteligente a+u enfatiza, sin declararlo, este modo de proceder mediante una acertada selección de los ejemplos publicados. De ella, tres piezas tomadas de diferentes partes del mundo ilustran la idea.
El Museo de Young en San Francisco (1999-2005) es una obra mayor del estudio. Nació de la complejidad conceptual del programa museo. En este caso la estructura estaba destinada a albergar obras representativas de la producción artística americana de los siglos XIX y XX, pero también colecciones de Centro y Sudamérica, Africa y Oceanía. La idea general era la de no aislar cada colección en compartimientos relativamente estancos que obligaran al espectador a efectuar cortes mentales al pasar de una sala a otra, sino crear un sistema interrelacionado que expresara simbólica y literalmente las equivalencias culturales y la celebración de la diversidad humana.
Por ello las plantas principales se organizan en base a tres caminos paralelos o semi paralelos, organizados como los dedos de una mano pero con variadas posibilidades de interconexión. Esta organización da lugar a su vez a espacios no ortogonales (en cierta manera "orgánicos") que desacomodan al observador llamándole la atención y dejando lugar a patios abiertos de uso libre sin restricciones. El edificio busca asimismo establecer un diálogo con el parque en el que se inserta. Un vasto techado estrecha esta relación permitiendo actividades al aire libre pero cubiertas. Al mismo tiempo la torre de la escuela de formación marca a la distancia la ubicación del edificio en el Golden Gate Park. La variedad formal resultante se unifica bajo una misma cubierta epitelial calada en cobre cuyas transparencias alejan de la percepción general la idea de un cuerpo cerrado y pesado, y suavizan los límites del enorme volumen.
El estadio Allianz Arena, sede de numerosos partidos y de la final de la copa del mundo de fútbol de Alemania 2006, es otra obra clave. Resultaba ciertamente difícil imaginarse un nuevo tipo de estadio deportivo después de los espectaculares ejemplos preparados para Italia 90. En lugar de ofrecer más de lo mismo Herzog & de Meuron revolucionaron la concepción de un programa complejo recurriendo a la simplificación formal. Crearon para ello una forma geométrica envolvente de insolente simpleza (una especie de gigantesca donut) que se impone en el paisaje con contundencia. Una especie de platillo volador aterrizando en el césped del campus, al que se accede en procesión con un leve ascenso peatonal. En la aproximación, una segunda lectura revela la verdadera complejidad de esta cáscara (compuesta por una texturada de membrana inflable) que adopta en la noche diferentes tonalidades con una iluminación integrada y acorde a los colores de los dos clubes locales: el Bayern München (rojo y blanco) y el TSV 1860 (azul y blanco).
La tercera obra a destacar es el Centro de información de la Universidad de Cottbus. El proceso de aproximación al proyecto definitivo tuvo en este caso un vuelco espectacular cuando la idea original de un edificio ortogonal inserto en el "hueco" libre del campus que le fuera reservado, se transformó en una forma libre de contorno ondulado, coherente con el uso y significado del edificio a desarrollar. La libertad formal (y funcional) se lee no sólo en la planta, sino en la dimensión altimétrica, ofreciendo espacios a doble y triple altura, según la utilidad a proveer. Otras dimensiones se agregan al concepto del edificio, en particular en la cromática y en las texturas. En el primer caso, aplicando una paleta de fuertes contrastes y de tonos vivos. En el segundo, alternando en un mismo piso sectores alfombrados con superficies sintéticas lisas, o animando la fachada con la aplicación serigráfica de vocablos de diferentes lenguas. De paso se eliminan los molestos efectos visuales de la imperfección especular del vidrio, así como los reflejos encandilantes. El resultado paisajístico es un edificio-escultura totalmente vidriado, que se transforma en el mojón visual y significativo del complejo.
Varias trayectorias
JACQUES HERZOG estudió arquitectura desde 1970 a 1975 en la ETH de Zurich, Suiza, asistiendo a las cátedras de Aldo Rossi y Dolf Schnebli. En 1975 obtuvo el título de Arquitecto en la ETH de Zurich. A partir de 1977, colabora académicamente con el profesor Dolf Schnebli. En 1978 co-fundó junto a Pierre de Meuron el estudio Herzog & de Meuron. En 1983 fue nombrado Tutor invitado en la Universidad de Cornell, Ithaca, NY y en 1989 y 1994, Profesor invitado en la Universidad de Harvard, Cambridge, EE UU. Desde 1999 es profesor en la ETH de Zurich y en la ETH Studio de Basilea, Suiza.
Pierre de Meuron estudió arquitectura desde 1970 a 1975 en la ETH de Zurich, Suiza. Allí asistió a las Cátedras de Aldo Rossi y Dolf Schnebli. En 1975 obtuvo el título de Arquitecto en la ETH de Zurich. A partir de 1977, colabora académicamente con el profesor Dolf Schnebli. Fue nombrado Profesor invitado en la Universidad de Harvard, Cambridge, Estados Unidos (1989 y 1994). Desde 1999 es profesor en la ETH de Zurich y en la ETH Studio de Basilea, Suiza. En 2002 en la ETH Zurich/Studio Basel, Instituto de la Ciudad Contemporánea.
Desde 1991, y en virtud del crecimiento de los pedidos, se asoció al estudio Harry Gugger. Posteriormente, en 1994, Christine Binswanger. El rápido crecimiento del estudio con obras de importante volumen, elevó a la categoría de socios a los colaboradores más destacados: Ascan Mergenthaler (2004), Robert Hösl (2004) y Stefan Marbach (2006). Hoy la oficina tiene 150 empleados, mantiene la casa central en las afueras de Basilea, pero se ramifica con sucursales en Munich, Londres y San Francisco.
En 2001 fueron la primera pareja de socios en recibir el Pritzker Prize, máximo galardón de la arquitectura internacional, equivalente a un Oscar.