Ina Godoy
EL RÍO DE LA PLATA era muy ancho para ser río y muy dulce para ser mar, por eso Juan Díaz de Solís, uno de sus primeros navegantes, lo bautizó Mar Dulce. El mismo nombre eligió el colectivo de músicos rioplatenses Bajofondo para su segundo disco, en referencia a la región que quieren representar con su música. "Este río separa y une a Argentina y Uruguay, los países de donde vienen los integrantes de una banda que se propone tener una mirada de la música desde el Río de La Plata, que sea también universal y contemporánea. Además de ser una imagen muy linda y muy poética, intenta aclarar nuestras intenciones", explica Juan Campodónico, cabeza uruguaya del proyecto junto al argentino Gustavo Santaolalla.
A primera vista, una de las novedades de Mar Dulce (Universal, 2007) es la ausencia del Tango Club que completaba el nombre. A partir de este disco la banda pasó a ser Bajofondo a secas. Se busca así confirmar que el juego se abre desde el tango hacia otros géneros, esquivando el estigma y la amenaza de convertirse en una etiqueta de batea como tango electrónico o electrotango.
"Tratamos de hacer una música que represente nuestra visión de lo que es la vida hoy en urbes como Buenos Aires o Montevideo, entonces van a estar el tango, la milonga, la murga, porque son parte del mapa genético musical de estos lugares; también el rock, el hip-hop y la música electrónica, porque la estética del tango y nuestra vida con internet y celulares, coexisten y eso es lo que trata de expresar nuestra música", dice Gustavo Santaolalla.
Entre la edición del primer disco y éste pasó un lustro, y el grupo consiguió una colección de premios (que incluyen un par de Oscar de la Academia de Hollywood a Santaolalla). "Hace 5 años, todo lo que venía del mundo de la electrónica tenía un valor enorme como novedad, ahora son una herramienta más a la hora de hacer música. Cuando empezamos con Bajofondo, las programaciones ocupaban un 80% y ahora un 20%, aunque muchos de los conceptos con los que hacemos música vienen de la electrónica, ya no domina eso en el sonido, hacemos una especie de poselectrónica rioplatense", sugiere Campodónico.
Según Santaolalla, la presencia de algo profundo en la música de un lugar, hace que trascienda los límites de su origen y se universalice. Una gran personalidad, una melancolía disfrutable, agresividad, sensualidad y el groove de lo afro y lo caribeño son algunos de los elementos que Campodónico identifica en la música rioplatense. "El resultado de ese melting pot es único y suena fresco hoy en día", sugiere Juan, y agrega: "Montevideo es la Seattle de la música latina, un lugar pequeño y alejado del que está saliendo mucha de la música alternativa del mundo hispano parlante, es un momento muy especial y potente para la música que se hace acá y su repercusión afuera de las fronteras".
UN LARGO CAMINO. En el camino de búsqueda de una identidad musical, Santaolalla y Campodónico se cruzaron varias veces antes de crear Bajofondo. El argentino comenzó su experiencia a los 16 años, con Arco Iris, la primera banda del rock en citar a Astor Piazzolla (en "Quiero llegar", tema que abría el álbum debut del grupo). Si bien en la carrera que desarrolló como productor las connotaciones folklóricas no son menores, al momento de crear Bajofondo el tango seguía siendo una asignatura pendiente.
Juan Campodónico empezó a hacer lo suyo con el Peyote Asesino, aquella banda de rock formada -entre otros- por hijos de exiliados en México que volvieron a Uruguay con mucho hip-hop y rap bajo el brazo. Terraja (1998), el segundo álbum del Peyote, además de incluir géneros locales como el tango, el candombe y la milonga, fue el segundo producto editado (el primero fue Molotov) por el naciente sello Surco, filial latinoamericana de Universal a cargo de Gustavo Santaolalla, que además produjo el disco.
Juan vio trabajar al Gustavo productor y así Gustavo registró a un Juan ávido por encontrar una música contemporánea con identidad rioplatense. Pero ambos siguieron caminos independientes: Santaolalla fue construyendo su marca como productor artístico y Campodónico, tras la disolución del Peyote en 1999, dejó la guitarra y se dedicó a investigar las herramientas y el lenguaje de la música electrónica, a la vez que empezó a producir grupos locales como No Te Va Gustar y Sórdromo. En ese terreno, su trabajo más significativo fue para Jorge Drexler, con quien trabajó desde su disco Frontera hasta el reciente 12 segundos de oscuridad.
"Sabía que Juan estaba produciendo discos y escuché uno que me llamó la atención: Frontera, me encantó y cuando empecé a pensar esta idea de Bajofondo me acordé de Juan y sentí que era la persona indicada", cuenta Santaolalla, que se volvió a cruzar con Campodónico en Madrid, cuando el uruguayo producía (junto a Carlos Casacuberta) el disco Sea, de Jorge Drexler.
"Compartimos un almuerzo en el que Gustavo me contó su proyecto de hacer música electrónica con raíces latinas o regionales, siguiendo lo que pasaba en el mundo en aquel momento, que la música electrónica buscaba llenar de contenido local un lenguaje que es un método de producción y que tiene que ver con el desarrollo de la tecnología y de nuevos instrumentos", relata Campodónico. "Cuando le conté mi proyecto a Juan, por esas cosas que están en el aire, él también estaba trabajando y experimentando en ese terreno, así que al mes estaba en Los Ángeles y ahí empezamos", agrega Santaolalla, completando el trayecto recorrido hasta llegar a la génesis de Bajofondo.
EN TIEMPO REAL. Bajofondo Tango Club (Surco-Universal, 2002) fue gestado como un disco de laboratorio, con un concepto de producción que determinó la composición y la puso a su servicio.
"Cuando salió el primer disco no existía una banda, hubo que crearla para salir a tocar, con el tiempo se fue consolidando y hoy en día esa es la esencia de nuestro sonido", explica Luciano Supervielle (piano, teclados y turntable), otro integrante fundacional de Bajofondo, cuyo equipo se completa con Gabriel Casacuberta (contrabajo), Javier Casalla (violín), Martín Ferrés (bandoneón) Verónica Loza (VJ y voz) y otra de las novedades de Mar Dulce: Adrián Sosa en batería.
El sonido de banda logrado fue tan contundente que los miembros de Bajofondo se vieron tentados a reproducirlo y el resultado es otra de las innovaciones que presenta el nuevo registro, que está grabado en tiempo real con todos los músicos tocando a la vez. "Marcamos 4 y empezamos a tocar", describe Santaolalla, a lo que Campodónico agrega que "así se grababan antes los discos de jazz o de rock y nos pareció interesante recuperar esa manera de registro, ver cómo se adaptaba a una música compuesta desde la computadora y desde conceptos de la era del remix y la música electrónica".
Otro de los pilares de Mar dulce son los invitados: "buscamos generar diversas conexiones entre sensibilidades, culturas, géneros y llevar todo eso al mundo del grupo, la invitación es a meterse en nuestro estilo, a vestirse de Bajofondo", fundamenta Supervielle. De una larga lista se destaca el británico Elvis Costello, que le pone voz a "Fairly right", una composición que Gustavo Santaolalla guardaba inédita desde los 80`, en su memoria y que inicialmente sería interpretada por Morrisey. A su vez Gustavo Cerati (cantante y compositor, ex Soda Stéreo) aporta una edulcorada interpretación en "El Mareo", el japonés Ryota Komatsu quiebra su bandoneón y ofrece un contrapunto a la altura del mejor riff del disco, a cargo del los dedos inquietos de Supervielle en el piano, en "Pa` bailar". La Mala Rodríguez ensambla su rap reo y urbano al hip hop bajofondero de "El Andén", Nelly Furtado interpreta "Slippery sidewalks", uno de los pasajes más despersonalizados y apáticos del álbum. El argentino Juan Subirá (tecladista y compositor de la Bersuit) pone su áspera garganta en "Hoy", una balada oscura y lacrimosa con la que el disco se acerca más al formato canción. Fernando Santullo (L-Mental en Peyote Asesino) rapea en "Ya no duele", y el contingente uruguayo se completa en dos de los momentos más emotivos del disco: la voz de Lágrima Ríos en "Chiquilines" y la voz de Alfredo Zitarrosa diciendo "la milonga es hija del candombe, así como el tango es hijo de la milonga", y presentado en inglés, pues el audio es tomado de un original grabado en Australia.
Escuchar a Zitarrosa fragmentado y releído provoca sensaciones tan indescriptibles e inexplicables como un mar dulce. Al respecto, Juan Campodónico sugiere que "el fenómeno del sampleo, de tomar extractos, no sólo agrega un poco de música a un tema, aunque sea un fragmento muy chiquito traduce la atmósfera de la época a la que pertenece, con la voz viene un montón de información que remite a otro momento, es un terreno medio esotérico, son cosas que vienen impregnadas de otro tiempo"