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Volver a John Dos Passos
USA por dentro

MERCEDES ESTRAMIL

INVENTA poco e imagina menos, escribió Gore Vidal en 1961 sobre John Dos Passos, cuando éste publicó su novela MidCentury. Esa y otras frases insidiosas aparecieron en la revista Esquire en un artículo en el que Gore lo retrataba como un escritor verborrágico, presumido, sobrevalorado primero y justamente olvidado luego. En parte acertaba. Los años de esplendor de Dos Passos, nacido en Chicago (1896) como John Roderigo Madison, hijo de madre soltera, habían terminado hacía rato. Para el joven Gore era sencillo ayudar a sepultar a esta especie de dinosaurio literario que había renegado de su pasado: dejó sus experimentos vanguardistas para escribir como un clásico y abandonó la ideología de izquierdas de su juventud. Dos Passos siguió escribiendo como si nada hasta que murió un 28 de setiembre de 1970 en Baltimore, ajeno a ser considerado un anticomunista de ultraderecha o a ser reubicado en el patio trasero de la que fue su casa, la llamada generación perdida.

COMEDIA HUMANA. Efectivamente, fue un escritor verborrágico, memorioso, un cronista despierto. Diseñó verdaderos hormigueros humanos, tanto por el número de personajes como por su movimiento incesante. Publicó más de cuarenta novelas y libros de viajes, y fue autor de unas cuatrocientas obras pictóricas con influencias impresionistas, expresionistas y cubistas. Más nombrado que leído, Dos Passos destaca en segundo plano, detrás del suicida trágico (Hemingway), del borracho seductor (Fitzgerald) y del ermitaño genio del sur (Faulkner). Y aunque fue él quien mejor llevó la técnica cinematográfica a la novela, el malvado cine se encariñó más con los héroes dudosos de Hemingway y con las bellezas tontas de Fitzgerald.

También fue un viajero constante. Ya de niño recorrió Europa junto a su madre Lucy Madison, mientras su padre y abogado, John Randolph Dos Passos, esperaba finalizar un matrimonio anterior y reunirlos con él. En 1916 egresó de Harvard y se fue a España a estudiar arte y arquitectura. Un año después conducía ambulancias como voluntario de la Primera Guerra Mundial y al siguiente colaboraba con la Cruz Roja italiana. Con ese bagaje de experiencia escribió las novelas antibélicas Iniciación de un hombre: 1917 (1920) y Tres soldados (1921). En 1922 publicó Rocinante vuelve al camino, mitad ensayo, mitad poética bitácora de su pasaje por España. El contraste entre los viajeros de su relato y los lugareños iluminaba los preconceptos al uso sobre Norteamérica: el mito de la riqueza, la obsesión por trabajar y la falta de alegría; y sobre España: hedonista, quijotesca y anárquica. Hoy se puede encontrar parte de ese libro, curiosamente desordenado en la miscelánea Viajes de entreguerras, una edición que además incluye fragmentos de Orient Express (1927), sobre viajes por Turquía, Persia y la Unión Soviética, y artículos varios sobre la Guerra Civil Española y la Revolución Mexicana.

Pero es en 1925 cuando Dos Passos hace su entrada triunfal con Manhattan Transfer, auténtica novela coral, un puzzle neoyorkino de historias que muestra al desnudo una sociedad insatisfecha. Ese mismo año Francis Scott Fitzgerald llegaba al corazón norteamericano con El Gran Gatsby, la historia de un sueño quebrado. Dos Passos iba directo al cerebro sin querer arrancar ni una lágrima. Ricos y pobres, negros y blancos, obreros y empresarios, tolerantes y xenófobos, desfilan en Manhattan Transfer en una sucesión vertiginosa, sin tiempos muertos. Personajes siempre hablando y moviéndose, pendientes de lo que ocurre (nacimientos, accidentes, matrimonios, adulterios, muertes). Dos ideas clave en la cosmovisión dospassiana surgen aquí: el individuo es una aguja en un pajar, y la oportunidad llama una sola vez a la puerta de la juventud. Naturalmente: el individuo quiere brillar, y el joven cree que las oportunidades serán infinitas.

El narrador se mueve como una cámara cinematográfica en búsqueda constante de nuevos objetivos, y todo lo que entra a cuadro es observado siquiera un segundo. Hay un débil hilo conductor formado por Ellen Thatcher, la bebé que se "retuerce entre algodones como un hervidero de gusanos" en el primer capítulo; y Jimmy Herf, el niño fantasioso que llega a Nueva York y pronto perderá a su madre. Ella será el modelo de mucha heroína posterior del autor: sexualmente liberada, emocionalmente inestable. Jimmy, el perdedor que no sabe lo que quiere o no hace lo necesario para conseguirlo. Cuando se termina de leer Manhattan Transfer es probable no recordar a la mitad de sus personajes y sentirse tan perdido en la lectura como en el centro mismo de la gran ciudad. En los años siguientes Dos Passos amplió el escenario.

LA PRIMERA TRILOGÍA. Escrita sobre los talones de una época compleja, la trilogía USA, reeditada ahora por Edhasa, fue publicada entre 1930 y 1936, en medio de la Gran Depresión y mientras se apagaban los ecos de los "felices años veinte". Paralelo 42, 1919 y El gran dinero fueron sin embargo una crónica impresionante de la infelicidad de esos años y de sus contradicciones.

La trilogía consignó el saludo de un sentimiento socialista que creció a la sombra del desarrollo tecnológico-industrial, y al que la guerra europea y la publicidad, con sus peticiones de patriotismo, pusieron freno. Documentó el auge de los medios masivos de comunicación que entretuvieron y evadieron al país, y el triunfo del capitalismo, apoyado por gente que creía en los beneficios del progreso y el consumo y le temía sobre todo a una palabra: fracaso. Y dio un pobre panorama afectivo y sexual: virginidades usadas como anzuelo, abortos frecuentes, matrimonios por interés, enfermedades venéreas, y negación de la diversidad.

Narrativamente, la jugada de Dos Passos fue un póker de ases. Combinación combustible de tradición y vanguardia y anticipación de los modelos para armar cortazarianos, la trilogía USA contiene tres libros que pueden leerse en conjunto o separados, y que desarrollan una estructura análoga y pasible de distintos ordenamientos. En ella se intercalan: a) las historias lineales e intermitentes de un puñado de personajes que se entrecruzan, enfocados en un primero o segundo plano; b) secciones breves tituladas "Noticiario" que incluyen recortes de prensa de época, con especial destaque para titulares sensacionalistas o de corte policial; c) semblanzas biográficas de norteamericanos ilustres: políticos, inventores, artistas, empresarios, mártires sociales; y d) una serie de minicapítulos titulados "El ojo cinematográfico" o "El ojo de la cámara" según la traducción, elaborados en base a un monólogo joyceano, de contenido semiautobiográfico y deudor tanto del surrealismo como del psicoanálisis.

Si consideramos como cuerpo principal de las novelas las historias de los personajes de ficción (que sería la lectura más frecuente, aunque no la única), los tres niveles restantes tendrían en principio una labor complementaria y funcional. Los "noticiarios" fechan y aportan un contexto social y dan la pauta de lo informada y/o manipulada que estaba la población. Las biografías dan un marco de referencia para los personajes y a la vez contrapuntean por su condición de excepcionales la medianía general que Dos Passos retrata: son un álbum de notables (el matemático Steinmetz, los millonarios Morgan o Hearst, Rodolfo Valentino, Isadora Duncan, los hermanos Wright, etc.) pero también son un sic transit gloria mundi del que Dos Passos avisa permanentemente en un seductor estilo periodístico. "El ojo de la cámara" deja que el discurso se contagie de la alta temperatura psicológica, espiritual e intelectual que el narrador de las historias centrales mantiene en el freezer.

Este modo de editar o montar cada novela, un verdadero cortar y pegar, fue un guiño a su época: una gigante planta de producción donde cada individuo era un fragmento y el sentido de la totalidad y del por qué se perdía. Los personajes aquí son usados y tirados, duran mientras actúan. Mostrados desde una óptica behaviorista, lo que tenemos de ellos son conductas. Actúan en función de la bipolaridad éxito-fracaso, y obedecen a las pasiones americanas del momento: progreso, dinero y política. Basta ver qué poco o ningún espacio ocupan en sus reflexiones directas acontecimientos cruciales como la muerte de un hijo, un aborto, un suicidio, un divorcio, que muchas veces duran lo que un trámite, mencionados al pasar.

PASIONES AMERICANAS. Paralelo 42 (1930) comienza con el nacimiento del siglo XX y termina aproximadamente con la entrada de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial. En ese lapso sigue la vida de cinco personajes: Mac, un socialista de origen irlandés que quiere acabar con las injusticias sociales; Janey Williams, nacida en una familia de pequeño-burgueses y aspirante a un buen matrimonio con un buen chico; J.Ward Moorehouse, un inteligente joven de clase media y ojos azules que quiere crecer en la vida; Eleanor Stoddard, la hija de modales refinados de un carnicero de Chicago, que aspira a la alta sociedad; y Charley Anderson, un muchacho de pueblo que sale a buscar mundo. La consigna "persevera y triunfarás" no se cumple en todos. Mac deja a su mujer e hijos para encallar en una Revolución Mexicana que no termina de entender y vivir con otra mujer que le define sus dilemas así: "Todos los pobres son socialistas... ¿Y cómo no? Pero cuando se hacen ricos se vuelven capitalistas". Janey se hace adicta a su trabajo de mecanógrafa y a una vida solitaria. Moorehouse asciende en la vida gracias a dos matrimonios convenientes y se convierte en un publicista con poder político. En algún momento las vidas de todos ellos se cruzan, por trabajo o en una relación amistosa o amorosa, pero siempre son conexiones utilitarias.

1919 (1932) arranca con la noticia de las batallas de Gallípoli y Verdún (1915, 1916) y finaliza con la biografía elegíaca de "El cuerpo de un norteamericano" que no es otro que John Doe (el soldado desconocido), depositado con honores en Arlington al terminar la guerra, con la prevención irónica del narrador de que éste cadáver fuera bien norteamericano, es decir, ni negro ni italiano ni judío. 1919 recorre las vidas de otros cinco personajes: Joe Williams, el hermano de Janey, que viaja por el mundo evitando el alistamiento; Richard Ellsworth Savage, probable alter ego de Dos Passos, un pacifista con ínfulas de escritor que sin embargo se alista en el cuerpo de ambulancias y en la Cruz Roja; Eveline Hutchins, amiga de Eleanor Stoddard, demasiado enamoradiza y de una vida social intensa; Anne Elizabeth Trent o "Nena", una heredera consentida de Texas; y Ben Compton, socialista de origen judío que abandona su casa para luchar por la clase obrera. Queda clara la propuesta de Dos Passos de desmitificar la guerra en la que el Presidente Woodrow Wilson entró en 1917, apoyado por la Banca Morgan. Vive más peligrosamente el desertor Joe Williams que el voluntario Dick Savage ascendido por influencias, y se lleva la peor parte el objetor de conciencia Compton, golpeado, encarcelado y acusado de germanófilo.

El gran dinero (1936) completa la trilogía redondeando la historia de Savage y Charley Anderson, e incorporando a dos mujeres: Mary French, abnegada defensora de huelguistas encarcelados; y Margo Dowling, católica con horror de ser pobre y ambiciones de artista. Dos Passos juega con sus criaturas haciéndoles concebir el sueño de estar destinadas a un porvenir brillante y reservándoles un despertar amargo. Incluso si se leen con atención las biografías de los norteamericanos ilustres hay tanta glorificación como sorna: un Edison que no dejaba descansar a la Oficina de Patentes y trabajaba 16 horas al día; un Frederick Taylor, creador de un sistema laboral basado en la eficiencia y la producción, que muere a los 59 años dándole cuerda a un reloj; o un Henry Ford, el perfeccionador de automóviles más rico del mundo, que en su vejez reconstruyó la simple granja de su padre y desvió las carreteras para no tener que oír el ruido de los autos. La ironía triste, ojeada como un fardo al costado del camino, es un puntal en la narrativa de Dos Passos. No por casualidad la última de esas biografías es la de un vagabundo anónimo.

LA SEGUNDA TRILOGÍA. En 1937 Dos Passos sufrió en España el gran viraje ideológico que lo separó a la vez de su amigo Hemingway y de su postura filocomunista de entrecasa. Su amigo y traductor de Manhattan Transfer José Robles Pazos fue fusilado por sicarios de Stalin, acusado de traición a la causa republicana. Dos Passos creía en su inocencia y sobre todo deploraba el modo expeditivo y sumario de su condena. Desde entonces, cualquier versión de antiestalinismo contó con su apoyo.

Su visión descreída de la humanidad ya se había plasmado en la trilogía USA tanto con los personajes "buenos" (rojos, sindicalistas) como con los "malos" (capitalistas): todos en algún sentido habían sido traidores, cobardes y manipuladores. La trilogía Distrito de Columbia vino a poner el broche de oro a esa visión fatalista, esta vez sin artilugios de vanguardia, en una estructura clásica de saga familiar. La historia de los Spotswood comienza con Glenn, protagonista de Hombre joven a la aventura (1939). Con dieciséis años cuando su hermano mayor vuelve de la Primera Guerra, Glenn es un ingenuo líder de campamento estudiantil, afectado por la muerte de su madre, y amigo de Paul Graves, un simpatizante comunista. Juntos abandonan el colegio. Primero le cuesta encontrar empleo, pero luego trabaja de lavaplatos, en plantaciones, y como corrector para un secreto periódico sindical. Escucha las conversaciones entre obreros sobre explotación patronal, y comprueba que algunos de ellos son incapaces de administrar lo poco que ganan, gastándolo en juego y prostitutas. Vive sucesivamente con dos parejas amigas: la burguesa del profesor Mike Gulick y su esposa Marice, y la de los rojos Boris y Gladys. En ambos casos Glenn se enamora de las esposas ajenas, característica habitual de los personajes dospassianos. Es la época en que Sacco y Vanzetti son acusados de asesinato y ese largo y contaminado juicio -que empezó en 1920, cuando se cometió el crimen hasta 1927 en que fueron ejecutados- marca la atmósfera de injusticia y confusión que la novela transmite. A pedido de su padre Glenn se emplea durante un tiempo en un Banco texano, pero el trabajo sólo le sirve para ver de cerca las contradicciones del capitalismo. Adquiere el nombre de guerra de Sandy Crockett y se larga a defender a los mineros en huelga. El final del personaje es en la Guerra Civil Española, acusado de trotskismo por sus compañeros de armas, en un guiño triste a la historia de Robles Pazos.

Cuando Gertrude Stein inventó el término "generación perdida" refiriéndose a aquellos muchachos que estuvieron en la Primera Guerra y volvieron sin otro horizonte que emborracharse hasta morir, inmediatamente cayeron en la definición Hemingway, Fitzgerald y Dos Passos. No tanto porque cumplieran las características -Fitzgerald no llegó a ir a la guerra y Dos Passos no fue alcohólico- sino porque sus personajes sí entraban en el espíritu de la definición. Un caso típico es Tyler Spotswood, protagonista de El Número Uno (1943), segunda parte de la trilogía Distrito de Columbia. Hermano mayor del malogrado Glenn, ex combatiente en la Primera Guerra y momentáneamente vinculado al Ku Klux Klan, Tyler aparece ahora como el ayudante invaluable de un candidato político en plena campaña electoral demócrata. El "número uno" es el aspirante a senador Crawford, un demagogo en cuya construcción Dos Passos se divierte, y Tyler es su perro faldero y el testaferro que utilizará cuando llegue al poder y abra su primera empresa para desviar fondos públicos. Para manejar esa realidad la bebida es aliada indispensable.

Un rasgo de esta segunda trilogía es que el autor se empeña en construir personajes con más piel y carne que los anteriores, transformarlos en protagonistas viscerales de un momento y no en piezas intercambiables de un tablero. No le sale. Su cámara interna busca la panorámica, el zoom, la profundidad de campo. En ese sentido, la más lograda de esta trilogía es la última entrega.

NEW DEAL. El gran proyecto (1949), la tercera, transcurre en los años del New Deal, la respuesta rooseveltiana a la debacle económica. Durante y después de la Primera Guerra el abastecedor principal del mundo había sido Estados Unidos; tranquilidad política y mentalidad industrial habían asegurado un crecimiento donde el cielo era el límite. Mientras las empresas comenzaron a fortalecerse y aglutinarse en holdings y trusts, el clima de confianza en el progreso ilimitado llevaba a la gente común a comprar acciones de esas empresas en la Bolsa de Valores, en muchos casos con un dinero que no tenían y debían pedir prestado a los bancos. Mientras tanto, la agricultura -que no sostenía ese nivel de expansión- expulsaba desempleados a las ciudades, y la demanda de mercaderías a las grandes industrias no alcanzaba el ritmo creciente de la oferta. El resultado fue un exceso de stock, producción paralizada, desempleo, y pánico. Cuando la confianza se quebró también lo hizo Wall Street. El 24 de octubre de 1929 millones de personas se encontraron con que sus acciones no valían nada, los bancos y las empresas cerraron. Se iniciaba así la "Gran Depresión", un período de recesión con impacto mundial.

Revertir esa situación fue lo que propuso el presidente Franklin Delano Roosevelt entre 1933 y 1937, creando lo que llamó New Deal (Nuevo Trato), un plan económico destinado a reformular la confianza en el progreso, clave vital de Estados Unidos. Vino en su ayuda la teoría del economista británico John Maynard Keynes, que para épocas de crisis en una economía liberal consideraba necesario el intervencionismo estatal. Y ayudó, cómo no, el espíritu patriótico, que es lo que Dos Passos escenifica en El Gran Proyecto con menos ilusión que desaliento. Esta vez es Washington la ciudad que recibe a distintos personajes: Millard Carroll, un rico empresario que abandona sus tierras para colaborar con el gobierno; Paul Graves (el amigo adolescente de Glenn) desencantado de la experiencia comunista y experto en granjas familiares; Herbert Spotswood, el envejecido padre de Glenn y Tyler, apoyando desde un programa radial la guerra contra el fascismo europeo. Detrás de esas intenciones, una nueva Convención Demócrata para elegir candidatos, una izquierda radical que no apoya la entrada en la Segunda Guerra hasta que Hitler invade Rusia, y las fiestas y los amores cruzados de siempre.

En las décadas siguientes Dos Passos siguió escribiendo novelas sobre su país, tal vez sin admitir que la gran novela norteamericana ya la había escrito y no era una sino tres, o seis o siete, tan parciales, ambiciosas y cloacales como las "Américas" de Mailer, Pynchon o De Lillo. A despecho de su estilo frío y documental, la emotividad en Dos Passos cae como una ficha tardía, cuando echamos una mirada general por sus diezmados campos de batalla. Quizá era cierto que inventaba poco e imaginaba menos, pero es innegable que veía muy bien lo mucho que había para ver y que narrarlo fue su tarea favorita.

Dónde leer

ROCINANTE VUELVE AL CAMINO, Ed. Diana, México, 1949. Trad. de Márgara Villegas. 212 págs.

MANHATTAN TRANSFER, Ed. Edhasa, 2006. Trad. José Robles Pazos. 564 págs. Distribuye Océano

VIAJES DE ENTREGUERRAS, Ed. Península, Barcelona, 2005. Trad. de Juan Gabriel Vázquez. 349 págs.

Trilogía USA:

PARALELO 42, Ed. Edhasa, Barcelona, 2006. Trad. de Marcelo Cohen. 507 págs. Distribuye Océano.

1919, Ed. Edhasa, Barcelona, 2007. Trad. de Martín Lendínez. 569 págs. Distribuye Océano.

EL GRAN DINERO, Santiago Rueda Editor, Buenos Aires, 1942. Trad. de Max Dickmann. 492 págs.

Trilogía Distrito de Columbia:

HOMBRE JOVEN A LA AVENTURA, Ed. Sudamericana, Buenos Aires, Trad. de Clara Diament. 412 págs.

EL NÚMERO UNO, Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1951. Trad. de María Rosa Oliver. 307 págs.

EL GRAN PROYECTO, Compañía Impresora Argentina, Buenos Aires, 1951. Trad. de Floreal Mazía. 471 págs.

Otras Ediciones
TODAS251815
Por Arotxa
Faulkner entrega a Dos Passos medalla de oro de la Academia Americana y el Instituto Nacional de Artes y Letras. Nueva York, 1957.
Dos Passos en la BBC, Londres, 1941
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