Elvio E. Gandolfo
La figura alta, anciana y un poco encorvada avanza apoyándose levemente sobre un bastón, en cámara lenta. El paisaje es desolado. La imagen aparece en dos de los tres capítulos de una hora que componen Bergman completo. El primero está dedicado a Bergman y el cine, el segundo a su relación (aún más profunda) con el teatro, y el tercero a su vida en la isla de Farö. Es la primera vez que el director de El séptimo sello y Sarabanda abre tan ampliamente las puertas de su mundo. La documentalista sueca Marie Nyreröd logró en esas tres horas no solo lo planeado (reflejar los múltiples aspectos de su entrevistado), sino además combinar con firmeza y maestría los diversos talentos necesarios para una empresa de este tipo. No se limita a registrar y ordenar el material, sino que toma numerosas decisiones adicionales con un acierto que la convierten en una auténtica realizadora. En un hombre más bien arisco y por momentos conflictivo como Bergman, fue esencial, además, que la realizadora le cayera bien desde un principio. A tal punto que hacia el final se asombró de la fluidez con que habían transcurrido los días.
CINE Y SOLDADITOS. En la conversación con el público asistente, la directora declaró que hubiera preferido tener una hora y media para realizar el capítulo sobre el cine, pero que la televisión insistió en la medida estricta de una hora. En ese sentido el comienzo puede asombrar por su minucia. Con gestos calmos, y alguna leve torpeza en la sintonía fina de los dedos, Bergman va sacando de una caja un artefacto. Pasan los segundos y los minutos, y cuando se revela como un proyector, ya el espectador se ha enterado de su interés infantil por el cine, del error monumental de una tía que obsequió el aparato que él había pedido a su hermano, y de que el interés de ese hermano por los soldaditos de plomo le permitió hacerle la oferta de todo su propio ejército a cambio de su acceso inicial al arte que ejercería durante buena parte de su vida.
Bergman y el cine se ve obligado a elegir apenas unos diez fragmentos cruciales de películas para ejemplificar. Allí influyó el doble acuerdo hecho entre el protagonista absoluto y la realizadora. Esta última tenía derecho de corte final en todo lo que era el documental en sí. En cambio Bergman se reservó el derecho en todo lo que tenía que ver con la duración y elección de los fragmentos de su vasta obra (medio centenar de películas). Uno de los títulos favoritos de Marie Nyreröd es Noche de circo. De ese film eligió en principio una larga escena de ocho minutos de un personaje abrumado por los celos. Bergman dijo no: en total podía durar sólo un minuto. Entonces Marie decidió no incluir el fragmento.
Los datos estadísticos o informativos suelen aparecer sobre fondo negro, escuetos, orientadores y sintéticos, permitiendo respirar en cambio la presencia de ese Bergman anciano que tiene el aspecto de uno de esos personajes maduros y poderosos, reyes o no, que aparecen en la obra de Shakespeare. En el material se mezclan entrevistas de la época, trozos de informativos sobre la asistencia de Bergman y su troupe a los festivales de cine, con los fragmentos extensos de la larguísima entrevista en Farö (en total, más de veinte horas).
La atención está dirigida a todos los planos que confluyen en el cine: desde la asistencia de dirección para Alf Sjöberg, pasando por una larga caminata "docente" junto a Victor Sjöstrom (quien le enseñó que sin paciencia con los actores no iría a ninguna parte), hasta los sucesivos productores. Un momento de emoción atraviesa el rostro de Bergman cuando recuerda a Sven Nykvist, su fotógrafo. Más tranquilo, recuerda cómo extrañó a uno de sus primeros productores, cuando le faltaron las discusiones previas al estreno con él, a medida que hacía sus películas.
EL GRAN ESCENARIO. Buena parte de la hora dedicada al teatro está grabada en la sala del Royal Dramaten, donde Bergman aparece acompañado por el actor Erland Josephson, a quien conoció en 1938. Después de recordar momentos iniciales y experimentales, cargados de dinamismo (representar una obra escandalosa en una iglesia, por ejemplo), recuerda que cuando le anunció a la esposa que se hacía cargo del teatro oficial, ella comentó escuetamente: "Aquí termina nuestro matrimonio, entonces". Y así fue: Bergman se iba de la casa a primera hora de la mañana y regresaba a altas horas de la noche. Entre los puntos altos aparece su relación continuada con August Strindberg (incluyendo una breve discusión acerca de si se dice "August", o "Oougust"), ejemplificada en segundos de una misma escena realizada una y otra vez a través de las décadas, con un total de 125 obras representadas.
Con voz invadida por la emoción, Bergman reconoce que el teatro será lo que más extrañará ahora. Desde poco antes de la realización del documental, decidió cerrar su estudio en el teatro, para recluirse en Farö, donde se siente comprendido por los lugareños que desvían a quienes quieren encontrar su casa. Siente allí, dice, el gran placer de no hablar.
CERCA DEL FINAL. Cerca ya de los 90 Bergman agradece haber podido seguir imaginando, inventando, haciendo mover los componentes de su mundo durante tanto tiempo. Por su lucidez y serenidad, nada parece impedirle que llegue a los 100. Sin embargo la muerte siempre ha sido un elemento presente en su vida y en su obra. Pero una operación en la que perdió la conciencia durante varias horas, le hizo comprender que la vida humana es como una llama, que de pronto se apaga, como quien baja un interruptor.
Muy conmovido, aclara que después "murió Ingrid" (von Rossen, con quien estuvo casado entre 1971 y 1995, año de su muerte). Como no podía dejar de sentirla presente en la enorme y personal casa de Farö, cambió de idea: ahora está convencido de que ella lo espera, y que volverá a verla, con su extraordinario "pie a tierra", después de pasar el límite.
Este bloque es el que incluye mayor material personal. Incluye un fragmento sobre el festejo de sus 70 años, donde fue visitado por sus mujeres e hijos, y coronado con flores y laurel. En off, su voz explica la relación difícil con sus sucesivas familias. Para mejor ejemplo, aparece un fragmento de Sarabanda, donde un hijo más que mayor le echa en cara su descuido. De inmediato el "Bergman" de la ficción le retruca con un viejo intento de reconciliación fallido. Y el real aclara hoy que el sufrimiento o el arrepentimiento sobre cosas de ese tipo le parecen apenas un repliegue más del narcisismo.
Un instante de cine puro ocurre cuando Mari Nyreröd le recuerda que cuando realizó Persona había roto hacía poco con Bibi Andersson, y poco después de filmarla comenzó su relación con Liv Ullman. El rostro impresionante de Bergman comienza a tartamudear una respuesta, y de pronto queda silencioso diez, veinte, treinta segundos, sin que la toma se corte. Hasta que esquiva con elegancia la frase refiriéndose al contenido erótico de trabajos como el cine y el teatro.
Momentos como esos hacen que Bergman completo supere con serenidad los límites clásicos de los trabajos por encargo para la televisión. Es en realidad un espléndido largometraje de tres horas que retrata a uno de los puntales del cine del siglo XX. l