VIERNES 1 de noviembre de 2002- Año 85 -Nº 29179
Internet Año 7 - Nº 2289 | Montevideo - Uruguay
  inicio | bookmark | tiempo | buscador | titulares por e-mail | avisos funebres | horóscopo | muva | radio | televisión | ecos | CORREO
noticias
suplementos
  agropecuario
américa del sur
cocinemos con amor
cultural
de los domingos
di candia
economía y mercado
jardines
la semana en el país
paula
pulso
qué pasa
sábado show
tiempo libre
viajeros
Servicios
especiales
ed. anteriores
<< 25
  Ver Todas
Volver
Guionistas de televisión
Del Planeta Telenovela

Leila Guerriero

MARCOS CARNEVALE, 38 años, tiene una mujer, un perro, un gato y un vicio: ir, una vez por año, a una playa perdida donde no haya televisión ni cine. Una playa sin libros ni diarios ni revistas.

“Para mí, mi vida es normal”, dice Carnevale. Después, lo piensa mejor. “Bueno, la verdad es que haciendo una tira diaria, no se vive.”

Carnevale es guionista de televisión. Él, como todos los que escriben ficción catódica, ejerce un oficio mudo. Quince horas por día frente a la computadora si es una tira diaria, ocho o diez si es un programa semanal, interrumpidas por llamados telefónicos de productores porque llueve y no se pueden grabar escenas de exteriores, o se enfermó tal actor o la protagonista quedó embarazada. Carnevale hizo guiones de películas como Esa maldita Costilla, y después ingresó a las filas de la productora Pol-K, del argentino Adrián Suar. Para él escribe ahora 099 Central, la historia de una brigada policial en la que lo que importa, más que el servicio a la comunidad, es la historia de amor entre Facundo Arana, Paola Krum y Nancy Dupláa.

—“Si no hay amor, sonamos. Todo lo demás es un pretexto. La historia de una tira se podría resumir en dos horas, pero hay que contarla en 150 y eso obliga a dar millones de vueltas. Son historias arcaicas, personas de treinta años que se dan un beso en el capítulo setenta, y después va a pasar algo que los va a separar. Lo que se juega en la tira es poner en peligro lo que se obtuvo y alimentar el deseo. Funciona, y la gente lo exige, pide a gritos determinadas cosas”.

ROJO, VERDE Y AZUL. El estudio donde trabaja Daniel Delbene (guionista de Franco Buenaventura, la telenovela que protagoniza el uruguayo Osvaldo Laport) tiene las cosas que hay que tener si uno no puede detener su producción: tres computadoras, máquinas de escribir eléctricas por si se descomponen las computadoras, máquinas de escribir mecánicas por si se corta la luz, una bicicleta fija para estirar las piernas. Más una enorme pizarra blanca en la que con marcador de distintos colores figuran los nombres de los personajes de la tira a la manera de árbol genealógico: los rojos son los protagonistas, los verdes los actores secundarios, y los azules los secundarios-secundarios.

“La historia se va enredando tanto, que sin ese mapa se complica mucho.” Delbene, como casi todos los que guionan tiras diarias, trabaja en equipo: escribe la escaleta, un esquema del capítulo con acciones y diálogos resumidos, y la pasa a dos guionistas que desarrollan el diálogo mientras él hace una nueva escaleta. A ese ritmo escriben cuarenta páginas por capítulo, cinco capítulos por semana, ochocientas páginas al mes.

“Una vez hacía una novela que se llamaba Chiquilina mía. Se grababa hoy para el capítulo que mañana estaba al aire. Un día se enfermó el protagonista, Daniel Fanego, y me llaman desesperados: había que reescribir el capítulo sin el protagonista. Mientras escribía llamaba al productor y le preguntaba: ‘¿Tenés a tal actor ahí?’ y el productor me decía: ‘Lo llamé y puede venir en dos horas. Mientras tanto, tengo a fulano hasta las seis y media’ y yo iba sacando hojas, venían del canal y se las iban llevando para grabar. No, un horror.”

PONER EL GANCHO. Esquivando el lugar común, Delbene tiene una regla para sus personajes: no se saludan al encontrarse.

“Me quedó una fobia de todas esas películas de Palito Ortega en las que dos tipos se encontraban y decían ‘Che, qué lindo pulóver’, ‘Sí, lo compré ayer, ¿te gusta?’ y uno pensaba ‘¿Cuándo se van a poner a hablar de algo que importe?’. Yo trato de ir directo al conflicto. Además odio algunas frases, lugares comunes de los guionistas. ‘¡Qué hacés acá!’ es una de ésas. Un personaje llega, se sorprende de ver a otro, y dice con cara de asombro ‘¿¡Qué hacés acá!?’. Para qué decir una cosa así. Si escribís con clichés, el personaje es un cliché.”

Delbene guionó telenovelas que hicieron historia, algunas memorablemente inverosímiles: en La Viuda Blanca, Carmen Sevilla interpretaba a una viuda de 43 años, madre de dos adolescentes. Virgen.

“El primer capítulo terminaba cuando esta mujer les confesaba a sus hijos adolescentes que era virgen. Los hijos no eran de ella, claro.”

También trabajó junto a Lozano Dana en los guiones de Amo y señor, la novela en la que Arnaldo André y Luisa Kuliok se prodigaban besos y cachetazos.

“La historia duró 175 capítulos, y la pareja se acostó por primera vez en el capítulo 165. Y eso que hacía tres meses que estaban casados. Es que esta novela terminaba en el capítulo 120, pero el canal decidió seguir tres meses. Entonces se casan, pero ella lo odia y no deja que la toque y él se acuesta con la vecina, la mucama. La gente se lo cree porque son códigos del género. Uno va a ver Superman y ya sabe que vuela, no dice ‘eeeh, ¿cómo hace?’. El mérito del autor está en hacerlo verosímil.”

En sus décadas de carrera televisiva, a Jorge Maestro, autor de Montaña Rusa, La banda del Golden Rocket y ahora, junto a Ernesto Korosky, de Son amores, la tira del horario central de canal 13, le sucedieron casi todas las catástrofes imaginables.

“Una vez tuvimos que sacar veinte personajes de un día para el otro porque la producción redujo el elenco por cuestión de costos. Los metimos a todos en un avión, y el avión se cayó en el océano. Después una pareja, a pedido del público, volvió: habían hecho escala en Río y no se mataron”.

El Planeta Telenovela es un sitio con momentos exactos para todo: para la escena del beso, para la propuesta de matrimonio, para el accidente fatal. Aquí, gancho es palabra clave. Es lo que hace que un espectador renueve la cita para ver si se muere, si la besa, si al fin le dice éste es tu padre.

“Semanalmente uno tiene que pensar en cinco grandes ganchos para final de capítulo, y cuatro ganchos para finales de bloque” dice Jorge Maestro. “Veinticinco expectativas fuertes por mes para que el público siga atrapado con el cuentito”.

Por eso, entre otras cosas, los personajes van por un mundo sin grises, diciendo te amo y te odio, dedicados a lo único que les importa en este mundo: la historia (su historia) de amor.

UNITARIO Y DIFERENTE. Los guionistas de unitarios y programas semanales tienen un halo de prestigio del que carecen sus colegas de la tira. Un programa de trece capítulos que este año emitió Telefé se sigue citando como ejemplo de todo lo que puede hacerse de bueno en televisión. Se llamó Los Simuladores, y fue ideado, guionado y dirigido por Damián Szifrom, 27 años, egresado de la Universidad del Cine. Protagonizado por cuatro hombres dedicados a resolver problemas de gente común (devolver el empleo a un hombre de sesenta años, volver bueno a un comisario corrupto) el grupo de Simuladores garantizaba efectividad y no se fijaban en gastos o en absurdos: en el programa hubo tigres, tomas aéreas, hoteles lujosos, helicópteros, el FBI, la NASA, los nazis, Paul McCartney y el Presidente de la nación con problemas de impotencia sexual.

“Primero se me ocurre algún universo del que tenga ganas de hablar, y después busco qué historia se puede meter” dice Szifrom. “Me gusta que sea lo más extremo posible, lo más absurdo. A un fan de James Bond que diga ‘No puede haberse caído de esa altura y salir caminando’, hay que sacarlo del cine a patadas. Hay una actitud reaccionaria de la tele de los últimos años como si a nadie se le ocurriese que hay algo más allá del barrio de Palermo Viejo, lo cotidiano, el naturalismo. Falta un poco más de Chesterton, de Conan Doyle, de Poe. Y en Los Simuladores había mucho del Padre Brown.”

Hay cosas que Szifrom sabe de sus personajes y que nunca dirá. Cosas que ven sólo los que quieren ver.

“Hay una escena de El padrino: Johnny Fontaine va a pedirle al Padrino que lo ayude a liberarse de un productor tirano, y llora: ‘No sé qué hacer’. El Padrino se para y le pega un cachetazo: ‘Podés actuar como un hombre’ le dice. Después va y le resuelve el problema, pero queda la sensación de que piensa ‘Ponéte media pila y arreglate solo’. A mí me parece que cada vez que alguien les pide ayuda a los Simuladores, ellos piensan: ‘Estoy para ayudar, pero es un papelón que no puedas hacer que tu novia vuelva con vos, que no puedas zafar de un matón. Cómo vas a venir a pedirme ayuda. Arreglate solo’”. l



noticias | tiempo | buscador | avisos funebres | titulares por e-mail | ecos
correo | radio | television | turismo | salud | congresos
clasificados | negocios | cursos | guía de sitios

Copyright © EL PAIS 1996-2002
Zelmar Michelini 1287, CP. 11100 , Montevideo - Uruguay
Tel: 902 0115 - Fax: 902 0464

Imprimir
Enviar nota
Tamaño de LetraAumentar el tamaño de la letraDisminuir el tamaño de la letra