Jueves 30 de enero de 2003- Año 85 -Nº 29267
Internet Año 7 - Nº 2377 | Montevideo - Uruguay
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Tema del año: el acercamiento entre Argentina y Brasil

Los trágicos hechos que culminaron con la renuncia del ex presidente De la Rúa el 20 de diciembre de 2001, condujeron a una situación nueva, no sólo para la Argentina sino para la región.

Consecuentemente, la crisis política argentina en su resolución derribó la llamada convertibilidad, que, inaugurada bajo el gobierno del ex presidente Carlos Menem, había fijado la paridad del peso argentino con el dólar en 1 x 1.

El abandono de la convertibilidad significó el derribo del principal obstáculo que impedía que Argentina y Brasil convergieran en políticas comunes de mayor calado, cosa que además repercutía negativamente en el Mercosur. La nueva situación determinó entonces que por primera vez en medio siglo, Argentina y Brasil abandonaran suspicacias mutuas e inauguraran una nueva actitud en la que prevalece la cooperación.

Por otra parte en Brasil, por primera vez en la era post dictadura, un presidente electo por el pueblo, Fernando Henrique Cardoso le transfirió el poder a otro presidente también electo por el pueblo, en este caso el opositor, Inacio Lula da Silva. El hecho contribuyó incontrastablemente a la consolidación de la democracia brasileña. Y este es otro dato positivo para la región.

La nueva situación beneficia desde luego a la Argentina y el Brasil en primer lugar, pero por sobre todo es beneficiosa para la región, porque la cooperación permitirá que esa unión de los dos países más importantes de América del Sur pueda operar como un motor insustituible en la salida regional.

Cabe considerar, como lo advirtió días atrás a El País el politólogo Eusebio Mujal – El País digital, 23 de enero - que si bien las monedas brasileña y argentina están a la par frente al dólar en el momento actual, la supervivencia de esa paridad dependerá de una coordinación macroeconómica de concreción compleja. Es un problema real y cabe consignarlo.

Pero en tercer lugar, la novedad del acercamiento argentino brasileño es muy positiva para los uruguayos.

Históricamente, el Uruguay ha sido parte de las Provincias Unidas del Río de la Plata hasta 1817 y luego entre 1817 y 1828, provincia Cisplatina, pero durante el resto de su vida independiente y soberana, a partir de 1830, jamás el Uruguay dejó de sentir la presión de uno u otro de sus portentosos vecinos.

Por eso este nuevo escenario regional es una novedad de gran importancia para el Uruguay y cabe desear que se prolongue indefinidamente en el tiempo, para que, en lugar de recibir las presiones de un conflicto latente entre dos vecinos poderosos, podamos de una vez por todas vivir las condiciones de estabilidad que conducen al progreso.

El mundo ha cambiado sustancialmente en las últimas dos décadas y, cosa que no ocurre con frecuencia en la historia de la humanidad, un nuevo código geopolítico se está gestando para sustituir a la anterior bipolaridad que dominó la guerra fría en la segunda mitad del siglo XX.

También ha cambiado profundamente nuestra región en los últimos años. Se han sucedido las cumbres iberoamericanas, las cumbres de América del Sur, del Mercosur, de la Comunidad Andina de Naciones, incluso existen planes de integración entre el Mercosur y la CAN. Es verdad, como suele insistirse con exceso de pesimismo desde algunos medios, que muchas de las resoluciones y temas que se consideran en las reuniones internacionales quedan en el plano de la retórica. Pero no lo es menos, que hace dos o tres décadas, ni siquiera había retórica.

Hoy por lo pronto, están señalados los propósitos, los objetivos y aún los medios que deberán disponerse para que la América del Sur se erija de una vez por todas en sujeto de la historia y comience a insertarse en los distintos escenarios del mundo con personería propia y no interpósita potencia, como ha sido usual desde la independencia de los imperios español y portugués hasta la fecha.

Pero no habrá retórica ni buenas intenciones que valgan en el plano de la integración continental, sin el previo acercamiento del Brasil con la Argentina. Nada podía hacerse sobre la base de la inexistencia de acuerdos básicos entre las dos naciones más importantes de la región. Y eso es lo que se ha producido. Por eso es el tema del año 2002, seguramente llamado a generar nuevos hechos auspiciosos durante este 2003 que empezamos a vivir.

Daniel Mazzone

Editor de El País digital



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