REDACCION GDA.- Pablo Lorenzano apenas ha cruzado la barrera de los 40 años y se ha pasado 16 estudiando, investigando y dando lo mejor de sí fuera de su Argentina natal. Es un estudioso y ser estudioso no siempre es la mejor condición en Latinoamérica. Al fin y al cabo a su compatriota, el Premio Nobel César Milstein, cuando regresó al país después de años de reconocimiento y consagración, no le ofrecieron el mejor laboratorio o un presupuesto para investigar o un equipo de jóvenes científicos deseosos de formarse bajo su luminosa cabeza: apenas le ofrecieron la posibilidad de "un lugarcito" en la Universidad, para lo que debía pasar un concurso, varias pruebas, una valoración de sus colegas...
"El problema no es estudiar afuera. Eso es bueno. El problema es que la gente no regresa porque en muchos países de Latinoamérica no hay buenas instalaciones para investigar, no hay buenos equipos y faltan recursos económicos. Al final, la inversión de los gobiernos en sus ciudadanos se termina instalando en el exterior con lo que países como India, Argentina, Chile, etc., han terminado subvencionando a países muy desarrollados", reflexiona Lorenzano, profesor en una universidad privada argentina. Él es de los que volvió.
Según los datos que maneja la Academia de Ciencias de América Latina, desde 1961 se han ido de la región hacia Europa y Estados Unidos más de un millón de científicos, muchos de ellos argentinos, chilenos, uruguayos, mexicanos y venezolanos que tuvieron que encontrar un lugar para su trabajo en otros laboratorios y en otros países. No es sólo una pérdida para la ciencia y para la universidad: la salida de la región de científicos e investigadores ha supuesto hasta ahora la salida de unos 30.000 millones de dólares, según algunas estimaciones. Una cifra que proviene de calcular todo lo que los gobiernos de la región han invertido en la formación de esos profesionales. Hasta ahora no existe una valoración económica definitiva sobre el coste de oportunidad de tener prestigiosos cerebros rindiendo afuera en la invención de medicamentos, descubrimientos médicos, soluciones de ingeniería y creación de nuevas patentes para la industria. El coste de no tenerlos adentro.
"El ritmo de salida de los científicos es mucho mayor ahora que hace 20 años", dice Raimundo Villegas, integrante del Consejo de la Academia de Ciencias de América Latina y experto, precisamente, en la fuga de cerebros y las migraciones de profesio-nales y universitarios. "La salida de expertos, científicos o investigadores es una pérdida para todos. Aunque a no todos les afecta de la misma ma-nera. Los países con comunidades científicas mayores tienen obviamente más gente afuera, pero los países con pequeñas comunidades pierden todo el aliento cuando se les van 10 ó 15 investigadores ya que se quedan a la mitad o menos de sus recursos", agrega Villegas.
"Es un verdadero subsidio para los países desarrollados", dice Raimundo Villegas, ya que además de absorber gente que ha sido formada en países latinoamericanos y con presupuestos de los gobiernos latinoamericanos, el mejor fruto de su trabajo queda en Estados Unidos y en Europa. En algunas naciones esa sangría de expertos es demoledora: un reciente estudio de Naciones Unidas en la India indicaba que, como media, la formación de los estudiantes universitarios era de unos 20.000 dólares durante toda la carrera, con lo que sólo por ese concepto cada año de la India se iban 2.000 millones de dólares.
No sólo la captación de cerebros se ha convertido en una tarea afanosa de los países desarrollados. También la captación de estudiantes.
El estudio en el extranjero es un gran negocio para los países desarrollados. Además de ingresar directamente recursos en concepto de matrículas, gastos de permanencia, libros, mate-rial, muchas empresas de Estados Unidos o el Reino Unido incluso abonan gastos de estudios con tal de que algunos de esos futuros profesionales, altamente cualificados, se queden en el país. En Estados Unidos hay aproximadamente unos 75.000 estudiantes latinoamericanos en carreras universitarias, la mayor parte de ellas vinculadas a administración e ingeniería (ver recuadro).
En la lista mundial de países que exportan universitarios, el primer país latinoamericano es México, seguido por Colombia y Venezuela.
¿Cómo se retiene el saber?
Para Raimundo Villegas, miembro de la Academia de Ciencias de América Latina, es posible atraer al país a los cerebros que se han ido. "En realidad lo que hay que tener es una buena comunidad científica y recursos para la investigación". Villegas propone tres programas completos para ello, aunque reconoce que el camino es lento aún para llevarlos a cabo. El primero es que haya un plan de retorno para quienes se fueron a investigar y a trabajar afuera. Un plan de retorno significa facilidades e incentivos para que el investigador vuelva. En segundo lugar es imprescindible crear escuelas de postgrado y contar con muchos científicos prestigiosos que visiten la región. "Las escuelas de postgrado en el extranjero son la primera puerta de entrada. Nuestros estudiantes de postgrado van allí y encuentran mecanismos para quedarse. Si logramos hacer esas escuelas aquí puede que muchos no se vayan". El tercer programa es, sin duda, que exista un ambiente de investigación en el país que resulte atractivo para los investigadores, que en el exterior contaban con medios
Más dinero para educar
La inversión en Educación ha crecido mucho en Latinoamérica en los últimos años. En general todos los países han aumentado el gasto público en educación aproximadamente 1,5 puntos en la última década. La alfabetización se ha generalizado y cubre entre el 70% y el 99% de la población, según los países. También el acceso a la primaria se ha extendido: un 90% como media. Los alumnos de secundaria y universidad han aumentado sustancialmente, aunque el índice de abandono o fracaso es bastante grande. En total la región ha invertido en los 90 un billón de dólares en educación.