Rio de Janeiro - El Brigadier de la Fuerza Aérea de Brasil, Marcos Antonio de Oliveira no olvidará el día de 1989 cuando voló hasta Roraima, un inhóspito territorio en la selva amazónica. "Había aviones por todos lados: en el aire, en la pista y hasta estacionados bajo los árboles", recuerda. "Tuvimos dificultades para aterrizar". Muchos eran precarios modelos a hélice que servían en los campos donde hay yacimientos de oro en Roraima. Pero, la mayoría eran aviones de alto rendimiento que realizaban los vuelos fuera del alcance de los débiles radares de la Fuerza Aérea.
"No teníamos ni la menor idea de quiénes eran los propietarios de los aviones ni qué estaban haciendo", dice Oliveira, quien es Jefe del Alto Comando de la Fuerza Aérea. Para las jerarquías civiles y militares brasileñas no fue sólo una abrupta sorpresa. Fue una advertencia: Brasil estaba perdiendo el control de su espacio aéreo. La selva y bosques tropicales habían sido invadidos.
Hasta fines de los 90, Brasil apenas tuvo cinco radares para cubrir la totalidad de la cuenca de la Amazonia -un área equivalente al tamaño de Europa- lo que la convierte en uno de los puntos ciegos más grandes del mundo. Un piloto comercial que perdiera el rumbo sobre la selva quedaría librado a su propia suerte. Pero, volar en la oscuridad ha sido una bendición para los delincuentes: en un día promedio por lo menos diez aviones invaden el espacio aéreo amazónico, según cálculos de las autoridades. La mayoría está en actividades ilícitas, transportando cocaína procedente de Colombia, llevando armas a los guerrilleros marxistas o dinero para ser lavado en sistemas financieros de otros países.
A esto se agrega la depredación de quienes se dedican a talar árboles y generan enormes incendios para despejar la tupida maleza. Pese a una década de esfuerzos, las autoridades solo han podido frenar parcialmente esas prácticas destructoras.
Ahora, Brasil ha invertido 1.400 millones de dólares en un arma de alta tecnología para controlar la enorme área. El país está instalando uno de los sistemas de vigilancia y telecomunicaciones más formidables que jamás se haya desplegado. Se llama Sistema de Vigilancia de la Amazonia "Sivam" para simplificar los términos que en su tamaño y alcance no tiene antecedentes en el mundo en vías de desarrollo. Incluye dos docenas de radares fijos y móviles y más de 200 plataformas en la selva para el procesamiento de imágenes e informaciones meteorológicas enviadas por satélites. Como complemento, ocho aviones equipados con radares de sensibilidad remota y equipos de escucha, estarán patrullando los cielos, teniendo siempre listo a un escuadrón de cazas Supertucano. A fines de 2003, cuando se haya instalado la totalidad del equipamiento, podrán detectar si un solo árbol es talado en la selva, según proclaman las autoridades brasileñas.
RED PARA SALVAR. No lo dicen en sentido figurado, sino ajustadas a la realidad. Uno de los objetivos de Sivam es salvar a la Amazonia de su destrucción. El costoso sistema es presentado como un guardián de alta tecnología para todo propósito: es capaz de seguir el avance de tormentas, detectar minerales subterráneos y permitir a los médicos hacer el mapeo de epidemias. Con el tiempo, diversidad de instituciones y personas Alcaldías, Policía, Guardabosques, universidades y las Fuerzas Armadas formarán una red que estará conectada a las computadoras de Sivam, así como conectadas entre sí por teléfono fax e Internet. Integrarán el Sistema de Protección Amazónico, una suerte de contraparte civil del Sivam, y tendrán el cometido de asegurar el futuro de los bosques tropicales y selva, así como las necesidades de sus habitantes. Inspectores ambientales obtendrán imágenes satelitales que revelarán dónde se lleva a cabo la tala ilegal de árboles o desarrollos prohibidos en parques y tierras indígenas. Los radares ayudarán a los controladores del tráfico aéreo a detectar y ayudar a aviones en riesgo, así como alertar a la Policía y la Fuerza Aérea de la presencia de intrusos en los cielos.
Por lo menos, en teoría, hará todo eso.
La controversia en torno de Sivam comenzó desde que el sistema fue planificado en los años 90 y ha sido proporcional a la magnitud del mismo. Quienes critican el proyecto sostienen que se trata de una extravagancia, un elefante blanco y un juego para los militares. Hubo acusaciones entre quienes se presentaron a las licitaciones de supuestos intentos de soborno a las autoridades para obtener los contratos.
Los grupos políticos izquierdistas están convencidos que el sistema, desarrollado por la empresa estadounidense Raytheon, será utilizado por Estados Unidos para espiar a Brasil. Los ambientalistas dicen que es un truco para camuflar un sistema de seguridad nacional. En realidad, las investigaciones realizadas hasta por el Parlamento no dieron pruebas sobre las acusaciones y suposiciones.
El proyecto es como el propio Brasil: grande, poderoso y extraño, con enormes posibilidades y también problemas.
Cuando el presidente Fernando Henrique Cardoso reveló el sistema en una reunión de gala, en julio, con champagne incluido, pareció más un General lanzando una misión de rescate que el Presidente de Brasil. "Muchos hablan de soberanía", dijo ante un salón colmado de autoridades e invitados especiales en Manaus, un puerto ribereño situado a 1.000 kilómetro aguas arriba en el Amazonas. "Lo más importante es ejercer la soberanía. Eso es lo que estamos haciendo hoy".
MARAVILLA Y PESADILLA. Durante más de un siglo, todos los gobernantes de Brasil ya fueran civiles o militares se encargaron de decirle al mundo quién es el que manda en la selva y los bosques tropicales. Pero, en gran medida, Brasil fue un propietario ausente. Ahora, las autoridades prestan verdadera atención a ese impresionante territorio y advierten que esta poblado de forasteros no deseados y es fuente frecuente de malas noticias. Basta preguntarle a Mauro Sposito, jefe de la fuerza amazónica de lucha contra la droga, denominada Operación Cobra. Durante tres años, los agentes de la policía federal han estado vigilantes ante la presencia de guerrilleros marxistas de las FARC a lo largo de la frontera con Colombia, dinamitaron decenas de pistas de aterrizaje clandestinas y requisaron cientos de toneladas de marihuana, cocaína y heroína. "En la actualidad, la Amazonia es la mayor prioridad de Brasil en materia de seguridad", afirma.
Se suponía que la Amazonia iba a ser la gran tierra de promesa de Brasil, en lugar de su flanco débil. El país más grande de Sudamérica siempre ha mirado a esa parte de su territorio con una mezcla de asombro y avaricia. Un cuarto del agua fresca del mundo corre por la cuenca amazónica. Las maderas tropicales que se obtienen logran precios altos para la fabricación de finos muebles en Estados Unidos y países europeos. Piedras preciosas y ricos minerales están al alcance de la mano. Hay oro, esmeraldas y diamantes, entre otros.
Sin embargo, la Amazonia también ha sido frecuente pesadilla de Brasil. Si bien este país no tiene enemigos externos y tiene bajo su soberanía el 70% de las selvas y bosques tropicales sudamericanos, los brasileños han sido perseguidos durante siglos por el temor a perderla. "Integrar para no entregar" fue el grito de batalla de los gobiernos militares a lo largo de los 70. Es un grito que todavía resuena.
La tecnología por sí no va a despejar todos los temores y fantasmas. Salvar a la selva y bosques tropicales que muestran las heridas de la depredación puede ser un desafío mucho más grande para Brasil que afianzar su soberanía. Pese a todo el revuelo, la Amazonia sigue siendo más codiciada que amada y es un territorio que debeser conquistado más que querido. Hace 500 años, exploradores europeos navegaron las aguas de los ríos de esa vasta región. Hasta ahora, para la mayoría de los brasileños, la Amazonia es una gran mancha verde en el mapa de su país. Ahora, con la fantástica tecnología desplegada, no van a resolver todos los problemas, pero podrán conocer en detalle lo que allí ocurre y cuidar esa maravilla natural.
Maravilla en situación de riesgo
UBICACION. La Amazonia comprende la mitad norte de Brasil (Estados de Acre, Amazonas, Pará, Rondonia, Mato Grosso y Marañhao y los territorios de Amapá y Roraima), así como zonas de Colombia, Venezuela, Perú, Ecuador, Bolivia y las Guayanas.
POBLACION. En el territorio brasileño de la Amazonia viven 12 millones de personas según el Censo realizado en el año 2000. La población registra un crecimiento de 3,7% anual.
PROBLEMA. La depredación forestal ocurrida principalmente en los últimos 30 años ya ha tomado el 14% de la parte brasileña de la Amazonia. Los enormes agujeros en los bosques tropicales provocados por la tala y extracción irresponsable han secado grandes zonas y las han convertido en vulnerables a incendios. La depredación no ha cesado, pero por lo menos tiene ritmo mucho más lento, porque se extiende la aplicación de técnicas de tala de reducido impacto.
MEJORAS. Una ley aprobada por Brasil en 1998 introdujo severas sanciones por talar árboles sin permiso del Ibama, agencia brasileña de protección del ambiente. Asimismo, se redujeron los subsidios y exoneraciones impositivas que promovían la deforestación. Ahora hay 10.000 kilómetros cuadrados de bosques tropicales bajo administración sostenible, incluyendo zonas fuera de la Amazonia. Newsweek