Jueves 30 de enero de 2003- Año 85 -Nº 29267
Internet Año 7 - Nº 2377 | Montevideo - Uruguay
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COMO EN 1958, 62, 70 Y 94, EN EL 2002 BRASIL SE CONSAGRO COMO EL MONARCA MUNDIAL TRAS DERROTAR A ALEMANIA POR 2 GOLES A 0
Cinco vueltas por el mundo
No se podía esperar otra cosa, el título se lo llevó quien debía llevárselo, está en buenas manos

Yokohama -"Ha pasado... ha pasado... lo que tuvo que pasar..."

Así decía la letra de una conocida canción de los carnavales de antaño. Y en la final del Mundial, ocurrió otro tanto. Brasil es otra vez campeón. Como en el 58, como en el 62, como en el 70 y como en el 94. Pentacampeón del mundo. Si cualquiera se pone a repasar la historia y se pregunta qué pudo haber sucedido si en el 66 los europeos no hubiesen matado a Pelé a patadas, y qué pudo haber sido también de la final del 98 en caso de no haberse interpuesto aquella misteriosa afección que aquejó imprevistamente a Ronaldo en la mañana del partido decisivo que ganó Francia en París hace cuatro años, enseguida se dará cuenta que la tarea de impedir que Brasil consiguiera en la víspera su quinto título, era demasiado para Alemania. Estaba totalmente afuera de las posibilidades de esta Alemania, tesonera, potente, munida de una determinación y una fuerza espiritual verdaderamente impresionantes, pero ofensivamente tosca, que ataca y trata de llegar al arco rival tirando centros, tocando, pasando y hasta triangulando, en forma siempre previsible, lineal, anunciada, y que para peor, o por si fuera poco, se encontró con que le falló nada más ni menos que Khan, que hasta este encuentro con los brasileños había sido no solamente el mejor jugador del equipo, sino la razón fundamental para que los alemanes alcanzaran la trascendental instancia de la pasada jornada.

Brasil campeón. Pentacampeón mundial. Estaba cantado. Era lo que la lógica indicaba. Pronosticaba. Y aunque esa fuerza interior de los alemanes llevó a que el partido haya sido más parejo de lo que se esperaba, como también a que Alemania haya copado la cancha y a su adversario en la mayor parte del trámite, dando lugar a que en muchos momentos, y en especial en la media hora inicial de la primera parte, se pudiera llegar a sospechar que los brasileños acusaban la presión física y mental a que los sometían los germanos, todo terminó con una amplitud y una contundencia tal en favor de Brasil, que hasta parece que hubo espacio para que se concretara el sueño del pibe. Del "garoto" en este caso. De Ronaldo.

¿Cuántas veces habrá soñado, o querido soñar cuando menos, en las noches de pesadilla que tuvo en estos dos años y medio largos en los que se lesionaba, se curaba, y de nuevo se lesionaba, sin que ni los propios médicos pudieran asegurarle que algún día volvería a ser el de antes, que iba a levantar la copa como la levantó ayer, después de haberle metido dos goles a Alemania?

¿Cuántas veces habrá querido tener otra oportunidad como la que tuvo en el Stade de France, y que él vio pasar como si fuese una momia, carente de reflejos, sin atinar a nada, por culpa de aquella convulsión que hasta hoy no ha sido explicada científica y verdaderamente por nadie?

Sólo lo sabe Ronaldo. Que ayer fue enorme. Clave. Y que, incluso, de alguna manera, hasta a través de sus errores, o de su falta de acierto en las situaciones favorables que el genio de Ronaldinho le dejó servidas en sus pies en la primera parte, en medio del neto dominio de los alemanes, explica el triunfo de Brasil, la derrota de Alemania.

Es decir, hasta cuando pareció que el equipo de Vöeller le imponía su personalidad al adversario, los brasileños fabricaron, o se les presentaron, no menos de cuatro situaciones penetrantes como las que, pese a su dominio, no pudieron generar los alemanes.

En una palabra, aunque mandara Alemania, existía la casi certeza de que iba a ganar Brasil. Porque, como quedó patente desde las primeras jugadas, había veces que el fondo alemán, relativamente aliviado porque Rivaldo no aparecía por ningún lado, perdía las marcas de Ronaldinho y Ronaldo, o le costaba saber qué hacer con la pelota, tal como aconteció con Schneider cuando se demoró y perdió un balón que le robó Ronaldo y terminó yendo a parar al fondo de su propio arco, constituyéndose en el primer gol del equipo contrario.

Después que falló Khan y llegó la apertura de Ronaldo, en una jugada que marcó la resurrección de Rivaldo, cuyo remate no pudo ser retenido por el arquero germano, no extrañó que también llegara el segundo gol brasileño, ahora gestado por una genialidad de Rivaldo, que clavó a media zaga contraria al dejar pasar para Ronaldo un pase que metió Kleberson, y que todos los alemanes esperaban que lo recibiera Rivaldo.

Brasil es campeón. Pentacampeón mundial. Con dos goles de Ronaldo. Es el sueño del pibe. Del "garoto" en este caso.

Por Jorge Savia

Editor de Deportes de El País



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