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Publicada el 4 de agosto
Desolación y cólera tras la tragedia

ASUNCION |AFP, ANSA, AP y EFE

El drama, la cólera y la angustia se adueñaron de los hospitales y de los improvisados velatorios habilitados en Asunción para que los familiares lloren a los más de 400 muertos que dejó el incendio del centro comercial Ycuá Bolaños.

Desde húmedas salitas de modestas viviendas hasta lujosas funerarias con canapés, la muerte ha sembrado con cruel equidad el dolor por toda una ciudad que aún no termina de comprender cómo una fuga de gas pudo acabar el domingo en la mayor catástrofe civil de la historia de Paraguay.

El gobierno paraguayo declaró el estado de emergencia sanitaria para asistir a las víctimas del incendio. El ministro de Salud precisó que actualmente hay 271 personas internadas en distintos centros hospitalarios públicos y privados de Asunción, de los cuales el 15 por ciento permanecen en unidades de terapia intensiva.

En medio de desgarradoras escenas, policías y bomberos continuaban veinticuatro horas después las tareas de desescombro sin que todavía hubieran podido acceder a la cocina del restaurante donde presumiblemente comenzó el fuego.

SIN SALIDA. Al mismo tiempo, la justicia acumulaba denuncias de sobrevivientes sobre la presunta orden impartida por los dueños del centro comercial de "cerrar las salidas", apenas comenzado el incendio, para evitar saqueos y "que la gente se fuera sin pagar".

"Un guardia me pegó con una escopeta para que no saliera", señaló Celeste Silva, quien aseguró que apenas se inició el siniestro "las fuerzas de seguridad privada bloquearon todas las puertas".

El portavoz del Cuerpo de Bomberos Voluntarios, Roque González, confirmó a la AFP que las puertas del edificio estaban cerradas cuando los Bomberos llegaron al local.

Relató que personal de seguridad del supermercado disparó contra un bombero voluntario cuando intentó abrir la entrada principal.

"Soy Bombero", le dijo el funcionario, según González, y le descerrajó otro tiro, pero no le alcanzó, afirmó.

Decenas de testigos pidieron "linchar" al propietario, a través de los medios de prensa paraguayos.

"Fue una masacre, la gente se quemaba viva; no puede quedar impune", dijo Néstor Velázquez, que ayer convalecía en la cama de un hospital con la cara completamente quemada y los labios llenos de llagas.

BEBE SALVADO. El oficial segundo Juan Duarte fue autor de una escena dramática de salvamento, consignada por la prensa local.

El uniformado ingresó intempestivamente al lugar del siniestro por un boquete abierto en la pared de vidrio y en medio de una alfombra de cadáveres vio que un bebé daba signos de vida.

"Me abalancé sin pensar dos veces, le rescaté y lo primero que hice fue hacerle respiración boca a boca", dijo el oficial.

El bebé, de 4 meses, fue identificado como Héctor Bobadilla, cuyo padre murió entre las centenares de víctimas atrapadas por la clausura hermética del establecimiento. La madre convalecía en el Hospital de Emergencias Médicas en estado grave.

"El bebé está vivo. Eso es lo que importa", dijo el oficial Duarte, de 26 años, muy congratulado por sus camaradas durante todo el día, cuando las imágenes de su hazaña se propagaron rápidamente por los medios de prensa.

Un total de 30 niños y adolescentes murieron y 38 están desaparecidos tras el incendio.

La Secretaría de la Niñez y de la Adolescencia informó que con los heridos, la totalidad de los niños y adolescentes afectados por el siniestro se eleva a 118.

En el supermercado había cerca de mil personas y la mayor cantidad de los restos de los niños fueron hallados en el sector de la juguetería.

BAJO LOS CADAVERES. Gilberto Ayala, que trabajaba en el supermercado cargando cajas, dijo que se metió debajo de tres cuerpos quemados en las escaleras y allí pudo respirar cobijado del humo.

"Me desmayé y, de repente, me desperté; había una señora gritando al lado mío, me agarré a ella. Le dije que me sacara de allí y me agarró, luego vi una luz, fuimos hacia allá y salí por un boquete en la pared", dijo, casi en un murmullo.

Otra persona que logró sobrevivir, Hernán Tomai, creyó que había salvado a su madre, pero se equivocó de persona.

Tomai dijo a la prensa que cuando vio que el techo se incendiaba tomó por la ropa a una persona, a quien creía su madre, al tiempo que gritaba: "¡Agáchate!".

Su madre continuaba desaparecida.

"Tiene en el dedo anular de- recho un anillo, en el brazo izquierdo un reloj plateado que se paró exactamente a las 11.35", explicaba Tomai a los médicos que intentaban identificar los ca- dáveres.

Acusan formalmente a dueños del supermercado

ASUNCION

El fiscal paraguayo Edgar Sánchez acusó formalmente de homicidio doloso a los dueños del supermercado "Ycuá Bolaños" y pidió el embargo de sus bienes por 10 millones de dólares.

El fiscal dijo en su escrito que los guardias privados del local cerraron las puertas al desatarse el incendio "aparentemente por orden de Víctor Daniel Paiva y (su padre) Juan Pio Paiva, ambos propietarios del mencionado supermercado".

El cierre de los portones al parecer fue ordenado para evitar el "saqueo" de mercaderías y la salida de clientes sin pagar sus compras.

Aparentemente, los propietarios supusieron que el incendio no era de gran magnitud, aunque varios testimonios pusieron en evidencia que decenas, sino centenares de personas, se agolparon con desesperación en las puertas y no pudieron escapar de las llamas.

El fiscal también acusó al gerente del supermercado, Humberto Casaccia, y a tres guardias, y pidió que todos ellos sean detenidos.

Varios testigos denunciaron la negligencia de los guardias de seguridad.

La Fiscalía General del Estado convocó ayer "a todos los sobrevivientes" para que ofrecieran su testimonio sobre si las puertas fueron clausuradas durante el siniestro.

"Necesitamos las declaraciones para sostener la imputación de presuntos homicidio culposo y omisión de auxilio contra los propietarios del local", dijo la Fiscalía en un comunicado. ANSA

El día después.

Veinticuatro horas después del incendio en el centro comercial Ycuá Bolaños, en la periferia de Asunción, policías y bomberos continuaban las tareas de desescombro sin haber podido acceder aún a la cocina del restaurante donde se inició el fuego. Más de un centenar de víctimas fueron enterradas ayer en una inhumación común, mientras proseguía la tarea de identificación de la mayor parte de los cadáveres, carbonizados. La justicia acusó formalmente de homicidio doloso a Víctor Daniel Paiva (foto derecha) y a su padre Juan Pío Paiva, propietarios del centro comercial.



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