BRASILIA I EFE
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, cedió a las presiones de los agricultores y, pese a protestas de los ecologistas, volvió a liberar a partir de ayer el cultivo y la venta de soja transgénica en algunos estados del país.
El Diario Oficial publicó la decisión del mandatario en la forma de decreto, tal como el gobierno había hecho el año pasado en medio de una fuerte polémica sobre las supuestas bondades y males del grano genéticamente modificado.
Según fuentes oficiales, Lula decidió renovar el decreto del año anterior forzado por la demora del Congreso en aprobar un proyecto de ley que regulará las normas de la bioseguridad, entre las cuales se incluyen las reglas para la siembra de soja transgénica.
Los productores del grano genéticamente modificado en los sureños estados de Paraná, Río Grande del Sur y Santa Catarina, que lograron una autorización semejante en siete zafras anteriores, amenazaban con volver a plantarlo aún sin la aprobación del gobierno.
Alegaron que habían confiado en las promesas de las autoridades respecto a que el proyecto presentado hace un año por el Ejecutivo estaría aprobado antes de que, este mes, comenzara la época de siembra.
Eso hizo que comprasen unas 200.000 bolsas con semillas de la oleaginosa transgénica, asumiesen compromisos con suministradores de productos agrícolas, solicitasen créditos y comprometiesen la venta de sus cosechas a clientes, muchos de los cuales han anticipado parte de los pagos.
DUELO MINISTERIAL. El ministro de Agricultura y Pecuaria, Roberto Rodrigues, salió en defensa de los agricultores de los tres estados de la región sur, a los que se restringe la siembra de transgénicos, e inició una pulseada con su colega de Medio Ambiente, Marina Silva, militante ecologista opuesta a las manipulaciones genéticas.
Rodrigues argumentó que la agroindustria brasileña corría el riesgo de sufrir un duro golpe si la producción de soja transgénica quedase en la ilegalidad.
Brasil, que el año pasado produjo 52 millones de toneladas de soja, figura entre los tres principales productores mundiales junto a Estados Unidos y Argentina.
Según cifras oficiales, el cultivo de la leguminosa representa el 32% de la agropecuaria nacional, que en promedio genera unos U$S 180.000 millones de dólares anuales, equivalentes a la tercera parte del Producto Interior Bruto (PIB).
La ministra de Medio Ambiente, que esta semana se reunió al menos tres veces con Lula para alertar sobre posibles riesgos a la salud y la naturaleza, alegaba que no hay estudios científicos suficientes como para verificar la seguridad de la soja transgénica.
El gobierno brasileño determinó que la comercialización de la cosecha de la próxima zafra de soja transgénica fuera hecha hasta enero de 2006, plazo que podrá ser prorrogado por tres meses. EFE