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El presidente Carlos Mesa admitió que Bolivia enfrenta riesgos de separatismo si llama a una Asamblea Constituyente para debatir el pedido de autonomías que reclaman algunas regiones.
"La Constituyente es indispensable. ¿Es un riesgo? Sí. ¿Muy grande? Sí, pero el riesgo sería peor si no se hiciera", dijo el mandatario.
"Las cosas llegaron a tal punto que hay dos caminos: o se resuelve el tema de manera civilizada (en la Asamblea Constituyente), o a patadas y a tiros", agregó.
La revuelta popular de octubre que derivó en la muerte de 65 personas y precipitó la dimisión del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, resucitó viejas rivalidades regionales entre el occidente y el oriente del país, y alentó pactos entre regiones.
Santa Cruz, en el oriente y eje económico de Bolivia, enarboló el pedido de autonomías regionales en alianza con Tarija, situada al sur y en cuyo territorio está el 85% de las reservas de gas natural que posee este país.
A esas dos regiones no les gustó que el eventual negocio de exportación de gas, por un puerto chileno, se frustrara por protestas protagonizadas desde La Paz, en la región occidental, de mayoría indígena.
Bolivia es un país unitario desde su creación en 1825. Hace nueve años aprobó una ley de descentralización administrativa que no tuvo los resultados esperados.
Tras el referéndum sobre el gas que fue ampliamente favorable a su política energética, Mesa tiene el desafío de convocar a una Asamblea Constituyente para 2006.