El tema central de 2002 fue el reacercamiento entre Brasil y Argentina. Sólo el entendimiento entre los dos países más importantes podría sentar las bases de la inserción de América del Sur en el escenario mundial con personería propia.
La identidad no es algo abstracto ni ajeno a la realidad. Se verifica en hechos que pongan de manifiesto el peso específico de un país o un conjunto de países. Por algo la Unión Europea asume el riesgo de sumar diez naciones a una unidad ya de por sí compleja. De lo contrario, asumiría riesgos mayores.
América del Sur carece de un perfil definido, más allá de aspectos parciales. La batalla de la identidad no se juega en aspectos idiosincráticos, sino en el campo duro del poder: en lo económico, lo tecnológico, lo militar y lo cultural. La construcción de ese poder está mucho más allá de lo que cualquiera de nuestros países puede alcanzar aisladamente.
En 2003, Brasil y Argentina llevaron la cooperación al campo de la coordinación macroeconómica que permitió mantener sus monedas a la par frente al dólar.
Otros hechos ensancharon las bases de la integración regional: Perú se incorporó como Estado asociado al MERCOSUR, y se avanzó hacia una zona de libre comercio con la Comunidad Andina.
Sin embargo, el hecho de mayor significación fue el acuerdo firmado con la India el 25 de enero de 2004, en ocasión de la visita del presidente brasileño a aquel país. La India es una de las potencias emergentes que aspiran a jugar un papel en el nuevo mundo en ciernes.
Las negociaciones hacia la formación del ALCA, o hacia una zona de libre comercio con la Unión Europea o la participación del MERCOSUR en la ronda de Doha de la Organización Mundial de Comercio, plantean desafíos de cuya resolución dependerá el mayor o menor fortalecimiento del bloque.
Otro desafío al equilibrio regional será la durísima negociación que enfrenta el gobierno argentino por su deuda en default.
La continuidad de los procesos económico políticos no es lo propio de nuestra región y por eso importa resaltar estas instancias como producto de la cooperación y la convergencia entre Brasil y Argentina.
En la región prevalecen factores desalentadores como los altos índices de pobreza extrema, el narcotráfico y la emigración.
Pero la aceleración sin precedentes del ritmo de la integración parece informar un nuevo momento en una zona del mundo con condiciones para aspirar a mejores destinos.
Daniel Mazzone
Editor de El País digital