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José Genoino, presidente del Partido de los Trabajadores de Brasil
"Gobernar es más difícil que ser oposición"
El presidente del partido de Lula repasa los primeros 100 días del gobierno de izquierda en Brasil.

A Luiz Inacio Lula da Silva lo irrita que lo acusen de encarnar un continuismo con respecto al gobierno de su predecesor Fernando Henrique Cardoso. Lula, en parte, tiene razón: su gobierno no está simplemente continuando el legado de Cardoso, sino profundizándolo. Apenas el prurito producido por el recuerdo de las viejas consignas de izquierda no le permite al nuevo gobierno aceptar algo que luce obvio: el Partido de los Trabajadores (PT) no llegó para romper las reglas de juego construidas por el gobierno anterior, sino para perfeccionarlas.

Los primeros 100 días de gobierno de Lula no sólo sirvieron para archivar las pretensiones de la izquierda que pensaba que la victoria de Lula equivalía a una revolución bolchevique, sino también las de la derecha que veía al sindicalista católico como a un ogro confiscador.

A 100 días de su asunción, los brasileños continúan apoyando masivamente a Lula, pero con menos euforia. Los que tenían expectativas de que hiciera un gobierno "excelente o bueno" eran 76% cuando él asumió. Hoy son el 43%, según el Instituto DataFolha.

En esta entrevista, el presidente nacional del PT, José Genoino, demostró que su partido está terminando de pulir las contradicciones de la campaña y comienza a asumir su posición socialdemócrata.

—¿El manejo del gobierno está siendo como imaginaban?

—Gobernar es siempre más rico de lo que uno imaginaba. Pero no es diferente. El PT se preparó para gobernar, construyendo una política de alianzas. Gobernar es siempre un desafío mayor, y por eso nuestro programa fue ampliado con sectores empresariales y políticos. Y Lula está gobernando con autoridad pero sin autoritarismo, negociando sin quedar paralizado.

—El gobierno está teniendo éxito en el sector financiero aplicando políticas que antes condenaba: un banquero en el Banco Central, aumento de la tasa de interés. ¿Por qué?

—Pusimos a un banquero en el Banco Central (Henrique Meirelles, ex presidente mundial del BankBoston) porque fue la elección más correcta en aquel escenario, y porque era un banquero pero no pertenecía al grupo de la especulación. Y la tasa de interés la subimos para parar la inflación. A mediano o largo plazo vamos a bajar esa tasa, pero tuvimos que utilizar esas políticas monetarias para gobernar la crisis y no ser gobernados por la crisis. Nuestra crítica al gobierno anterior es que sólo tenía política monetaria.

—¿Si la receta que el PT aplica es la misma, el gobierno no va a hacer ningún mea culpa por haberse opuesto tan virulentamente a políticas del gobierno anterior?

—No, nosotros no haremos ningún mea culpa. Claro que cuando el PT era oposición ideologizó algunas cosas. Yo no lo hice, porque siempre fui un reformista radical. Quizás el PT sí. Pero nuestros compromisos con un modelo económico que genere empleo, soberano y que haga inclusión social, siguen siendo nuestros.

—Luciana Genro, una diputada de su partido, dijo días atrás, hablando de las políticas ortodoxas del PT, que "las elites perdieron las elecciones, pero mantuvieron el poder". ¿Los "radicales" del PT ya fueron alineados al gobierno?

—La opinión de Luciana, respetuosamente, no tiene sentido. Nosotros estamos aplicando en Brasil un proyecto histórico. Nunca la izquierda había llegado al poder en Brasil. Estamos cambiando la agenda del país: hoy discutimos las tasas de interés, pero también la guerra y la jubilación. Algunos compañeros de izquierda están haciendo una agitación izquierdista sin muchos fundamentos. Pero siempre vamos a dialogar con estos compañeros, para que se queden en el PT y aprendan que gobernar es más complejo que agitar.

—¿A qué se refiere Lula cuándo dice que este año "se va a hacer lo que se puede, y el próximo lo que se quiere"?

—Que este año nosotros tenemos que trabajar para crear las condiciones para superar la crisis económica, los efectos de la guerra, la inestabilidad, y avanzar para implementar el próximo año un proyecto de país con empleo, crecimiento, inclusión social y una inserción soberana en el mundo.

—¿Alcanzando qué objetivos este gobierno habrá cumplido su misión?

—Si logramos generar empleo y mejorar la distribución de riquezas, la misión estará cumplida. Para eso tenemos que recuperar la capacidad productiva del país. Y realizar programas de inclusión, como el Hambre Cero, la reforma agraria y programas de vivienda.

—Justamente, el programa Hambre Cero, que otorga 13 dólares por familia por mes, está siendo muy criticado. Algunos analistas llegan a calificar la política asistencial del gobierno como "desastrosa".

—Terminar con el hambre en Brasil no es poca cosa. Y no pretendíamos hacerlo en 100 días. Lo importante es que pudimos poner en la agenda el combate al hambre, un tema que no estaba entre las prioridades. Cometimos algunos errores, pero el gobierno acepta críticas.

—El Movimiento de Trabajadores Sin Tierra (MST) está quejándose de que al gobierno le falta más acción. ¿La experiencia del gobierno Cardoso, que fue el que más entregó tierras a los campesinos, probó que apenas dar tierra no es suficiente?

—Claro, reforma agraria significa darle oportunidades a la pequeña y mediana propiedad rural para que tenga condiciones de producción. Eso es más importante que entregar tierra. El MST es un movimiento autónomo en relación al PT y el gobierno. Ellos pueden presionar, pero nosotros vamos a negociar. La reforma agraria es la del gobierno Lula, no la del MST.

—Esas reformas, como la laboral, que inevitablemente tendrá que cortar derechos adquiridos, no habrían podido ser hechas si hubiera ganado el candidato socialdemócrata José Serra, porque la oposición del PT habría sido muy dura. ¿No es una ironía que sea el PT el que las está llevando a cabo?

—No es una ironía, porque nuestras reformas son diferentes. Yo siempre dije que un verdadero contrato social en Brasil sería hecho por Lula, porque los de abajo tienen confianza en negociar con él y los de arriba tendrán que ceder algunas cosas.

—Hablando de ceder, la última vez que lo entrevisté usted habló que si Lula ganaba, las elites iban a tener que ceder. ¿Ratifica eso ahora como parte del gobierno?

—¡Claro! Van a tener que ceder en la reforma agraria, en la reforma tributaria, van a tener que dejar de usar los bancos públicos para financiar privatizaciones a multinacionales. No vamos a hacer ninguna ruptura, pero vamos a presionar para que el país sea equilibrado socialmente.

—¿Una hipotética victoria del candidato Carlos Menem en las elecciones argentinas podría dificultar las relaciones con Brasil, considerando que Menem y Lula ya cruzaron agresiones verbales varias veces?

—Creo que no, porque nuestro gobierno quiere invertir políticamente en el hemisferio sur. Para nosotros, el Mercosur es un foro político antes que económico. Y para nosotros es muy importante que exista en la Argentina una estabilización política y económica. Si Brasil, Chile y la Argentina tienen una estabilidad y una economía relativamente estables, eso puede influir una dinámica nueva en América del Sur. Sobre Menem..., nosotros estamos preparados hasta para negociar con Bush, así que imagínese.

—El desprecio del presidente de Estados Unidos por el multilateralismo, ¿le preocupa al gobierno de Brasil?

—La política de Bush es atrasada, fundamentalista, y lleva a una profundización de los conflictos internacionales. Pero al mismo tiempo permite un cambio en el arco de alianzas con los bloques, con Europa, Asia, países emergentes. Va a surgir un nuevo orden económico y político con esta guerra. Nuestra relación con Estados Unidos no es de guerra, sino de sociedad, pero defendiendo los intereses brasileños, y por eso Lula condenó la guerra, porque es una cuestión de principios.

—¿Cuál es, entonces, su evaluación sobre estos primeros 100 días?

—El gobierno acertó en lo fundamental y está desmontando todos los dogmas que plantaron contra él: que Brasil iba a ser un caos. Este es un gobierno que no es arrogante, respeta posiciones y tiene los pies en el suelo. Hay cosas que podemos hacer ahora, otras que van a llevar más tiempo, y cosas que no se pueden hacer.

De la lucha armada al centro

Campesino, militante, guerrillero y diputado

José Genoino tiene 56 años y fue diputado nacional cinco veces. Perdió la última elección de gobernador del estado de San Pablo. Fue campesino y sindicalista en los 60, y guerrillero y preso político durante la dictadura en los 70.

Hoy es presidente del Partido de los Trabajadores (PT) y forma parte de las corrientes de centro de esa agrupación. Es especialista en temas de defensa e interlocutor partidario ante las fuerzas armadas. En el último foro social, realizado en Porto Alegre, recibió un tortazo de crema en el rostro por parte de una manifestante descontenta por la presencia de Lula en el Foro Económico Mundial de Davos, signo de la postura moderada del nuevo PT.

Por Luis Esnal

La Nación/GDA



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