Muchas cosas son inciertas sobre el futuro del gobierno del Presidente brasileño, Luiz Inácio Lula daSilva: si podrá evitar el quiebre del Partido de los Trabajadores (PT); si será capaz de mantener laaltísima aprobación que tiene entre la ciudadanía, superior al 80%; si logrará finalmente la tan anheladaconfianza de los inversores y mercados... Pero hay algo sobre lo que no hay duda: las estrechecespresupuestarias con las que tendrá que lidiar, si no en todos, durante buena parte de los años que estaráal frente de su país.
Si lo anterior es complicado para cualquier líder, lo es más para uno como Lula, históricamenteidentificado con los sectores obreros y principal depositario de las reivindicaciones de millones dedesposeídos. Esto explica las elevadas expectativas que pesan sobre él, las cuales pueden ser un armade doble filo.
Por lo mismo, Lula quiere que su gestión tenga un marcado acento social. El problema es que elcontexto económico en que tendrá que hacerlo no lo ayuda en nada y limita sobremanera su capacidadde acción. El presupuesto aprobado en las postrimerías del mandato de su predecesor, FernadoHenrique Cardoso, es el más pequeño en la historia de Brasil y, además de los problemas de fondo dela economía local y el pago de la deuda, el contexto externo, con vientos huracanados de guerra, hacetodo más difícil.
"Ajuste de cinturón"
Con este interés en mente, a pesar del recorte de US$ 4 mil millones en el presupuesto anual efectuado a mediados de febrero y que se produjo poco después de que se subiera la meta de superávit primario del 3,75%acordado con el FMI al 4,25%, el gobierno se preocupó en aclarar que esto no afectará las políticassociales y de creación de infraestructura, sino que significará un duro "ajuste de cinturón" en las otrasáreas. Y como prueba lanzó un "paquete social" de 14 medidas, todas ellas calificadas de insuficientespor los miembros radicales del PT.
Cómo financiar los programas sociales de Lula se ha convertido en algo así como la pregunta delmillón. Y es así que parece hoy mayor que nunca la necesidad de lograr el consenso parlamentario paraque una serie de reformas estructurales, al sistema tributario, seguridad social, política y laboral, que sedebaten desde hace años, sean ya leyes.
De esa forma, además de los mayores ingresos que se puedan obtener vía reactivación económica, sobre todo a través del fomento de las exportaciones, se espera llevar recursos a las alicaídas arcas públicas.
Curiosamente, el mismo PT torpedeó los intentos que en ese sentido hiciera Cardoso. Esto, por su puesto, amén de poderosos intereses corporativistas, fundamentalmente de los gobiernos de los estados, sindicatos (en especial el de los empleados públicos) y municipios.
Aunque tuvo un crecimiento notable en número de parlamentarios, el PT no tiene mayoría ni consensointerno para lograr su aprobación. Por eso, es crucial que logre acuerdos con el Partido del MovimientoDemocrático Brasileño (PMDB), uno de los principales referentes opositores, ya que es más difícil quepueda hecerlo con el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), la formación de Cardoso.
En una conversación con "El Mercurio" en Brasilia, José Genoino, presidente del PT, explicó que ellosse opusieron a aprobar reformas clave como, por ejemplo, la de la seguridad social, porque la esenciadel proyecto de Cardoso era "fiscal y no implicaba un cambio de modelo".
Transición
"Defendemos un sistema cuatripartito de administración de la seguridad social, de manera que sea administrada y fiscalizada por el gobierno, empresarios, trabajadores y jubilados", dijo. Y explicó que la idea de su plan es que los que ganen más de 10 sueldos mínimos puedan poner su plata enadministradoras públicas o privadas. "Se necesita una transición hacia un nuevo sistema", agregó
Genoino.
Igual de trascendental es la reforma tributaria, ya que se sabe que el actual sistema impositivo encarecedemasiado la producción y, por tanto, le quita competitividad a la industria local. Además, losengranajes de la recaudación fiscal entre el gobierno federal, los ejecutivos estaduales y los municipioses confuso.
En este momento de su gobierno, Lula cuenta con una tremenda popularidad que debería aprovecharpara impulsar la negociación política de las reformas. Así opina José Guilhon de Albuquerque, reconocido cientista político de la Universidad de Sao Paulo (USP), que conversó en esa ciudad con este diario.
Según él, como no es un tema nuevo, ya se sabe lo que se puede hacer o no "porque los proyectos yaestán sobre la mesa". Por eso, dice, lo que Lula trata de hacer es presentar las reformas como si fueransuyas, justo para aprovechar en la mesa su tremenda popularidad actual.
Todo apunta a que Luis Inácio Lula da Silva presentará sus proyectos antes del fin del primer semestre.Para algunos es imposible su aprobación. Pero, tal como comentó en su despacho a este diarioCristovam Buarque, ministro de Educación, puede que sea "tan imposible, como imposible era queLula fuera Presidente". El Mercurio de Chile, Grupo de Diarios de América