MARTIN AGUIRRE REGULES
Los desafíos de la integración regional y la situación de Bolivia después de la grave crisis que forzó la salida de Sánchez de Lozada son los temas que el presidente Carlos Mesa abordó en una charla con EL PAIS, en el curso de su visita para participar de la cumbre del Mercosur.
—En los ultimos tiempos, sobre todo a partir de la crisis argentina, se ha visto una hegemonía de Brasil a nivel regional. ¿Cree que es bueno para la integración que haya un país con un liderazgo fuerte, o le gustaría que fuera más balanceado?
—Sin dudas, el balance y el equilibrio son siempre deseables, y creo que debiéramos apuntar a esto. Pero los hechos objetivos suelen ser testarudos, y los hechos objetivos te colocan en la realidad de que Brasil, por muchas razones como su peso específico, su tamaño, tiende a generar un liderazgo, y la palabra de Brasil tiende a convertirse en una palabra fundamental; un sí o un no de Brasil en el contexto sudamericano es trascendente. Esos son los hechos a los que uno debe adecuarse. Cómo combinar esos hechos con la necesidad de un mayor equilibrio es el secreto del éxito o el fracaso de todo proceso de integración.
—Uno de los temas que se discute es si es más conveniente una integración que privilegie lo económico o lo político, como han insistido Argentina y Brasil con el tema del parlamento común. ¿Cuál es su opinión?
—La experiencia de la CAN (Comunidad Andina de Naciones) marca la necesidad de tiempos simultáneos, de ir paso y paso. La CAN trabajó mucho sobre los temas económicos y tardó mucho en profundizar los políticos. Creo que ya hay una experiencia, casi paradigmática a tomar en cuenta que es la de la UE, que nos muestra cuáles son los pasos a dar, cuáles son las dificultades de estos procesos, para que aprendiendo de esas experiencias intentemos avanzar de la manera más simultánea posible. Creo que no es uno antes que otro, creo que son procesos en los que se debe avanzar paso a paso.
—Qué opina de la presencia de un observador de la UE en la cumbre, y de esta suerte de "cortejo" de EE.UU. por un lado con el ALCA y de Europa por el otro, hacia los países de la región?
—En el contexto mundial dentro del que está America Latina, la opción única por EE.UU. es una opción que restringe los márgenes de juego. Para toda sociedad y toda persona el tener más de una posibilidad donde escoger siempre es mejor. Me parece útil que el Mercosur, la CAN y el conjunto de nuestras naciones miren en Europa una posiblidad de integración comercial, de mercados, que pueden ser opciones independientes de la del ALCA. Pero creo que si bien hay muchos elementos del ALCA todavía pendientes de debate, sin dudas es el escenario más importante dentro del cual podemos movernos.
—A dos meses de la crisis que le costó el cargo a su antecesor, ¿cómo está su país?
—Lo primero que hay que decir es que el país está en paz. Luego de un momento de enfrentamiento que parecía conducirnos a una verdadera debacle de violencia, esta es una muy buena noticia. Se logró pacificar el país rápidamente, y que los bolivianos tomaran conciencia de asumir la gravedad del momento y los riesgos de seguir en posiciones extremas. A pesar de ello hay todavía algunos pequeños focos de grupos radicales que parece no han terminado de leer la realidad.
—Con la perspectiva que da el tiempo, ¿cuáles cree que fueron las causas reales de la crisis? ¿Fue el gas? ¿Hubo manipulación política del descontento social?
—La crisis fue el producto de un largo proceso histórico. Octubre pagó una larga factura histórica que le podía haber tocado a cualquier gobierno. Probablemente el mayor problema del gobierno de Sánchez de Lozada fue que no hizo una lectura correcta de lo que estaba pasando y no fue lo suficientemente flexible para responder a las demandas de la gente. Los bolivianos no hemos logrado resolver históricamente un viejo problema de exclusión y de pobreza extrema. La discriminación y el racismo son elementos vivos en la sociedad boliviana, y eso que tiene que ver con una cierta concepción de las elites es todavía un tema pendiente. El otro elemento es que en los últimos años se había quebrado la relación entre el Estado y la sociedad. Eso significaba que nadie cumplía la ley, que la responsabilidad ciudadana había desaparecido. La idea es que yo tengo derechos pero no tengo deberes. Si no logramos recuperar estos elemento básicos —la responsabilidad individual del ciudadano y el sometimiento a la ley— no tenemos un futuro con posibili-dades.
—De la crisis emergieron personajes como Evo Morales o Felipe Quispe, caras visibles del movimiento social. ¿Cómo es su relación con ellos?
—Entiendo que desde el exterior se los ha visto como figuras centrales, pero esto corre el riesgo de ser una peligrosa simplificación. Evo Morales sin ninguna duda es una figura muy importante, tambien Felipe Quispe en tanto representan el surgimiento de una posición diferente a la que el sistema tradicional ha tenido como protagonista en Bolivia. Pero no reflejan la totalidad de la visión del país. Pasa que los grandes partidos tradicionales se agotaron, y dejaron un vacío, y ese vacío fue llenado por sectores muy radicalizados. Quispe tiene una visión indigenísta clásica, la recuperación del "coyasuyo" como discurso: Bolivia no existe, lo que hay que hacer es recomponer el viejo imperio incaico. Quispe tiene una visión unilateral, geográficamente está muy enquistado en el mundo aymara, es decir en La Paz y el lago Titicaca, con un discurso radical anti Bolivia. El caso del MAS (Movimiento al Socialismo) de Evo Morales es mucho más complejo: allí conviven posiciones radicales y otras mucho más moderadas. El MAS se está volcando progresivamente hacia posiciones menos radicales y en general su actitud frente al gobierno, hoy por hoy, es racional, de distancia respetuosa. No hay una presión o un proceso de amenazas o de buscar lo imposible. Pero hay además otros líderes como (el ex presidente) "Tuto" (Jorge) Quiroga que está recomponiendo su partido, y hay que ver qué pasa también con los partidos tradicionales que tienen que recomponerse y de ello depende mucho lo que ocurrirá en el futuro.
—¿Cuando determinados movimientos sociales logran derribar un gobierno, cuando sienten el "sa-bor" del poder, ¿cómo se les aplaca? ¿le van a permitir culminar su mandato?
—Es el desafío más importante. Es correcto decir que hay sectores en la zona del El Alto en la Paz, en el altiplano, que fueron los que "derrocaron" al anterior gobierno, y la palabra ya te marca una visión de ellos que está al margen de la democracia. Esos sectores radicales ya han amenazado al presidente Mesa en varias ocasiones, y yo ya les he dicho que para mí el poder no es ningún afrodisíaco, el poder en sí mismo no me interesa, así que si quieren venir a palacio y sacarme, que lo hagan; y no porque no tenga las ganas ni la responsabilidad de cumplir mi mandato —que sí las tengo—, sino para hacer valer mi distancia. No estoy dispuesto a aceptar demandas irracionales, y mi capacidad de respuesta será la capacidad de la gente de entender lo que yo represento, no por mí mismo sino por lo que se está jugando el país: se está jugando el futuro y la democracia. Sin duda estos grupos que han sentido el sabor del poder van a seguir presionando y ahí está mi mayor dificultad.
—Otro tema que ha resurgido últimamente es el de la salida al mar de Bolivia. En su opinión, ¿es un tema del pasado o tiene una solución diplomática viable?
—Primero y fundamental, Bolivia no va a renunciar a su reivindicación. Para Bolivia no es un tema del pasado ni de la historia. Y Bolivia viene insistiendo en que ése es el gran desafío: resolver un tema del siglo XIX con mentalidad del siglo XXI. Yo creo que es importante que Chile, que es un país que ha venido apostando por la modernidad, esté también en condiciones de dialogar sobre este tema. Creo que se puede resolver diplomáticamente y creo que el equilibrio y la estabilidad de la región pasa por resolver el tema marítimo de Bolivia.
—Después de haber sido periodista político tanto tiempo, se ve más difícil la situación ahora que está del otro lado del mostrador?
—Es distinto por una razón: el análisis es reflexión y duda, y el gobierno es acción. Siempre una pizca de reflexión es importante, pero si te quedas en eso puedes quedarte congelado, esa es la diferencia.
Perfil
Periodismo y poder
Nacido en La Paz el 12 de agosto de 1953, Carlos Mesa es egresado en Literatura de la Universidad Mayor de San Andrés, está casado, tiene dos hijos y más de diez libros escritos.
Ha trabajado en radio, prensa y televisión. Fue subdirector de un diario, director de dos canales de TV y creador de una empresa periodística.
En 1994 ganó el Premio Internacional de Periodismo "Rey de España". Su otra pasión junto con el periodismo es la Historia.
El hecho de que acompañara en la fórmula al ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada motivó críticas de parte de sus antiguos colegas a quienes respondió que "he tomado la opción para poner en práctica mis ideas