Unos 20.830.000 habitantes de la Argentina son pobres. De ellos, 9.960.000 viven bajo la línea de la indigencia, lo que equivale a decir que los ingresos percibidos en sus hogares no alcanzan siquiera para procurarse la alimentación básica. La cifra es un récord absoluto y revela que, entre octubre de 2001 e igual mes de 2002 –cuando se realizan las mediciones oficiales–, 6.960.000 personas traspasaron la barrera y se convirtieron en los nuevos pobres de un país de 36 millones de habitantes que vive la peor crisis de su historia, con estallido social, descomposición política, devaluación, pesificación y quiebre de contratos. En tanto, a la fila de indigentes se sumaron 5.040.000.
Los datos surgen de estimaciones basadas en los resultados de la Encuesta Permanente de Hogares que, según informó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), arrojó una tasa de pobreza del 57,5% de la población de los 31 principales centros urbanos del país, donde los pobres suman 13.870.000 y los indigentes, 6.638.000, con un índice, en este último caso, del 27,5 por ciento. En las ciudades alcanzadas por el relevamiento del Indec, el 45,7% de los hogares es pobre y el 19,5%, indigente. La diferencia de estas tasas con las que indican la cantidad de personas pobres se explica por la cantidad de habitantes de cada casa.
Respecto de mayo de 2002, cuando la devaluación del peso ya había comenzado a generar inflación y la pobreza alcanzaba una tasa del 53%, la cantidad de pobres se elevó en algo más de 1.600.000 personas.
Alza de precios
Para calcular los índices de pobreza e indigencia, el Indec tomó en cuenta el valor de dos canastas de productos a septiembre de 2002 y estableció cuántas familias perciben ingresos que, por ser demasiado bajos, no les permiten acceder a esos bienes y servicios. A partir de ese mes, y hasta diciembre, esos valores registraron aumentos de entre el 0,35 y el 0,81%, lo que podría haber empeorado los índices aunque, por otro lado, la leve recuperación de los niveles de empleo puede haber ayudado a aliviar la situación.
La región que registró el récord de proporción de su población con ingresos insuficientes es el Nordeste (Corrientes, Misiones, Formosa y Chaco), donde el índice de pobreza llega al 71,5% y el de indigencia, al 41,9 por ciento. En esta zona, las ciudades registraron las menores tasas de crecimiento de pobreza de todo el país, lo que podría entenderse porque la situación ya estaría más cerca de encontrar su dramático techo en relación con otros lugares.
Por el contrario, donde el avance del deterioro de las condiciones de vida se sintió en el último año con mucha más fuerza fue en la zona patagónica y en la ciudad de Buenos Aires, que tuvieron históricamente índices de pobreza más atenuados. En el sur del país (Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego), la pobreza afecta al 45,6% de la población y la indigencia, al 21 por ciento. Río Gallegos fue la ciudad con mayor crecimiento de los índices. Mientras que un año atrás uno de cada diez de sus habitantes era pobre, esa proporción se eleva ahora a más de tres de cada diez.
El distrito porteño vio crecer el índice desde el 9,8% de octubre de 2001 al 21,2% en la última medición. Junto con Formosa, fueron las dos únicas ciudades que, al menos, lograron mejorar el índice de indigencia con respecto a mayo de 2002, algo que básicamente se logró por la instrumentación del plan Jefas y Jefes de Hogar Desocupados. En Formosa, la baja fue del 45,4% al 36,8% y en Buenos Aires, del 6,3 al 5,7 por ciento. Sin embargo, el crecimiento de la indigencia en el nivel general (fue del 13,6% en octubre de 2001, del 24,8% en mayo de 2002 y del 27,5% en el décimo mes del año pasado) refleja que el plan social poco puede hacer para paliar la situación. La causa es simple: una familia tipo necesita $ 716 por mes para no ser pobre o al menos $ 324 para no caer en la indigencia, mientras que la asignación del plan es de $ 150 mensuales.
De todas formas, el Indec estimó que, sin el plan, la pobreza habría llegado al 58,1% y la indigencia, al 30,5 por ciento.
Formosa tuvo también una reducción de la pobreza con respecto a mayo de 2002, del 78,3% al 68,7%, una tendencia que también siguió la ciudad de Santa Rosa, donde el índice pasó del 49,8 al 49,5 por ciento.
En el Noroeste (Jujuy, Salta, Catamarca, La Rioja, Santiago del Estero y Tucumán) es pobre el 69,4% de la gente y el 35,1%, indigente. En Cuyo (Mendoza, San Juan y San Luis), el 61,3% de los habitantes sufre la pobreza y 29,7% vive en la indigencia. La región pampeana (provincia de Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe y La Pampa) tiene al 56,7% de sus habitantes en situación de pobreza y al 27,2% en la indigencia.
Los datos de la encuesta se refieren a la población urbana –considera todas las capitales de provincia y todas las que tienen más de 100.000 habitantes–, pero los resultados de estudios anteriores y privados hacen suponer que la pobreza rural es aún mayor, por lo cual, al extrapolar los resultados a todo el país, se suponen tasas similares o mayores. Además, según el sociólogo Artemio López, de la consultora Equis, las proyecciones estadísticas indican que el 9,1% de los habitantes del país está "en zona de riesgo", ya que vive en hogares con ingresos mayores a los requeridos para no ser pobres, pero por debajo de los $ 940.
Esa brecha, según explicó, los ubica en una posición frágil, ya que cualquier cambio en sus ingresos o alza de precios más o menos considerable los haría estar bajo la línea de pobreza. Y entonces, la pobreza podría atrapar hasta al 66% de la población. La Nación de Buenos Aires, Grupo de Diarios de América