Una voz común frente al mundo para temas económicos y políticos. Palabras, palabras menos, de ese modo puede resumirse el ambicioso plan que los cancilleres de la Argentina y Brasil, Carlos Ruckauf y Celso Amorim, respectivamente, plantearon para el Mercosur.
La prueba de fuego está cerca: el 15 del actual 34 países deben presentar sus ofertas específicas para reducir las barreras comerciales en agricultura, bienes, servicios, inversión y contratos gubernamentales, de cara a la puesta en marcha del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Y pocos días después será el turno de las negociaciones con la Unión Europea (UE), oportunidad en la que piensan reeditar la coincidencia del bloque del Sur.
Los planes de Ruckauf y Amorim apuntan a que la Argentina y Brasil presenten, por primera vez en la historia, una lista común -aunque más no sea "mínima"- de productos. El objetivo de máxima es sumar a esa coincidencia a Uruguay y Paraguay, los otros dos integrantes del Mercosur. Pero la propuesta se hará extensiva a diferentes áreas de modo tal de alcanzar lo que imaginan como una política exterior común del Cono Sur.
El canciller brasileño desayunó con representantes del Grupo Brasil (empresarios con intereses en la Argentina), se entrevistó con Ruckauf y almorzó con el presidente Eduardo Duhalde. En los tres encuentros, Amorim opinó sobre la posición que debe adoptar el Mercosur frente al ALCA, cuyas negociaciones para eliminar las fronteras comerciales en América deberían estar concluidas para 2005.
"Como dijo Lula (por el presidente Luiz Inacio da Silva) tenemos mucho interés en negociar el ALCA junto con la Argentina y los otros miembros del Mercosur. Debemos esforzarnos para definir una propuesta común para cuando tengamos que sentarnos a la mesa de negociación", enfatizó Amorim.
Como toda administración en su debut, la de Lula aún saborea las mieles de la victoria y genera, hacia afuera y adentro, la esperanza de lo nuevo. Subidos a ese escenario, los brasileños resultan más convincentes respecto del entusiasmo con el que se proponen resucitar el Mercosur. Para remontar la imagen de debilidad que le adjudica el hecho de ser un gobierno de transición a dos meses de su final, la administración duhaldista dice estar tomando algunos recaudos.
La estrategia local
Con el fin de dar señales en el sentido de que la nueva movida en pos del Mercosur será duradera -una política de Estado, como gustan denominar las autoridades a las cosas que pretenden hacer ver como definitivas, en las últimas semanas se realizaron reuniones de los equipos técnicos de los ministerios de Relaciones Exteriores argentino y brasileño. Además, ya figuran en agenda encuentros de los asesores de política internacional de los candidatos presidenciales con diplomáticos, además de las reiteradas reuniones que representantes del oficialismo tienen con legisladores de diferentes partidos.
Como parte del entendimiento -casi idilio argentino-brasileño-, ayer se acordó avanzar en las denominadas cadenas productivas, un recurso que básicamente establece que los países (Brasil y la Argentina, en este caso) no compitan en un mismo rubro. Según un diplomático local, eso se traduce en la división de tareas a la hora de fabricar un automóvil. Por ejemplo, una de las naciones se encarga de la fabricación de las piezas de chapas y otra de los componentes electrónicos. La Nación de Argentina, Grupo de Diarios de América