El ministro de Hacienda brasileño, Antonio Palocci, advirtió ayer que Brasil utilizará el mecanismo de adaptación competitiva (MAC), las salvaguardas acordadas con Argentina para regular las importaciones.
"Brasil también va a usar el mecanismo, no tengo ninguna duda", dijo Palocci a los periodistas brasileños en Moscú, en donde acompañó las reuniones del Grupo de los Ocho (G-8), integrado por los países más industrializados.
Según el ministro, productores rurales del estado de Río Grande do Sul, que tienen productos con fuerte competencia con los argentinos, como vinos o arroz, adelantaron al gobierno que podrán hacer uso de las salvaguardas.
Argentina y Brasil acordaron el mecanismo de salvaguardas, a pedido de Buenos Aires, para impedir eventuales "invasiones" de productos de un país en el mercado del otro. El convenio generó alivio en la vecina orilla y la ira de la poderosa Federación de la Industria del Estado de San Pablo.
"No es un buen paso para el Mercosur crear un sistema de restricción de comercio. No es un avance. Pero en las condiciones que estaba dada la relación con los argentinos en algunos sectores, o hacíamos el acuerdo o probablemente el Mercosur hubiese salido más perjudicado", explicó Palocci.
Según el ministro, el gobierno brasileño insistirá de ahora en adelante ante Argentina en que el Mercosur se articule para conquistar terceros mercados.
"El mayor triunfo sería el Sello Mercosur, pero precisábamos resolver algunas cuestiones antes entre nosotros mismos", concluyó Palocci.
Las salvaguardias habían sido planteadas por el ex ministro argentino de Economía, Roberto Lavagna, como forma de revertir el sistemático déficit comercial de su país con respecto a Brasil. La industria brasileña sostiene que la argentina no invierte lo suficiente y por eso no es competitiva.
Palocci también insistió ante los jefes de las grandes economías del mundo la necesidad de que abran sus mercados.
El planteo fue hecho por la delegación de Brasil, China , India y Sudáfrica que fueron invistados a la cumbre del G-8 en Moscú ansa