Brasil se ha convertido en el tercer mayor productor mundial de transgénicos, en sólo dos años en los que la producción fue legalizada, según datos del Servicio Internacional de adquisición de aplicaciones agro-biotecnológicas (ISAAA) y del ministerio brasileño de Agricultura.
Cinco países cultivan casi 95% (85,4 millones de hectáreas) de toda el área del planeta destinada a transgénicos: el primero es Estados Unidos, con 49,8 millones de hectáreas; segundo Argentina, con 17,1; tercero Brasil, con 9,4; cuarto Canadá, con 5,8, y China es quinto, con 3,3 millones de hectáreas, según la fuente de referencia.
La soja lidera el ranking de los productos transgénicos más cultivados en el mundo: 60% del área total (54,4 millones de hectáreas).
El jefe de Gestión Estratégica del Ministerio de Agricultura brasileño, Elisio Contini, se congratuló del avance de los transgénicos, a pesar de que ha sido un tema polémico en Brasil.
Poco a poco, el mundo está adoptando más los transgénicos, ese es el inicio de un proceso que va muy lejos, dijo en un comunicado.
En Brasil, el plantío comercial de productos transgénicos fue parcialmente legalizado en 2004, por una medida provisional del gobierno, que autorizó por un año el cultivo de soja transgénica, según el Ministerio de Agricultura de Brasil,
El sureño estado de Río Grande do Sul, vecino con Argentina, fue el primero a plantar la soja genéticamente modificada, pero posteriormente se sumó Argentina y Uruguay y actualmente la oleaginosa es el principal cultivo dentro del ciclo agrícola.
En 2005 el gobierno mantuvo la autorización, y permitió el cultivo de algodón en algunas regiones.
También el año pasado, cerca de 109.000 agricultores, la mayoría de Río Grande do Sul, plantaron transgénicos.
La cuestión fue muy polémica en los últimos años en Brasil, que se había mantenido como país libre de transgénicos, pero cuyos agricultores habían comenzado a importar ilegalmente semillas de Argentina.
La cuestión está ahora regulada por una ley que establece los estudios de impacto ambiental y a la salud necesarios para la aprobación de los cultivos.
El principal motor que impulsa el uso de transgénicos es la baja de los costos y los mayores rendimientos.
Por ejemplo, en el caso de la soja con el gen RR (resistente a los herbicidas) es posible asegurar un cultivo sin malezas y menores pasadas de químicos sobre la chacra.