RIO DE JANEIRO | ANSA
El presidente brasileño, Luiz Lula da Silva, que decidirá a mitad de año si se presenta a la reelección, recuperó el liderazgo en las encuestas para los comicios generales del 1º de octubre, luego de una fuerte caída de popularidad por la crisis de corrupción dentro del Partido de los Trabajadores (PT).
Una encuesta de Ibope para la revista Isto é muestra a Lula con el 35% de los votos, frente al 31% de José Serra, el alcalde de San Pablo, del Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB), del ex presidente Fernando Henrique Cardoso (1995-2002).
En diciembre Serra, según Ibope, estaba al frente con el 37%, contra 31% de Lula.
La carrera presidencial en Brasil ha comenzado, sobre todo del lado de la oposición, y en el inicio del año empiezan a vislumbrarse los posibles candidatos para las presidenciales del 1º de octubre.
Pero los dos favoritos, Lula y Serra, aún no decidieron si se presentarán. Lula le dijo al sector aliado del centrista Partido del Movimiento de la Democracia Brasileña (PMDB) que todavía no hablará de reelección, durante una cena celebrada el jueves con dirigentes oficialistas de esa agrupación.
La encuesta de Ibope muestra en tercer lugar al ex gobernador de Río de Janeiro, el pastor evangélico Anthony Garotinho, que en marzo disputará las primarias del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) con otros precandidatos.
Entretanto, según el diario Folha de Sao Paulo el ex presidente Cardoso ya se decidió por Serra como el favorito de la oposición a Lula.
Desde Oxford, donde daba una conferencia, Cardoso afirmó que Lula da Silva, tiene posibilidad de ser reelecto pero para ello tendrá que tomar "mucha vitamina" y resolver los problemas políticos y morales de su actual gobierno.
Cardoso había estimado a fines del año pasado que Lula vería dificultada su reelección por la crisis política que estalló en junio de 2005 debido a las acusaciones de corrupción contra integrantes del gobierno y del Partido de los Trabajadores de Lula.
Analistas políticos indican que el PT no tiene otro candidato más allá de Lula, dada la crisis de credibilidad en los dirigentes del partido fundado en el cordón industrial de San Pablo.
Este año, las denuncias obligaron a la dirigencia petista a admitir que financió ilegalmente campañas electorales propias y de sus aliados, los conservadores Partido Liberal, Partido Laborista y Partido Progresista.