Apenas amaneció como presidenta electa, Michele Bachelet enfrentó dos desafíos: la presión para que forme su gabinete lo antes posible como señal de firmeza y la preocupación de los chilenos por la volátil región que los rodea.
Sin mostrar muchos desvíos de la actual diplomacia chilena, la ex ministra de Salud se dijo partidaria de tener la mejor relación con los países vecinos, una de sus prioridades de gobierno.
Aseguró que para ello la integración económica será crítica. Sin embargo, desde un principio, advirtió que Chile se mantendrá como miembro asociado del Mercosur y que no buscará tener el mismo status que Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay.
"Chile no está aislado de la agenda del Mercosur ni lo va a estar. Pero ser miembro pleno nos exigiría tomar decisiones arancelarias que no son factibles", dijo la ex ministra.
En las últimas décadas, Chile hizo desaparecer prácticamente sus barreras arancelarias al firmar casi una decena de tratados de libre comercio; para muchos funcionarios y analistas, el costo de subirlas para incorporarse al Mercosur será demasiado alto para la economía chilena.
"Somos miembros asociados del Mercosur y creemos que las agendas del ALCA y del Mercosur no son incompatibles. Pero ser miembro pleno del Mercosur nos obligaría a tomar decisiones arancelarias que no son factibles". Sin embargo, aseguró que "mi política exterior va a tener gran prioridad por la región. Haré lo posible para ir construyendo cada día más integración. Estoy convencida de que los desafíos que tenemos son comunes y nos va a ir mucho mejor si trabajamos juntos".
Bachelet se dijo además partidaria del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y, como Lagos, respaldó la idea de firmar un acuerdo básico que reconozca las asimetrías de las diferentes economías regionales. LA NACION/GDA