AFP
Considerada durante décadas el patio trasero de Estados Unidos, América Latina reforzó en 2005 la reacción en cadena de la región a la indiferencia de Washington, lo que permitió a una izquierda crítica, con matices bien diferenciados, extender su dominio en el sur del continente.
La reciente elección de Evo Morales en Bolivia significó la llegada por primera vez en ese país de un indígena al poder y se sumó a la tendencia de los electorados latinoamericanos a darse gobiernos que llegan con desafíos al histórico intervencionismo estadounidense, aunque algunos adopten posiciones más moderadas que otros.
En Uruguay asumió en marzo el primer gobierno de izquierda y el presidente Tabaré Vázquez si bien suscribió un tratado de protección de inversiones con Estados Unidos, no se privó de mostrarse duro junto al argentino Néstor Kirchner, el venezolano Hugo Chávez y el brasileño Lula da Silva en oponerse al Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), durante la Cumbre de las Américas en Mar del Plata. Fue ahí la mayor manifestación del año de una izquierda latinoamericana en bloque.
Analistas afirman que el proceso que se vive en la región es de difícil definición, con varios matices pero que se debe a la indiferencia proveniente de Washington que hace sentir a Estados Unidos alejado de los pueblos latinoamericanos.
LULA. El presidente brasileño, que llegó al gobierno con postulados de la izquierda combativa tradicional, se mostró moderado y no ha variado el modelo económico liberal que se aplicó en el país en los últimos años, pero podría volver a endurecer su discurso en la pelea por la reelección en 2006. Pelea por demás difícil debido a los escándalos de corrupción que salpicaron a su gobierno y a su sector, el Partido de los Trabajadores.
Tal como ocurrió en Venezuela, y más aún en Bolivia, con amplios sectores de la población empobrecidos y que se sienten marginados del poder, podrían darse situaciones similares en las elecciones de 2006 en Perú (abril) y Ecuador (octubre), lo que consolidaría aún más la tendencia.
En Nicaragua también se elegirá un nuevo presidente en 2006, y el sandinista Daniel Ortega, antiguo enemigo de Washington y hoy cercano a Chávez, tiene altas chances de volver al poder.
EXCEPCIONES. Las excepciones son Colombia y Chile. En el primero de esos países, Estados Unidos tiene asegurado un aliado firme, y algo similar ocurre con el segundo, ya que ninguno de los candidatos presidenciales para el balotaje de enero, Michelle Bachelet y Sebastián Piñera, tienen previsto cambiar la sintonía con Washington. Tampoco se esperan cambios en México.
Chávez en Venezuela es considerado un estímulo para unificar a movimientos de izquierda en la región. A diferencia de Fidel Castro en Cuba, parte de una posición económica fuerte, y sus continuos viajes a países vecinos en un aparente periplo regalando petrodólares, en realidad es una transacción que minimiza lo financiero y busca ganar adeptos debido a su enfrentamiento con Estados Unidos.