Daniel Herrera Lussich | Corresponsal permanente
La cúpula del Departamento de Estado y asesores han sentido subir la temperatura después del aplastante triunfo electoral del dirigente cocalero Morales en Bolivia.
Estaba en los cálculos previos de los americanos un resultado que llevara a "Evo", antiimperialista, antiliberal, populista y con ideas nacionalizadotas a la presidencia boliviana. Pero jamás por esa diferencia, que le da todos los poderes y baja las menguadas fuerzas de una oposición ante eventuales excesos en el terreno democrático y de control del narcotráfico, confesó con gesto y tono de preocupación un alto vocero de la Administración Bush.
Todos los informantes de El País coincidieron en "hacer un compás de espera para seguir los primeros pasos de Morales", que asume el 22 de enero, "y ver si se inclina hacia radicalismos chavistas y castristas o hacia una izquierda moderada que permita un diálogo abierto" .
La realidad encuentra hoy a Estados Unidos con serios problemas por el terrorismo y la guerra de Irak y desavenencias internas con los demócratas e importantes republicanos, hasta ahora militantes fieles del oficialismo. El país entiende perfectamente que debe evitar de todas maneras un "eje del mal", encabezado por Hugo Chávez y Fidel Castro, acompañado por nuevos gobiernos de izquierda radicalizados.
FUTURO. La Casa Blanca y la Secretaria de Estado, Condoleezza Rice, mantienen la política de "ignorar los constantes exabruptos de Hugo Chávez y los disminuidos disparos del veterano Fidel Castro desde Cuba". Pero no saben qué ocurrirá en países que enfrentarán elecciones en pocos meses: Perú, México, Nicaragua, Chile, Ecuador y México.
Asimismo, tienen conciencia de que Lula es el líder que ellos confían para mantener el equilibrio en Latinoamérica contra los "desmanes chavistas", manteniendo un "buen entente con la izquierda moderada de Tabaré Vázquez y Néstor Kirchner" (con el cual se enfriaron las relaciones después de la Cumbre de Mar del Plata), aunque una radicalización podría alejar a los tibios amigos de hoy: a Bachelet si triunfa en la segunda vuelta en Chile y aún hasta al propio presidente colombiano, Uribe, alejado de la izquierda, pero que jamás quedaría colgado solo como socio de Estados Unidos.
Y también las jerarquías americanas miran que en varios países se aproximan elecciones y los resultados podrían seguir sumando inquietudes y dolores de cabeza. En Perú un indígena populista, una combinación de Chávez y Evo Morales, quien fue militar y golpista, Ollanta Humala, ha ganado apoyo y achica diferencias con la favorita Lourdes Flores. En Nicaragua Daniel Ortega puede quedar moviendo los hilos del poder si triunfa el ex sandinista Herty Lewites.
Y no hay que olvidar que López Obrador, de centro izquierda, es el favorito en las elecciones de México en julio y muchos dan gran chance al socialista León Roldán en los comicios de octubre en Ecuador.
PLOMO. Sin duda Estados Unidos sabe que tiene que "andar con pies de plomo", afianzar las relaciones comerciales, que "los voceros americanos estiman que van marchando", con el ALCA (apoyado por 28 países), hasta ahora disfrazado en base a acuerdos bilaterales, caso México, Chile, los países centroamericanos, y que se puede ampliar, con los resistentes países del Mercosur, que sin duda pusieron trabas con la reciente incorporación de Venezuela, pero que estallaría en pedazos toda gestión si se siguen los pasos de Hugo Chávez y su regionalización bolivariana.
Los "mandamás" estadounidenses de las relaciones con Latinoamérica están ahora expectantes después de la llegada al poder de Evo Morales. La Secretaria de Estado, Condoleezza Rice, declaró: "que para Estados Unidos lo importante será si gobierna de manera democrática y está abierto a una cooperación económica que ayude al pueblo boliviano". A su vez el subsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental, Tomás Shannon, señaló: "hay que ver qué decisión adopta Morales con respecto a la preservación de la democracia, respeto a derechos humanos y la cooperación en la lucha contra las drogas y el mantenimiento de la estabilidad regional".
Sin duda son momentos difíciles en las relaciones de Estados Unidos con Latinoamérica. Estas pueden endurecerse si se siguen los pasos de Chávez y Castro, pero marchar más fluidamente en los acuerdos comerciales si nada ocurre en el terreno político.
Aunque tampoco se debe olvidar que la Casa Blanca centra la atención de todos los días en los problemas del terrorismo e Irak, mientras que un 50% del pueblo americano opina que los estadounidenses deben ocuparse de sus propios asuntos y dejar que el resto del mundo se arregle como pueda, según una encuesta reciente del Centro de Investigaciones PEW.