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Por Jorge Chouy
jchouy@seragro.com.uy
"Ora filinho, qué boa zafra de coiro vamos ter (Mira hijito, qué buena zafra de cueros vamos a tener)". La frase, legendaria, refiere a la advertencia de humor ácido que el ganadero abrasilerado realiza a su pequeño hijo mientras miran el campo pelado y las vacas flacas a la entrada del invierno.
El caso se aplica a la situación actual. Se produce una significativa mortandad de vacas en los campos duros o flojos, donde se realiza la mayor parte de la cría. No es una situación generalizada: se ha aprendido mucho y en buena medida se han tomado previsiones, pero todavía persisten bolsones, no aislados sino frecuentes, en los que siguen ocurriendo desastres, que hoy tienen menos sentido que nunca.
El problema estaba planteado desde hacía tiempo. Se veía venir un invierno complicado, con los campos arrasados por la sequía. Mal que bien, como el invierno entró tarde, con pocos temporales, la estrechez propia de la estación se iba sobrellevando. Pero últimamente la serie de duras heladas barrió con los vestigios de pasto que quedaban y los ganados se desfondaron gravemente, con episodios de muerte de animales, localizadas, pero no menores.
Con todo, la situación de crisis forrajera aguda, si bien abarca una gran parte del territorio, no es generalizada, por cuanto hay zonas en las que llovió mejor y las praderas y verdeos están en mejores condiciones, lo que ha contribuido a sostener a los mercados de haciendas para el campo.
Desconfianza
"Pero m’ijo, ¿usté sabe cuánto salen todas esas novedades? ¿Le parece andar gastando toda esa plata?". Interroga el veterano ganadero (tal vez el mismo brasilero de la leyenda, que ahora habla español) al joven que reclama racionar a los ganados.
La desconfianza, quizás justificada, de los productores ganaderos veteranos en la vida y en las duras lides con la naturaleza, que los hace renuentes a invertir en raciones y fardos para suplementar los ganados de cría en tiempos de escasez, suena anacrónica y sin sentido en las condiciones de hoy.
La crisis actual fue cocinada en la larga sequía y rematada en la sucesión de heladas extremas con que se descargó el invierno a medida que avanzaba. No hay datos fehacientes, pero sí numerosas anécdotas de mortandades (no vale la pena ni cuerear; el precio del cuero de "epidemia" está, coherentemente, por el suelo –ver recuadro en la página 6–). Las categorías más afectadas son las vacas preñadas, o las vacas de cría con ternero al pie (que no pudo destetarse por chico), y los sobreaños, que ya venían sentidos desde el verano, a los que la muda de dientes terminó de desarmar.
Una de las zonas más impactadas por la sequía, que se agudizó en el otoño, es la que abarca los departamentos del Norte y del Noreste. Hoy (mediados de agosto), el basalto tempranero luce un verde nuevo, pero el diente del vacuno no llega a recogerlo.
Estancias en jaque
Ya desde hace meses que andan los ganados flacos pastoreando en las calles. Sin embargo, explica el director de la Regional Litoral Norte del Plan Agropecuario, Ing. Agr. Danilo Bartaburu, esos ganados no son los que hoy están muriendo: pertenecen mayoritariamente a productores chicos, o productores familiares, que tienen un manejo más artesanal de los rodeos.
"Los que mueren son ganados de estancias, muchas veces de establecimientos que aliviaron la carga en el otoño, pero no fue suficiente porque no vino nada de pasto. No hay disponibilidad forrajera para sostener ni la mitad del rodeo que había en el verano", informa.
Salto, por ejemplo, en determinados lapsos de este otoño-invierno aumentó en 80% la extracción, a todos los destinos y de todas las categorías, respecto al año pasado, e incluso así sufre una fuerte mortandad.
El Plan Agropecuario, y en general todas las entidades que hacen extensión, advierten del peligro desde el verano: "En enero iniciamos las jornadas técnicas y las charlas con los productores sobre las medidas a adoptar preventivamente". El Operativo Ración, del MGAP, comenzó ese mes, con la distribución de suplementos para vacunos.
Bartaburu destaca la gran cantidad de productores que suplementan ganado en estos momentos: "En algunos casos hasta rodeos grandes, de 1.000 reses o más. De otra forma, la situación sería mucho peor, estarían muriendo muchísimos más animales".
El mayor problema está radicado en las estancias, aun en aquellas en las que los ganados parecían estar fuertes. En julio y en las primeras semanas de agosto las heladas intensas terminaron con el poco pasto que había. "El campo natural está en tierra, los verdeos que se sembraron fracasaron o están mal, con muy poco volumen. Y a la falta de forraje se suma el problema de las aguadas: acarreamos un déficit hídrico acu-mulado a lo largo de un año y medio, por lo menos", explica el técnico.
Buscando agua o algún yuyito verde, la vaca preñada, débil, se aventura y suele quedar empantanada, entrampada en el ba-rro de los tajamares medio secos.
Escenas similares describen conocedores de otras zonas del país, que también sufrieron la sequía otoñal y tienen sistemas básicamente criadores, como son buena parte de los campos de Cerro Largo, Tacuarembó y Durazno, y manchones de los departamentos del Este –Treinta y Tres y Rocha, fundamentalmente–.
El Téc. Agrop. y productor Jaime Macki-nnon, que administra y colabora con establecimientos ganaderos de Durazno, Cerro Largo y Rivera, destaca la mortandad de animales de categorías jóvenes, y la falta de pasto y de agua que aqueja a las extensas zonas que recorre.
"Los verdeos tempranos del otoño se perdieron totalmente y las praderas no existen. Los ganados están con muy pocos kilos. Se está suplementando muchísimo, pero no hay capacidad financiera ni infraestructura en los establecimientos para atender a todo el rodeo", afirma.
La falta de kilos de los vientres habrá de agudizar los riesgos cuando se generalice la parición, pero además incidirá en la performance futura, en el próximo entore. Aun cuando estas vacas flacas puedan parir sin perjuicio, deberán recuperar estado mientras están criando, si se aspira a preñarlas nuevamente.
Con todo, como hay un gran número de vacas que fallaron en el entore pasado, serán ésas las que defenderán la plata, siempre que no hayan tomado el camión rumbo al frigorífico.
Los precios
La situación crítica se precipitó. Si bien se venía gestando desde hacía tiempo, se agravó en las últimas semanas: los ganados perdieron kilos, cruzaron un umbral hacia abajo y no se pudo ni "hacer la pérdida" –vender antes de que sea tarde–, ya que no tiene ningún sentido dejar fundir una vaca hasta que no tenga fuerza ni para subir a un camión.
Como recuerda Bartaburu: "En la seca del 88-89, las vacas flacas no valían nada. Se vendían hasta a U$S 15 por cabeza, mientras que ahora, en plena seca, valían entre U$S 100 y U$S 130 en las ferias del Norte".
Una vaca manufactura (no conserva) vale entre U$S 150 y U$S 180 en frigorífico y tiene colocación más o menos fluida. Hay un subsidio para los productores familiares que mejora el precio de estas categorías, pero no ha tenido demasiada relevancia, tal vez porque estos productores descartan esos animales de a poco, utilizando las ferias locales, y raramente llegan a cargar un camión.
Todos saben que cuando se normalice la situación forrajera, seguramente en la cercana primavera, los ganados van a subir de precio y eso también estimuló una retención, más allá de lo que la prudencia aconsejaba.
Es más, aun en lo peor de la crisis, los valores de las categorías de reposición en ferias y ventas por pantalla se mantuvieron entonados, y, con oscilaciones, hasta subieron cuando el tiempo daba un afloje, lo que demuestra que hay productores y zonas con mayor disponibilidad forrajera y que subsiste una visión optimista sobre el futuro del rubro.
Punteros y rezagados
En el mismo país, y al mismo tiempo, otros ganaderos aplican tecnologías eficaces para enfrentar la profunda crisis forrajera que también los afecta.
Como los verdeos y las praderas se perdieron –o están dando muy poco–, recurren a las reservas forrajeras, o utilizan productos adquiridos para la suplementación estratégica, luego de haber prolijeado el rodeo todo lo posible, destetando tempranamente, muchas veces realizando destete precoz, clasificando las vacas de cría, descartando las viejas o débiles, reduciendo carga, entre otras medidas de manejo.
A la vez, los corrales de encierre aportan cada vez más animales a la faena, y se constituyen en un engranaje fundamental de los sistemas intensivos y de la ganadería toda.
En la EEMAC tuvo lugar una nueva jornada técnica del equipo que comanda el Ing. Agr. Álvaro Simeone, y volvió a reunir una multitud de productores y técnicos de campo, ansiosos de actualizar sus conocimientos sobre nutrición animal, técnicas de suplementación forrajera y la interacción con las pasturas.
El avance incontenible de la agricultura marca la cancha y, a la vez que jaquea a la ganadería, le abre opciones de complementación y sinergias insospechadas hasta hace poco tiempo.
La nueva ganadería de alta velocidad convive con los sistemas tradicionales, de producción a bajo costo, más jugados a los avatares del clima.
Tal como ocurrió luego de la gran seca del 88-89, la crisis actual habrá de acelerar los cambios en los sistemas productivos, muchas veces impactando en la titularidad de las empresas, que hoy deben ajustarse necesariamente a otras reglas de funcionamiento.
El principal factor que determina esos cambios es el alto precio (en términos históricos) de la tierra, que también se trasmite a los arrendamientos y pastoreos. No hay para donde disparar: o se produce mucho más eficientemente o hay que dejar lugar a otros.
El ingreso que hoy aporta la ganadería extensiva tradicional –con cuereadas estacionales incluidas– no puede compararse con las alternativas de arrendar todo o parte del área a empresas con vínculos agrícolas, aunque no siempre signifique sembrar cultivos, sino que muchas veces es solamente para depositar o manejar haciendas desplazadas de las áreas de mejores suelos.
Rentabilidad
A partir de la merma en los valores de los productos, pero sobre todo de los efectos de la sequía, el Plan estima una caída de gran magnitud en el resultado económico de las empresas para el ejercicio recién finalizado, cuyos datos concretos se conocerán en setiembre.
En algunos adelantos realizados por el Ing. Carlos Molina se anunciaban bajas del orden de 60% o más en el ingreso neto de las empresas ganaderas. Las carpetas verdes de productores CREA que se van cerrando confirman una caída de 50% por lo menos en el último ejercicio, y el nuevo período arrancó todavía peor.
Los traspiés que sufren los productores, especialmente los criadores ubicados en zonas afectadas por la sequía, les provocan perjuicios financieros serios, eventualmente endeudamiento y seguramente descapitalización, pero no tendrán mayor impacto en el funcionamiento global de la ganadería.
Habrá menos terneros, como ya se dijo, y tal vez fracase también el próximo entore, pero todavía hay mucho ganado en los campos para sostener la producción de carne por bastante tiempo.
Los chicos
Los productores familiares* usufructúan el Operativo Ración, que les permite adquirir suplementos financiados a través de las gremiales o sociedades de fomento de su localidad, en un programa coordinado por el MGAP.
En Salto, el director del CAD (Consejo Agropecuario Departamental), Julio Cavacín, destacó a El País Agropecuario el funcionamiento fluido del sistema, que en ese departamento benefició hasta ahora a 883 productores de las características requeridas.
Salto es el departamento que más ha utilizado el plan, seguido por Artigas, Tacuarembó y Rivera. En total, al 2 de agosto, se llevaban distribuidas en todo el país más de 23.000 toneladas de los distintos productos: afrechillo de trigo, cebada molida, pellet de girasol, o raciones, y sobre todo cáscara de soja pelleteada, de procedencia argentina, que representa más de 60% del total.
El costo para el productor es de $ 4,44 el kilo -puesto en los puntos de acopio- y la financiación es a tres años con uno de gracia, en moneda nacional y sin interés. El plan también distribuyó semillas forrajeras entre los productores del perfil señalado.
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