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Por Jorge Chouy
jchouy@seragro.com.uy
Rocha es famoso por sus balnearios oceánicos, tan bellos como malos y desganados los servicios, y precaria la infraestructura que los sustenta.
Pero hay otra realidad en el interior del departamento, campo afuera: una realidad de avanzada en varios rubros agropecuarios, con sistemas de producción pujantes y empresas dinámicas que están transformando profundamente el paisaje físico y económico de la zona.
Arroz y ganadería
En las extensas planicies rochenses se produce desde hace décadas buena parte del arroz del país; integra la principal región arrocera nacional, la cuenca tradicional del Este.
A los enormes bañados y las lagunas característicos se suman ríos caudalosos y represas importantes, como la de India Muerta, que proporcionan el agua de riego para el cultivo.
Asimismo, desde hace tiempo en muchas de sus estancias se desarrolla una eficiente ganadería en sistemas extensivos, pero sobre campos mejorados y con afinados manejos de pasturas y rodeos.
La novedad es que en los últimos años se introdujeron otros rubros, de fuerte impacto productivo y económico.
En una gira de un par de días de duración realizada en mayo pasado, transitando por las rutas 15 y 14, desde la ciudad de Rocha, haciendo un amplio círculo hasta Castillos y vuelta por la ruta 9, pudimos apreciar notables ejemplos de esta transformación productiva de reciente data.
Árboles y ganado
En primer lugar, conocimos un establecimiento forestado de la empresa ENCE, donde pastorean animales entre los montes. Es una zona ondulada de la ruta 14, de campos tradicionalmente ganaderos, que los árboles han ido colonizando.
El campo en cuestión muestra una forestación muy prolija, con calles, alcantarillas, alambrados e instalaciones para trabajar con ganado en perfectas condiciones.
Allí se plantaron Eucalyptus globulus, destinados a celulosa, la especie más indicada para esas zonas de influencia marítima. La madera en rolos se envía a Montevideo y se chipea en la planta de Peñarol. En esos días se concretó la venta de ENCE a Stora Enso y Arauco, pero toda su forestación rochense quedó fuera del negocio. Según información de prensa, ENCE tenía unas 170 mil hectáreas en todo el país, 30 mil de ellas en Rocha.
ENCE no tiene ganado propio, pero hace acuerdos de pastoreo con los ganaderos de la zona. La misma política practican las otras grandes corporaciones forestales.
En Uruguay, en promedio, no se puede forestar más de 55% de la superficie de cada campo; el resto son bajos, montes nativos o layados, aptos sí para pastoreo.
El globulus no "cierra copa", deja pasar la luz del sol y hay pasto entre los árboles: es una especie adecuada para silvopastoreo. En los hechos, a pesar de ser un tiempo de seca, había una suculenta masa de gramilla verde en el sombreado de la forestación.
Se plantan alrededor de 1.300 árboles por hectárea, que producen entre 15 y 20 m3 por há por año.
A partir del año y medio de plantados los montes ya se puede echar ganado; al principio en altas dotaciones –más de una unidad por há–, porque hay bastante pasto acumulado. Después hay que bajar la dotación a 0,3-0,4 UG/há, como máximo.
Cualquier categoría de ganado pasa bien en los montes –el abrigo en el invierno es fundamental–, pero no se dejan vacas próximas a parir ni se terminan los engordes.
Por practicidad, las compañías prefieren tratar con pocos productores, con los que acuerdan un contrato de pastoreo de 11 meses, que se va renovando automáticamente.
Los ganaderos pagan 1 U$S/há por mes, se encargan de mantener las instalaciones y negocian las mejoras que necesiten, sea en pasturas o en instalaciones.
Vaquería del Este
Más adelante, en la ciudad de Lascano, tuvimos un encuentro con la hospitalaria gente de Vaquería del Este, una organización que ya tiene amplio reconocimiento.
Hoy nuclea a 23 productores y 27 establecimientos, en general bastante grandes, que venden en común unas 15.000 reses gordas por año a determinadas plantas frigoríficas, con las que coordinan los embarques para todo el año y negocian anticipadamente las condiciones de comercialización.
La oferta está compuesta mayoritariamente por novillos jóvenes que obtienen sobreprecios y premios por calidad.
Tienen a un delegado que revisa e informa los lotes, coordina con los frigoríficos y controla la faena, lo que evita los frecuentes desencuentros entre las partes, tan comunes como irritantes.
Los productores asociados de Vaquería aún no han podido utilizar esa fuerza de negociación para comprar ganados ni insumos en común, salvo algún negocio puntual en la modalidad de "paraguas": el que quiere se suma al acuerdo, no es obligatorio. Tampoco comparten el asesor técnico ni otros servicios, pero es una organización en permanente transformación.
Lechería
Continuando por la ruta 14, después de cruzar unas serranías no muy altas, hacia el Norte y el Este se abren unas planicies hasta donde da la vista, cultivos de sorgo que estaban prontos para cosecha, chacras sistematizadas con taipas de riego para arroz, praderas sobre rastrojos de arroz, campos bastante empastados aunque secos; antes y después cruzamos forestaciones, frutales, hermosos paisajes, palmares y estancias antiguas.
Pasamos por el imponente casco de la estancia principal del emblemático empresario brasilero Ernesto Correa (estancias Ana Paula), con una represa enorme a la entrada y unos silos de chapa de gran tamaño.
Poco más adelante se halla el casco de la antigua estancia Monasterio, sede central del emprendimiento lechero de los neozelandeses de NZFSU (New Zealand Farming Systems Uruguay), donde funcionan varios de los 23 tambos que ya tienen operativos en todo el país. El conglomerado apunta a un sistema productivo similar al de NZ, puramente pastoril. Utilizan festucas, algo de trébol blanco y de achicoria; no usan raigrás.
En estas etapas de transición se sembraron algunos sorgos para silo y se les da un poco de ración a las vacas. El riego de pasturas es un pilar esencial del sistema y se observan en todo el campo pivots de 300 y más metros de largo, que toman agua de los canales de India Muerta.
Las fertilizaciones arrancan con altas dosis de fósforo (repetidas durante los primeros tres años para alcanzar un umbral elevado) y se vuelcan hasta 400 kg de urea/há/año, repartidos en varias aplicaciones.
Potreros chicos, de cinco o seis hectáreas, semipermanentes, divididos con alambre eléctrico; acceden a unos bebederos redondos, no muy grandes, distribuidos por todo el campo.
Los tambos son autónomos, aunque coordinan y comparten algunos servicios. Se ordeñan entre 500 y 600 vacas por establecimiento. Hay ocho operarios por tambo; uno de ellos es el supervisor y, cada tres o cuatro unidades, hay otro supervisor, por encima de éstos. En total trabajan 160 personas en este complejo, muchas de ellas mujeres.
Las instalaciones de tambo son funcionales, abiertas al Norte, con una larga fosa y una máquina de 48 órganos, sin comederos de ración para las vacas en ordeñe, lo que denota el sistema pastoril planteado. En una gran explanada de espera al aire libre se encierran hasta 500 vacas, que son empujadas hacia el tambo por un brazo eléctrico sostenido por un riel alto.
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