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Miércoles 24.06.2009, 04:18 hs l Montevideo, Uruguay
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Agropecuario


ENFOQUES

Habrá un futuro optimista para la ganadería

Por Joaquín Secco García

jseccogarcia@gmail.com

La ganadería de carne vacuna –la cadena productiva más importante del país– atraviesa una dura prueba. La aftosa, a comienzos del siglo, la mandó al CTI durante más de dos años. Desde entonces, ha debido defenderse de la agresividad de una agricultura de secano que le ha quitado un millón de há de las mejores tierras.

Además, el gradual cambio de la agricultura en rotación con praderas hacia la agricultura continua rebajó la oferta de un alimento barato, como era el que proporcionaban las praderas consociadas que se sembraban en la rotación.

A ello se agregó el fuerte aumento del precio de la tierra y el de las rentas, imponiendo un significativo incremento de los costos de producción.

La suma de estos elementos ha causado profundas transformaciones en la ganadería y el sector. Las condiciones de producción han cambiado radicalmente, lo cual reclama nuevas destrezas y hace difícil la supervivencia de los anteriores encargados de gobernar las empresas.

Producir con rentas que –aproximadamente– se han triplicado hace necesario en-carar nuevos sistemas productivos, nuevos procesos, inversiones, insumos, manejos… Este proceso de intensificación requiere nuevos conocimientos, otros empresarios, otros técnicos, otros operarios y otras organizaciones. O los mismos, pero reciclados, lo cual siempre es más difícil, porque la gente se parece cada día más a sí misma.

Alguien dirá que quienes son propietarios y no pagan renta no se ven afectados por su encarecimiento. Sin embargo, con el tiempo, el mercado va creando tensiones que terminan por alinear los costos a la productividad. Llegan momentos en que, ante encrucijadas personales o coyunturas complicadas, productores cuyos sistemas productivos no permiten pagar las rentas de mercado terminan vendiendo o arrendando para que otros hagan el intento.

Ello ha provocado en los últimos años una sustitución importante de empresarios ganaderos, lo cual se observa, aunque no se ha medido. Los productores más grandes, con empresas menos lastimadas o menos amenazadas por las coyunturas, muestran mayor supervivencia. También los más pequeños, para quienes la actividad, más que un negocio, es un modo de vida.

Así, hemos visto un rejuvenecimiento de empresarios y técnicos ganaderos, provistos de mayores y mejores conocimientos, el surgimiento de nuevas formas organizativas y un notable mejoramiento de la oferta de servicios a la ganadería por parte de nuevas empresas que contribuyen a simplificar el manejo de las innovaciones en los sistemas que se van imponiendo.

Aparece, asimismo, una incipiente multiplicación de grandes empresas ganaderas, de carácter corporativo, muy modernas e innovadoras y con procesos de gestión que siguen moldes industriales en materia de recursos humanos, acceso al financiamiento, manejo del riesgo, tecnología, comercialización, procesos certificados y productos cada vez más específicos.

Considerando la aceleración que viven hoy los procesos de transformación agropecuaria, habría que presagiar que, pese a todas las dificultades, también la ganadería va a aumentar la velocidad de crecimiento apenas se superen algunas de las tribulaciones que la afectan en la coyuntura.

En los años pasados, el crecimiento ganadero –como tendencia, más allá de las variaciones debidas principalmente a factores climáticos– se aceleró permanentemente. En la actualidad, su tasa de crecimiento de tendencia alcanza al 3,9% anual.

Probablemente no se logren estos niveles este año, pero ésa es la aceleración que trae el rubro, con una alta significación estadística, y que probablemente se recuperará en el futuro próximo.

De alguna manera, podría decirse que las intenciones del conjunto de los productores es organizarse para producir un aumento anual de casi 4%. Se trata de una tasa de crecimiento desconocida para una actividad que en el país estuvo estancada durante más de medio siglo (ver gráfica 1).

Es difícil comprender la historia mientras está transcurriendo

Probablemente, el crecimiento ganadero esté consolidado. La cuestión es de qué manera se crecerá, cuántos y quiénes serán los ganadores o los perdedores, qué nuevos retos se aproximan. Cómo aprovechar las oportunidades y neutralizar los problemas. Cuáles deberían ser las estrategias privadas y cuáles las prioridades y las herramientas de las políticas públicas.

Siempre es difícil comprender la historia mientras está transcurriendo. Más aún cuando los cambios se aceleran. No tenemos perspectiva. Juzgamos el devenir con la información del pasado, porque no disponemos, o no estamos familiarizados, con la nueva. Hay un sesgo humano y defensivo que tiende a imprimirle un sello conservador a las ideas, a desconfiar de lo diferente. Las ideas, las creencias, las costumbres, son los elementos más constantes de la sociedad, los que presentan mayores resistencias al cambio, los reductos donde se conservan los valores y la identidad.

Los gobernantes, los dirigentes, los técnicos, los mismos empresarios, individual o colectivamente, suelen tener dificultades para entender las transformaciones mientras éstas transcurren y obtener la información necesaria para corregir las estrategias.

Por eso es indispensable para un pequeño y vulnerable país tener una reflexión moderna, desprejuiciada y muy activa. Estamos atravesando un período de turbulencias en la historia. Con enormes oportunidades, pero también con las inseguridades propias del cambio. Una época para vivirla.

La coyuntura

Las positivas tendencias de mediano plazo se combinan en la coyuntura con los efectos negativos de la crisis internacional y de las adversidades climáticas, creando un ambiente de inseguridad. Durante 2008 se invirtió mucho a costos muy altos para obtener en 2009 una producción cuyos precios son casi la mitad de los presupuestados.

La sequía retrasó los logros productivos, a la vez que fueron aumentando los costos de producción y se afectaron los patrimonios. Estos costos se repartieron inequitativamente. Muchos productores consumieron sus reservas, otros se endeudaron, otros se proponen volver a empezar casi sin oxígeno y otros desistieron o desistirán próximamente. Pero la mayoría es conciente de las oportunidades y está en condiciones de hacer planes para superar las circunstancias.

Las existencias de ganado a mediados de 2009 son algo mayores a las de 2008, pero con un estado algo peor. La faena anual 2009 será irremediablemente inferior a la de 2008, de manera que a fin de este año la disponibilidad de ganado de más de un año será superior a la del mismo momento de 2008. Por lo tanto, se podrá prever que la faena crecerá durante 2010, incluso con cierta intensidad. La gravedad de las circunstancias climáticas que se viven puede variar estos resultados.

Por otra parte, durante 2010 se ofrecerán menos terneros nacidos en 2009. No sabemos cuántos. Algunas informaciones dan pérdidas moderadas, otras catastróficas. La eventual reducción de terneros se reflejaría en la faena dentro de dos o tres años.

Sin embargo, uno de los movimientos más notables de la ganadería en los últimos años es el aumento de la producción de carne por animal en existencia. Si crece la producción de cada animal en el campo, ello puede amortiguar los efectos negativos sobre la producción de la caída de los nacimientos en 2009. La lógica es que se puede compensar la pérdida de animales teniendo animales más productivos.

Cada animal es hoy notablemente más productivo de lo que era 17 años atrás. Como tendencia, entre 1991 y 2008, la producción de carne creció 72%, la cantidad de animales en los campos creció 31% y la cantidad de novillos creció solamente 5%. Cada animal en los campos, en los últimos 17 años, produjo –cada año– 3% más de carne que el año anterior (ver gráfica 2).

Probablemente, con la intensificación tan acentuada de la alimentación que se está produciendo en los sistemas ganaderos, la productividad por animal acelerará aún más su tasa de crecimiento. Los números permiten especular con que, en el futuro próximo, el aumento de la productividad de los animales adultos en existencia podrá moderar en forma significativa los efectos negativos de la sequía y el menor número de nacimientos de 2009.

Eso no quiere decir que se anulen las pérdidas. Las habrá y las soportarán los criadores más que nadie. Lo que se quiere expresar es que existen condiciones para mantener un crecimiento importante de la producción ganadera pese a la sequía. Si no hubiera habido sequía el crecimiento sería, obviamente, aún mayor.

El aumento de la productividad se explica principalmente por el mejoramiento de las técnicas de alimentación del ganado. Como es lógico, cuando suben las rentas, se crean incentivos para elevar la productividad de la tierra.

Por otro lado, las praderas consociadas perdieron ponderación por la contracción de las rotaciones agrícola-ganaderas. Hoy vemos que aumentan las áreas ocupadas con festucas y alfalfas caras y muy fertilizadas, y se reduce la importancia de las mezclas del pasado. La difusión de la agricultura por todo el territorio creó condiciones para una activa "agriculturización" de la producción ganadera. Aumentaron la ponderación de productores que hacen reservas de grano y fibra, y la importancia de los verdeos estacionales de alta productividad.

Asimismo, crecieron los encierros, tendencia que tiende a acelerarse y a difundirse en localizaciones cercanas a las áreas de producción de granos, las cuales a su vez se multiplican en todo el país. Al maíz y a la chala se le agrega valor localmente, transformándolas en carne. Por todo Uruguay se reproducen corrales que operan bajo una diversidad de modelos empresariales.

La intensificación de las técnicas de alimentación está apenas en sus inicios. En los años próximos veremos una extensión y profundización de estas tendencias. En estas transformaciones se encuentra, sin dudas, el principal motor del crecimiento ganadero de los años pasados y de los próximos.

La cría

Alguien que mire solamente una cara del dado puede decir que todo esto es limitado, porque a los criadores les va peor de lo que desearían, porque no aumenta la tasa de procreo o porque el proceso de modernización es muy lento. No hay que negar que la limitada oferta de conocimientos, el acceso a la información, la aversión al riesgo, la multiplicación de costos improductivos en la cadena1 afectan el potencial de la actividad.

Sin embargo, la cría ha aumentado la oferta de terneros a una tasa de 3% anual como tendencia, lo cual es muy significativo en un período que incluyó diversas adversidades y luego de medio siglo de estancamiento. Lo que no hizo es incrementar los nacimientos de terneros por vaca, sino que aumentó el número de vacas.

Una cuestión inteligente, para especialistas, sería interesarse acerca de porqué los criadores optan por esta estrategia, en lugar de elevar la tasa de procreo como generalizadamente reclama la burocracia. La gráfica 3 muestra cómo han crecido muy correlacionadamente el número de vacas de cría y el número de terneros nacidos. Sin embargo, el PER, indicador de eficiencia reproductiva, no exhibe ninguna consistencia ni significación en su tendencia.

La necesidad de nuevas estrategias privadas y políticas públicas

Pero, como suele ocurrir con los procesos de crecimiento y desarrollo, los efectos positivos vienen acompañados por consecuencias negativas para diversos grupos de la sociedad.

El crecimiento se ha asociado al aumento de la escala de operaciones, a la cooperación a través de conglomerados de empresas especializadas que persiguen objetivos coincidentes para alcanzar resultados, al fortalecimiento sostenido de las capacidades humanas y del conocimiento, a un agresivo proceso de adopción de innovaciones y a la construcción de nuevas formas organizativas en una permanente dinámica de búsqueda de la eficiencia.

Estos procesos, que son los más estratégicos para crecer en mercados de materias primas sumamente competitivos, también son excluyentes. Por costumbres, por ideas, por conocimientos, por experiencias o hasta por gustos, una buena parte de la población no accede a las oportunidades de innovación y crecimiento, creándose una fractura en la sociedad rural.

Por un lado, oportunidades desconocidas para varias generaciones y, por otro, caminos que se cierran y excluyen a muchos.

El problema de hoy no es solamente de los minifundistas y pequeños productores: crecientemente se está transformando en el problema de las clases medias rurales.

Los estancieros, a veces prósperos, que viven con su familia en el campo en las ciudades y pueblos próximos, para quienes la misión de productor fue la principal en su vida, que fortalecieron los mejores valores de la sociedad rural, encuentran que hoy sus capacidades pueden resultar insuficientes para seguir en carrera competitivamente. Podría ser que en cierto momento alguien dé con el precio para separarlos de su historia.

Igualmente amenazadas están las organizaciones del campo, que fueron creadas y fortalecidas para cumplir misiones que hoy no tienen demasiada prioridad. Estas tendencias seguirán amenazando el bienestar, los modos de vida y los valores de la sociedad rural.

Hoy, el país se plantea la necesidad de construir nuevas redes de sociedad y empresas. Pero no se dispone de los saberes ni de la experiencia para hacerlo. Existe poca construcción estratégica. Con la prohibición de sociedades anónimas en el agro o con la franja de 20 km no se resuelve nada, y se crea inequidad y conflicto. En un extremo, posiciones fundamentalistas prehistóricas que no tienen ninguna probabilidad, y, en el otro, la perplejidad. En el medio, casi nada.

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