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POR DANIEL CONFORTE Ingeniero Agrónomo, Profesor de Agronegocios en la Universidad de Massey
Siempre creí que Nueva Zelanda (en adelante, NZ) era parecida a Uruguay. He llegado a pensar, luego de casi dos años viviendo acá, de manejar todos los días media hora de ida y otra media hora de vuelta a mi trabajo, cuánto más peligroso es lo que aparenta ser parecido que lo que es obviamente diferente. No es casualidad que muchos animales se camuflen para confundir a sus potenciales presas, incapaces de notar o reconocer las sutiles diferencias.
Una rápida visita a NZ, una mirada poco cuidadosa al pasto y a su ambiente, una visita en una primavera llovedora a Uruguay, y uno puede llegar a confundirse y creer que parecido es lo mismo.
En NZ habitan unos 4,2 millones de personas. Hay un área agrícola y ganadera de aproximadamente 15 millones de hectáreas. El punto más al Norte de la Isla Norte está casi en la misma latitud que Montevideo (34º Sur), pero todo el resto se extiende al Sur hasta los 47º.
La cantidad de lluvia varía con la región. En las tradicionales zonas lecheras, donde se producía sin riego, llueve entre 1.000 y 1.300 mm por año. En las zonas vitivinícolas, de 600 a 800 mm. En las nuevas zonas lecheras, donde se riega más, llueven unos 800 mm.
NZ exporta por valor de U$S 22.000 millones, sin incluir turismo. El 66% de las exportaciones son de base primaria, que incluye productos agropecuarios, forestales y de pesca. El 41% de las exportaciones tiene su origen en el pasto. El cuadro adjunto muestra la composición de las exportaciones de origen primario.
La tabla muestra U$S 9.000 millones que provienen de agregar valor al pasto. Y la mayoría de este valor se incorpora en la producción primaria.
Hay unos 70.000 establecimientos agropecuarios: 62% son pastoriles, 40% son ganaderos y 20% son lecheros. O sea que hay 42.000 empresas que se dedican a producir pasto, además de algunos miles más que dan servicios directos para su producción (maquinaria, siembra, cosecha, alambrados, agua).
Las industrias de lácteos elaboran commodities en unas 25 plantas gigantes, muy automatizadas. La de carnes no es muy diferente a la de Uruguay. Esto quiere decir que la mayor parte de los U$S 9.000 millones va a las distintas zonas pastoriles, a los 42 mil productores que distribuyen este ingreso en sus comunidades. Varios cientos de medianas y pequeñas ciudades y pueblos, repartidos en las dos islas.
Clima y calidad
La calidad del pasto de NZ es diferente, mucho mejor que en Uruguay. Se aprecia al ver lo fino que es al tacto, el color y, por supuesto, por los análisis químicos. Se nota en la calidad del heno. Hacen los fardos de noviembre a marzo, sin parar. Son en general de raigrás. Y tienen un aroma y una calidad pareja durante toda la estación. Enfardar es más fácil acá; llueve finito y para de llover bastante rápido, enseguida sale el sol, sopla un vientito y el pasto se seca rápido. Cortan, hileran, enfardan y se van. El clima es más seco; no hay, como en Uruguay, series de varios días húmedos. Tampoco esas seguidillas de días de calor intenso y gran humedad. La ropa colgada se seca más rápido acá, a la sombra o adentro del garage. Se puede vivir sin secadora de ropa.
Habiendo estudiado en libros de texto neozelandeses -y escuchado sobre los intentos por llevar los sistemas kiwis a Uruguay y las lecciones aprendidas de ellos--, me llama la atención lo diferente que es y que crece el pasto en NZ. Nunca más cierto aquello de que parecido no es lo mismo. Porque parecido puede ser peligrosamente diferente, cuando nos induce a creer y actuar como si fuera igual.
Me cuesta encontrar algo en NZ que sea igual a Uruguay. La temperatura en verano es bien diferente, mucho más baja. Sobre todo la temperatura en las noches. El patrón de lluvias es bien diferente. Aunque en la mayoría de NZ la lluvia total anual es similar a la de Uruguay, aquí llueve más días y la lluvia está mejor distribuida. Llueve finito acá: el agua penetra más, hay menos riesgo de erosión por el golpe del agua.
Tan diferente es el clima que hay que ver cómo crece el pasto en lugares donde el suelo es bien pobre y superficial. El pasto es difícil de matar. No he visto un solo cartel en lugares públicos pidiendo no pisar el pasto. La gente sube sus autos al pasto en todas partes (plazas públicas, parques y jardines). No se ve una cancha de deporte -y hay miles- donde el pasto no esté perfecto. Un día hice un asado a la criolla -fuego en el piso- en el fondo de la casa de un amigo. Le pregunté dónde hacer el fuego y me contestó: "Acá nomás, en el pasto. No pasa nada, en un par de meses está todo como si nada".
Conexiones y calidad
La industria de producir y agregar valor al pasto empieza con la producción de semillas, que a su vez está basada en ciencia y tecnología, en las ciencias del conocimiento que permiten desarrollar mejores variedades, además de nuevas herramientas y procesos.
Una red de empresas se dedica a la multiplicación y postcosecha de semillas, a las que se les agrega valor en procesos de clasificación y empaque.
Otras empresas acercan las semillas a cada rincón del país a través de proveedores de insumos. Un denso sistema de rutas pavimentadas permite hacer llegar los insumos a cada productor y también levantar los productos finales. Es frecuente ver gente repavimentando y manteniendo cunetas y alcantarillas en rutas y calles secundarias y terciarias.
Esta red permite a la gente que vive y trabaja en el campo llegar con rapidez a los cientos de pequeños pueblos distribuidos por todo el país y, por ejemplo, llevar fácilmente a los chicos a las escuelas rurales. Escuelas rurales cuya calidad merecería un capítulo aparte.
Hay tres categorías de centros poblados. Un poco como en Uruguay, con la diferencia de que los pequeños pueblos están por todos lados (a no más de 30 km unos de otros) y tienen todos los servicios.
Ciencia y manejo
Al pasto, una vez sembrado, se lo maneja con gran ciencia y arte. Hay una industria construida en torno a su manejo y producción. Al conocer el comportamiento de la pastura, cómo responde a las diversas y cambiantes circunstancias, a saber: cuánto hay disponible, cuánto va a haber y, sobre todo, a producir y mantener la calidad. Es común que se midan los contenidos de energía y proteína, y la digestibilidad del pasto, y que se planifique al respecto. La gran mayoría de los productores tiene asesores para el manejo de la pastura. Tal es el grado de especialización de esta industria. El alambrado eléctrico -que está por todas partes- es considerado, junto a los cuatriciclos, uno de los avances tecnológicos más importantes en NZ. Permite racionar la cantidad de pasto que se le da al ganado día a día y manejar la calidad. Saber cuánto pasto hay, cuánto se va a necesitar, cuánto está creciendo, es la base de los sistemas de producción de forraje. El alambrado eléctrico es clave para la economía del pasto. Tal vez este concepto del manejo controlado del recurso pudiera merecer una reconsideración en la agenda de investigación en Uruguay.
Pasto valioso
Y al pasto se le agrega valor. No sólo porque se lo transforma en carne y lana directamente. Hay una industria de conservación de la pastura. Una red de contratistas que la cortan, cosechan y envasan. En octubre empiezan a trabajar y siguen hasta marzo. Una industria enorme, con maquinaria sofisticada, dedicada a agregar valor al forraje, que se enfarda o se ensila, desecado o semidesecado. Porque para agregar valor a la materia prima no es indispensable llevarla a una fábrica donde hay máquinas y gente que las transforma.
En la industria del pasto, las máquinas y la gente van a la materia prima, o sea al pasto, y el producto final -cortado, deshidratado, conservado, empacado- queda en el lugar o se vende a terceros.
Hay otra industria, todavía menos conspicua que la anterior, también sin edificios y chimeneas, que juega un rol muy importante. La industria que provee servicios a los proveedores de servicios. Por todos lados se ven camionetas, vans, pequeños camiones; son talleres ambulantes. Una industria de servicios que, con gran ingenio y confiabilidad, asegura que las máquinas no paren. Los neozelandeses se enorgullecen de lo que ellos llaman "kiwi ingenuity" (ingenio kiwi). Es un valor muy estimado en la sociedad. Ser ingeniosos para solucionar problemas, para encontrarle la vuelta a los problemas, para inventar algún aparato o procedimiento que permita hacer las cosas más rápido y mejor. Y también confiabilidad, porque hay mucha competencia, los clientes son muy exigentes y no aceptan la impuntualidad ni el incumplimiento. Además, como las empresas de servicios son en general pequeñas firmas atendidas por sus dueños, éstos, que viven de su tiempo, tienen que sacarle el mayor provecho: presupuestar el tiempo es una habilidad muy difundida. La gente coordina a qué hora va a proveer sus servicios, y generalmente llegan a esa hora, y si no pueden llegar, pues avisan.
Ganado grande
Otra muestra de la diferencia de producción y calidad del pasto se puede ver en el peso del ganado. Hace poco visitamos con un científico uruguayo que andaba de visita por NZ una feria regional bastante importante. Cada lote de ganado, cuando le llega el turno de pasar bajo el martillo, entra a una jaula a pesarse a la vista del público, mientras el lote anterior está siendo rematado.
En la foto que acompaña esta nota se muestra cuando un lote de novillos de 27 meses es pesado mientras el anterior lote, también de novillos de igual edad, era rematado. Un lote pesaba 577 kilos y el otro 602 kg/cabeza.
Entraron varios lotes de novillos de la misma edad; cada lote bien parejito, de la misma raza todos los animales; cada lote, de entre 7 y 15 animales. Había de todas la razas y cruzas: "pampas", Angus negros, Holando, "pampas negros", cruzas Charolais. Todos los lotes que vimos eran de novillos (ninguno de toros). Nos llamó mucho la atención el peso de las reses: todos, entre 550 y 600 kilos. Esto era al mediodía y los animales habían llegado en la mañana al local. Para asegurarme, y arriesgando hacer el ridículo, pregunté si eran kilos o libras, aunque parecían muy grandes los bichos para ser libras.
También me aseguré de saber que eran para el campo, y pregunté cuántos kilos más les ponían encima antes de mandarlos a faena. Me contestaron que le agregaban unos 50 a 100 kilos, que los llevan hasta los 650 kilos más o menos, para lograr carcasas de 350 kilos.
Como no nos podíamos convencer, fuimos a los bretes a ver los lotes después de la venta. Las cruces me llegaban al cuello; huesos bien gruesos, animales macizos. Cuando le comenté esto a un amigo oriental en uno de mis frecuentes intercambios de e-mails me hizo notar que en NZ no se han buscado animales de genética grande en ninguna de las razas. El lector puede calcular la ganancia de peso promedio diaria.
Diferencias y aprendizaje necesario
Esto no es novedad para los centenares de productores y técnicos uruguayos que han venido a NZ desde hace más de cuatro décadas. Luego de iniciales pruebas y error, y posiblemente gracias a ellas, productores y técnicos han aprendido y desarrollado sistemas adaptados a las condiciones locales. Se han ensayado varias especies y variedades de pastos llevadas de NZ a Uruguay, a nivel experimental y de campo. Hay una vasta experiencia acumulada que se ha puesto en práctica y que está a la vista en los buenos sistemas de producción lechera uruguaya.
Desde hace tres o cuatro años, productores y capitales neozelandeses están invirtiendo para producir leche en nuestro país. Por los comentarios recibidos de productores y técnicos cercanos a las iniciativas kiwis en Río Negro y Rocha, la experiencia acumulada en las décadas pasadas en Uruguay parece no haber sido debidamente observada por estos nuevos emprendedores.
Igual opinión tienen técnicos kiwis que visitan y estudian Uruguay desde hace años. Una característica kiwi es el gusto por los desafíos; otra es que les gusta poquito que se les diga cómo hacer las cosas. Tienen gran amor propio y orgullo. También son muy industriosos y les gusta aprender de sus errores.
Observando lo que han hecho en estas islas, nadie puede dudar de que aprenden. Seguramente ajustarán sus sistemas en Uruguay. Nuestro clima es parecido al neozelandés. Pero pequeñas diferencias pueden hacer una gran diferencia.
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