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Las últimas cinco o seis semanas han sido el escenario de una formidable alteración de los mercados financieros a escala global.
Las bolsas se desplomaron, quebraron instituciones financieras que parecían inexpugnables, mientras los principales líderes mundiales se afanan en la búsqueda de soluciones para detener el derrumbe y minimizar sus impactos futuros.
Los precios de los productos básicos (petróleo, metales, agrícolas, etc.) acompañan el proceso, registrándose caídas importantes en todos los casos.
El escenario es observado con preocupación, no sólo por actores vinculados a las cadenas productivas agrarias, habida cuenta del protagonismo y de la relevancia alcanzados por el sector en la recuperación de la actividad económica en nuestro país en el pasado reciente.
Precios por encima de los previos al boom
En el caso de los granos y sus derivados, las caídas son significativas respecto de los niveles alcanzados en el "pico" de precios ocurrido durante 2008.
Al promediar octubre el precio del trigo FOB en puertos argentinos se ubicaba 35% por debajo de su máximo del otoño pasado. En maíz, la caída del FOB en Argentina respecto del "pico" de junio llegaba a 33%.
Similar ha sido el comportamiento de los granos oleaginosos, cuyos precios de exportación mostraron caídas de 30% en la soja y 22% en el girasol.
Las bajas de los aceites vegetales se ubicaron en 39% en el caso del de soja y 51% en el aceite de girasol, mientras que las harinas de soja y de girasol cayeron 26% y 59% respectivamente.
No obstante, a pesar de los importantes descensos, los precios se mantienen en todos los casos por encima de los niveles previos al boom de los mercados agrícolas.
Si se toman como referencia los precios de enero de 2007, los valores actuales de los granos resultan superiores en todos los casos, con diferencias que alcanzan a 25% (trigo), 12% (maíz), 35% (soja), 74% (girasol), 32% (aceite de soja), 42% (aceite de girasol) y 53% (harina de soja).
Las claves del futuro
Sin perjuicio de las consecuencias adversas de los menores precios sobre los ingresos de las actividades agrícolas, el impacto sobre la rentabilidad dependerá también en forma muy importante de la evolución de los costos de producción, que tenderán a reducirse ante la baja esperada de los precios de varios insumos clave, en particular fertilizantes, combustibles y agroquímicos.
La caída de los precios del petróleo ha sido muy significativa.
Luego de alcanzar un "pico" de U$S 147 por barril en julio pasado, a mediados de este mes se ubicaba en torno a los U$S 70 el barril (West Texas), un descenso relativo de más de 50%.
En cuanto a los fertilizantes, también se evidencian descensos importantes, en particular en el caso de la urea (de costos de producción fuertemente influidos por el precio de la energía).
Al promediar octubre, el precio internacional de la urea se ubicaba 57% por debajo del máximo alcanzado en agosto (U$S 340 vs. U$S 792 por tonelada FOB); en el caso del fósforo, la caída –en igual período– fue de 14%.
Asimismo, el ajuste también alcanza a algunos servicios relevantes: entre julio y octubre el índice de precios de fletes marítimos (Baltic Freight Index o BFI) cayó 70%, como directa respuesta a la rebaja de los precios de los combustibles.
En suma, un escenario que está cambiando intensamente, con mercados que tienden a ubicarse en menores niveles de precios absolutos.
Los impactos sobre la actividad sectorial dependerán de esa evolución y –en particular– de la nueva situación de precios relativos que surja "luego de la tormenta".
Para la definición del futuro escenario de negocios serán claves las relaciones insumo:producto (que determinarán los márgenes de cada actividad) y las relaciones producto: producto (que incidirán en la comparación de las rentabilidades entre actividades sectoriales).
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