POR PABLO JIMÉNEZ DE ARÉCHAGA |
pjimenez@seragro.com.uy
Se realizó el pasado 3 de setiembre el 1er Encuentro Uruguayo de Soja, con el objetivo de profundizar en aspectos claves del cultivo y su inserción en el sistema de producción. Fue organizado por la Mesa Tecnológica de Oleaginosos, que integran 11 empresas privadas –vinculadas a la producción, industrialización y comercialización de productos oleaginosos–, el INIA, la Facultad de Agronomía y el LATU.
Con el foco en el ciudadano común y lanecesidad de trasmitir elementos esenciales del cultivo de soja, la convocatoria movió a más de 700 personas que colmaron el Salón de Actos del Edificio Mercosur, ubicado en la rambla de Montevideo.
Una caracterización del mercado mundial de la soja, impactos ambientales del cultivo en nuestro país, una aproximación a impactos socioeconómicos y una descripción de las nuevas formas de organizar la producción agropecuaria –donde la soja juega un rol protagónico–, fueron algunos de los temas abordados.
Mercados
El especialista en mercados agrícolas Fernando Villamil dio un completo panorama de las principales características del mercado de soja a nivel mundial y las implicancias que tiene para nuestro país un escenario de creciente demanda en los próximos años.
Al respecto, la soja es el mercado agrícola que más creció en los últimos 18 años, con tasas anuales de 4,8% en producción y de 4,4% en consumo, mientras que los cereales aumentaron su producción en 2,6% y su consumo en 2,4% en el mismo período. Hacia el futuro, las proyecciones presentadas por Villamil en base al USDA indican que el comercio global de soja pasará de 75 millones de toneladas este año a 105 millones de ton en 2017/18, lo que significa 3 millones de toneladas más por año (4% de crecimiento anual).
Por otro lado, una característica distintiva de este mercado es la alta concentración existente. El Mercosur y EEUU en conjunto representan 86% de la producción mundial y 97% de las exportaciones de poroto de soja. Por el lado de la importación, Asia domina el mercado con 67%, siendo China responsable de la mitad de la soja que se demanda a nivel mundial (47%). A su vez, el mercado de soja es el más importante en términos relativos, ya que 33% de la producción mundial es comercializada. Luego viene el trigo (18%), maíz (13%), arroz (7%) y girasol (apenas con 5% de su producción volcada al mercado). Villamil también destacó al mercado de soja como uno de los que mejores condiciones tiene para la formación de precios.
La Bolsa de Chicago es la principal referencia para la oleaginosa y es el mercado de futuros de commodities más grande del mundo. Para tener una idea, en julio pasado el volumen de negocios diario promedió 16 millones de toneladas, lo que genera un "equivalente año" de 25 veces la cosecha mundial.
La mayor ventaja para el mercado físico de oferta y demanda mundial es la posibilidad de asegurar precios o realizar coberturas. El hecho de que la soja sea un producto altamente comercializado (33% de su producción) y que los países intervinientes sean pocos define un escenario de alta volatilidad como el que estamos acostumbrados a ver.
Villamil remarcó que ésta es una característica estructural de este mercado y que la intervención de fondos de inversión potencia aún más esta particularidad. Finalmente, una fortaleza adicional de la soja son los distintos factores que empujan la demanda, ya que es usada como ración animal (harina), aceite y biodiesel.
Respecto a las oportunidades que este mercado presenta para Uruguay, Villamil enfatizó nuestra ubicación geográfica estratégica, ya que esta región del mundo es la única en donde puede aumentar el área de siembra, y nuestro país puede aportar en producción y/o logística para la comercialización de países vecinos.
Impacto ambiental
El Ing. Agr. Jorge Sawchik fue el encarga- do de presentar importante información del impacto ambiental que genera la soja en nuestro país. A modo introductorio, realizó una caracterización de lo que significa la soja hoy en Uruguay.
En primer término, el cultivo se encuentra inserto en un sistema de producción más complejo, por lo que el análisis inevitablemente debe ir más allá del cultivo en sí.
En este sentido, relativizó la presencia del monocultivo de soja por ser prácticamente inexistente en la actualidad. Aunque en los primeros años del boom (2003-2004) pudo existir el monocultivo, las características de nuestros suelos generalmente marginales para la agricultura de verano y las elevadas rentas determinan que actualmente sea un modelo inexistente.
A su vez, aunque en la teoría se destacan las invalorables virtudes de la rotación agrícola-forrajera como la ideal en términos de sustentabilidad ambiental, se reconoce la predominancia de un sistema de agricultura continua bajo siembra directa (SD).
Dijo que se profundiza en aspectos de sustentabilidad ambiental para este tipo de rotaciones (agrícolas puras) en distintos ambientes productivos del país. Sawchik desarrolló tres áreas prioritarias para el manejo ambiental de los sistemas productivos que incluyen soja:
Erosión. La pérdida de suelo por erosión es la principal amenaza que tienen los sistemas de producción agrícolas en nuestro país. La investigación nacional muestra claramente cómo realizando rotaciones de cultivo- pasturas en SD se reducen notablemente los niveles de erosión.
En caso de que la pastura no integre la rotación, situación que se generaliza en la práctica, la secuencia de cultivos debe lograr los beneficios que aporta la pastura, básicamente dados por el control del escurrimiento frente al impacto de la gota de lluvia.
El diseño de las rotaciones de cultivos debe asegurar una buena presencia de cobertura viva o muerta sobre el suelo. Según Sawchik, el ajuste debe ser específico al tipo de suelo y a las condiciones climáticas promedio de la zona en estudio, que no es otra cosa que el ambiente de producción donde se desarrolla el sistema agrícola.
Por ejemplo, la secuencia de doble cultivo a partir de trigo o cebada, o una cobertura invernal más soja de 2ª, reduce las pérdidas por erosión casi al límite permisible, frente a una situación insostenible si se realiza soja sobre soja.
En nuevas áreas agrícolas, como el Noreste, la alternancia de soja y sorgo en verano, y la presencia de coberturas invernales ubican las pérdidas por erosión en niveles tolerables en la mayoría de los ambientes analizados.
Balance de carbono. Nuevamente el diseño de las rotaciones surge como la principal variable de manejo para obtener un balance de carbono positivo, lo que significa ir mejorando los niveles de materia orgánica del suelo y con ello asegurar la sustentabilidaddel sistema en el largo plazo.
También importa el ingreso de nitrógeno al sistema y la presencia de leguminosas surge como una fuente barata y adicional del nutriente. Aquí también la rotación de cultivos y pastura en SD muestra balances neutros o positivos de carbono y reduce los requerimientos de fertilizantes nitrogenados.
Al trasladar el análisis a sistemas agrícolas puros, Sawchik sugirió hacer el balance de carbono por cultivo presente en la rotación. Con una salida de carbono por mineralización promedio anual estimada, el ingreso a partir del aporte de rastrojos más raíces de los distintos cultivos agrícolas (rindes medios) genera balances negativos para la soja, levemente negativos a neutros en trigo y positivos en maíz.
La inclusión de gramíneas C4 (maíz, sorgo) con mayor volumen de rastrojos y lenta descomposición, cultivos de cobertura, especies de alto volumen de raíces y leguminosas de corta duración son alternativas existentes para diseñar mejor las rotaciones, siempre en función de las características específicas del ambiente de producción.
Carga potencial de plaguicidas en el ambiente. Respecto al uso de plaguicidas en soja, el Ing. Sawchik advirtió que, en términos generales, se percibe un cambio positivo por la sustitución de productos más tóxicos por otros, nuevos, menos tóxicos. Sawchik destacó también la importancia que tiene la adsorción de plaguicidas al suelo como mecanismo de carga potencial al sistema, especialmente en algunos compuestos como clorpirifos, endosulfan y cipermetrinas.
Al respecto, se hizo énfasis en un manejo integrado de plagas con uso racional de plaguicidas, a la vez que se destacó que, al realizar un buen control de la erosión, también se está limitando la contaminación de aguas superficiales por sedimentación, tanto de plaguicidas como de nutrientes.
Impacto socioeconómico y nuevas formas de organizar la producción
El Ing. Agr. Gonzalo Souto presentó información sobre quiénes y cómo hacen agricultura hoy en nuestro país y adelantó alguna aproximación sobre impactos económicos y de empleo a partir del auge de la soja.
En lo que va de la década se observa una concentración de la actividad en empresas de mayor tamaño, un menor peso de activos fijos en la inversión (tierra y maquinaria), organización en "redes" de negocios, nuevas formas de financiación, y una creciente importancia en la capacitación y gestión de los recursos humanos.
Hay 17 empresas exportadoras de soja. El 65% de la soja que se planta es realizada por nuevos agricultores, entre los que predominan las empresas "gerenciadoras".
A partir de una encuesta realizada a estas empresas, se estimó mediante algunos supuestos el impacto de empleo directo debido a la superficie adicional generada por el cultivo de soja, y así surgió la cifra de tres empleos directos cada mil hectáreas y un saldo neto de 600 empleos permanentes directos nuevos.
Es importante mencionar que no se cuantifica la generación de empleo indirecto, la cual se supone que es muy importante. A su vez, otro ejercicio realizado por el equipo técnico fue cuantificar la generación de riqueza adicional en algunos eslabones de la cadena sojera.
Al respecto, para el último ejercicio, el mercado de semilla produjo U$S 14 millones a nivel local, los servicios de maquinaria con más de 250 empresas constituidas generaron U$S 35 millones, el transporte U$S 15,5 millones y el mercado de inoculantes U$S 1,85 millones.
En el caso de la infraestructura de almacenaje y acondicionamiento, en el trabajo se estimaron unos U$S 40 millones de inversión directamente atribuibles a la soja en los últimos cuatro años.
A modo de comentario final, el Ing. Agr. Pedro Arbeletche puntualizó que un mayor crecimiento no significa necesariamente un mayor desarrollo, debido a que la presencia de pocos actores en los distintos eslabones de la cadena está dando la pauta de una concentración de la renta generada.
Finalmente, el especialista argentino Roberto Bisang expuso en interesante charla algunos aspectos relativos a los nuevos modelos de producción organizados bajo la forma de redes. Según Bisang, los principales cambios ocurridos en torno a la producción agropecuaria están vinculados al aumento extraordinario de la renta en un negocio que, además de la producción de alimentos, ahora también ofrece energía y bienes industriales.
El otro gran cambio se observa en la forma de organizar el negocio. El de ahora es un negocio que genera más riqueza y que trasciende el espacio de producción meramente acotado por la superficie de tierra, donde mayoritariamente su dueño dominaba verticalmente el proceso de producción.
Actualmente, además del activo crítico tierra, la forma de articular el negocio en redes agrega el conocimiento y las relaciones contractuales como ejes del nuevo sistema de producción.
Es necesario crear nuevos indicadores que midan correctamente los impactos de esta actividad a partir de los nuevos actores del negocio, más allá del medio rural.
Para Bisang, los desafíos de este negocio que definitivamente derrumba los conceptos clásicos de agro, industria y servicios manejados en forma aislada, pasan por la regeneración de innovaciones, una agroindustria eficiente, el reparto de la renta y la sustentabilidad ambiental.