POR NICOLÁS LUSSICH | Ingeniero Agrónomo |
nlussich@seragro.com.uy
El sector forestal cumple con creces todo lo previsto hace 20 años, cuando los legisladores nacionales -por unanimidad- votaron la ley forestal, constituyendo una de las pocas políticas de Estado que lleva adelante el país.
Después de los picos históricos de fines de los 90 (cuando se plantaban en torno a 70.000 hectáreas por año), el área forestada anualmente declinó, hasta ubicarse en 13.679 hectáreas en 2007. Esta reducción se explica por varios factores.
Por un lado, los mejores suelos de prioridad, los más atractivos para los forestadores, ya fueron plantados. Aún hay una importante superficie de prioridad sin plantar, pero son suelos de menor potencial y más marginales. Sobre ellos, el sector sigue avanzando, pero a paso más lento.
Por otro lado, a la forestación le surgieron competidores fortalecidos. El panorama ganadero mejoró notablemente y, principalmente, el actual boom agrícola generó una nueva demanda de tierras, que cambió radicalmente el panorama en el campo. El precio de la tierra subió y las empresas forestales –otrora dominantes en el mercado inmobiliario- moderaron sus ímpetus.
En los 90, la forestación tenía todo el impulso de la inversión y los subsidios, ante un sector ganadero a media máquina y una agricultura en crisis. Hoy, el ímpetu lo tienen los granos y las vacas, en una suerte de interesante revancha. Es la hora de la combinación de rubros, que implica –necesariamente- armar sistemas diversificados, con áreas forestales menores.
Finalmente, los cambios en la política forestal hicieron su parte. Al previsto y lógico fin de los subsidios (aún se pagan los generados años atrás) siguió la eliminación de las exoneraciones impositivas para las plantaciones, con la excepción de los montes destinados a aserrío o procesamiento físico (raleados y podados, de ciclos largos).
Asimismo, el trámite para aprobar proyectos forestales se ha vuelto más exigente: las plantaciones de más de 100 hectáreas deben tener la aprobación ambiental de la Dinama (Mvotma), lo que hace al trámite más largo, en aras del cuidado ambiental.
Por último, la prohibición a las SA con acciones al portador como propietarias de tierra implicó un cambio sustancial en el marco legal del sector, retrasando nuevas inversiones.
Pero la demanda externa sigue siendo firme y el sector continúa desarrollándose. De tal forma que este año se asistirá a un aumento en el área plantada, según manifestó a esta revista el Director Nacional Forestal
Tiempo industrial
La planta de Botnia trabaja a pleno durante estos meses, con un ritmo de producción cercano a las 3.000 toneladas diarias de pulpa. Más allá del conflicto con Argentina, la instalación de la primera planta pulpera de gran escala ha sido un éxito, sorprendente para muchos en este Uruguay aún lento y remolón.
Las exportaciones de celulosa de Botnia encuentran un mercado con precios máximos históricos y puede estimarse que llegarán a 700 millones de dólares en 2008. La producción uruguaya, nueva en el mercado, mereció un trabajo de "presentación", con información detallada a los clientes del nuevo producto, que tuvo excelente receptividad entre los compradores.
Por su parte, ENCE prosigue con sus obras en Punta Pereira (Colonia) y la portuguesa Portucel firmó un memorando con el gobierno uruguayo, en el que se especifican las condiciones y los requisitos para el proyecto de inversión en el país. Portucel plantea la construcción de un complejo industrial para producción de pulpa y papel, con una capacidad para elaborar 1,3 millones de toneladas de pulpa anuales. El grupo Portucel es el mayor productor europeo de celulosa de Eucalyptus y en 2007 facturó 1.147 millones de euros.
El memorando señala que serán creados "grupos conjuntos de trabajo" para evaluar los puntos clave para ambas partes. El resultado de estos estudios conjuntos conducirá a la firma de un contrato definitivo para realizar la inversión.
Es claro que la concreción de la inversión es lejana. Portucel aún no tiene base forestal en Uruguay y ni siquiera ha comenzado a comprar tierras. Busca ingresar al mercado uruguayo en un momento no del todo propicio, con valores altos de la tierra y empresas forestales consolidadas.
Varias fuentes del sector consultadas por El País Agropecuario coincidieron en apreciar que, de confirmar su inversión, Portucel deberá comprar montes o hacer contratos de provisión con los fondos forestales que se han expandido en el Este del país. Fondos como Global Forest, Harvard o RMK acumulan en conjunto más de 200.000 hectáreas, principalmente de Eucalyptus. Portucel ya ha planteado a empresas uruguayas la firma de contratos de suministro de largo plazo, por ahora sin éxito. Sin embargo, todavía es prematuro para definir el futuro de esta inversión.
La instalación de una planta de celulosa en el Este no sorprende, pues desde hace décadas se manejan proyectos en ese sentido (los primeros se hicieron con la cooperación japonesa). Coincide, además, con la expansión de la forestación en dicha zona.
Un par de plantas en el Litoral y otra en el Este era un panorama previsible para quienes, décadas atrás, dieron fundamentos técnicos a la política forestal. Sin embargo, pocos vieron la posibilidad de una planta de celulosa en el Centro.
La que la vio fue Stora Enso, que ya tiene 70.000 hectáreas (entre propias y arrendadas), de las cuales 13.000 ya están plantadas. Posiblemente termine el año con cerca de 20.000 hectáreas plantadas. Stora Enso ha acordado la provisión de plantines con varios viveros forestales de la zona (principalmente de Durazno) y está generando el previsible movimiento económico con su actividad.
Maduras y verdes
El exultante panorama en el sector celulósico contrasta con el sector de madera aserrada y otros productos de madera física (p.e. tableros). Estos productos enfrentan una demanda mundial debilitada por las crisis inmobiliarias y –al mismo tiempo- un aumento de los costos internos en dólares.
Es una pinza difícil de sobrellevar, en particular para empresas de pequeño y mediano porte. De todas formas, los proyectos de inversión siguen en marcha y para muestra está Weyerhaeuser (una de las principales forestales del mundo y pionera en Uruguay), que montará una nueva planta en Tacuarembó, adjunta a la actual pero con el doble de capacidad.
En la vía
Para todo el sector forestal, los costos de transporte son claves, y las vueltas y contravueltas que tiene la reparación de las vías de AFE son malas noticias.
Recientemente, el Directorio ha expresado que los empleados de AFE repararán parte del tramo central (de Pintado al Norte), mientras se contratará a empresas privadas la reparación del resto de los tramos y de los ramales hacia el Litoral.
El objetivo es, en dos años, reparar unos 718 kilómetros de vía. Más vale tarde que nunca.