POR JOAQUÍN SECCO GARCÍA |
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En las comarcas ganaderas ha pasado la infausta sequía de otoño, la cual prácticamente suprimió el crecimiento del pasto natural en uno de los períodos de mayor productividad del año, cuando además se acumula buena parte del forraje que se consume en invierno.
Afortunadamente, a mediados de julio, el invierno se presenta muy benigno. Sin embargo, debido a la estación, el crecimiento del forraje natural es pobre, aunque las praderas y los verdeos tienen un excelente comportamiento.
Los efectos de la sequía
Por su parte, los mercados se normalizan. Los precios del ganado gordo -que escaseasubieron y se sitúan en un valor parecido al precio de exportación, tal como ha sido la regla en los últimos años. El margen de la industria se ha reducido y vuelve a ser semejante al valor del quinto cuarto.
Las cotizaciones de los ganados para el campo han mejorado mucho, aunque la relación de flaco a gordo sigue estando muy por debajo de los niveles de los últimos años y especialmente muy por debajo de lo necesario para favorecer la cría y el futuro de la ganadería.1
Basta comentar que una vaca de invernada vale más que una vaca con seis meses de preñez. El ternero no sólo que no vale, sino que desvaloriza a su madre. En la misma dirección, una vaca gorda vale como una y media vacas preñadas. Hubiera sido más conveniente evitar las preñeces.
Los efectos de esta breve coyuntura darán lugar a menos nacimientos, lo cual reducirá la producción futura. Por otra parte, rápidamente en la primavera volverá la alegría.
Acompañando al pasto, las relaciones de precios se invertirán y volverán a situarse en niveles semejantes a los de principios del año, antes de la sequía. Pero lo perdido será irrecuperable.
La condición actual de mercado, tan adversa a la cría, debe explicarse principalmente por la sequía de verano/otoño, que por una parte redujo la capacidad de invernada y consecuentemente la demanda de ganado por los invernadores y, por otro lado, aumentó la premura de los criadores por vender, lo cual hizo caer en picada los precios de la reposición.
Las tribulaciones ocurridas en cualquier eslabón de la cadena se descargan siempre sobre la cría, que es el cimiento de toda la industria. Ello explica sus estrategias precavidas y conservadoras para sobrevivir. Entre otras precauciones, mantener obstinadamente el 65% de procreos como una adaptación darwiniana al riesgo. Nunca se sabe si el negocio cerrará vendiendo terneros o vacas falladas.
El ejemplo lechero
Esta coyuntura exhibe una debilidad permanente de nuestra ganadería: su excesiva dependencia de los ciclos climáticos. Para ilustrar el argumento, podríamos contrastar la alimentación altamente dependiente del campo natural que recibe la producción de carne, con el ejemplo de la lechería, que a través de un manejo inteligente de pastos artificiales, reservas y concentrados consigue neutralizar –en buena medida– los extremos climáticos.
El fortalecimiento de los mercados internacionales y la competencia por la tierra con la agricultura, la lechería y la forestación han modificado significativamente las condiciones para la producción ganadera. Actualmente, se hace posible y necesaria la adopción de innovaciones técnicas que eran inconvenientes en el pasado.
A los precios y costos de hoy, no es posible mantener invernadas de 120 kg/año producidos casi todos en primavera. Hoy resulta rentable una alimentación "lechera" en la invernada, basada en verdeos y praderas muy productivas, y en el aumento de la utilización de reservas, de manera de alcanzar altas ganancias diarias durante todas las estaciones del año (ver recuadro). Ello, a su vez, crearía un efecto de turboaspiración sobre la cría, favoreciendo su desarrollo.
Una alimentación menos dependiente de los ciclos del pasto hace posible sostener con mayor estabilidad la demanda de reposición, y atenuar los efectos negativos de las variaciones estacionales regulares del clima y de las adversidades no periódicas. Carne más cara y tierras más caras reclaman sistemas más intensivos y menos sensibles al clima. Asimismo, estos cambios técnicos harán necesarias nuevas formas de organización y de articulación entre empresas, lo cual también comienza a observarse.
Es el camino que ya recorren quienes lideran las innovaciones. Eventualmente se seguiría una evolución parecida a la que ha caracterizado los recientes desarrollos en la forestación, la producción de granos y, últimamente, de una lechería de gran escala.
La industrialización del agro
Las cadenas agroindustriales que se han desarrollado en los últimos años se caracterizan por haber llevado a la explotación agropecuaria un modelo de organización de características industriales. La explotación está separada de la vida doméstica/familiar. Cada una de las decisiones y cada una de las prácticas se llevan adelante con rigor industrial, con el propósito de lograr resultados óptimos.
La organización permite conseguir los mejores resultados de la tecnología seleccionada, de la escala de operaciones, de los procesos de trabajo, de la planificación, del control de resultados, de la comercialización, la logística, el financiamiento, la selección y la capacitación de los recursos humanos, la organización gerencial y las alianzas estratégicas con empresas proveedoras y clientes.
Estos modelos, en la medida en que tienden al óptimo, también tienden a parecerse entre sí. En nuestro medio, han venido –predominantemente– de la mano de empresas extranjeras. Se han instalado multinacionales que invierten en la producción primaria en nuestro país, circunstancia prácticamente inédita en nuestra historia y que seguirá fortaleciéndose. Probablemente, la excelencia en la gestión y la organización representan las innovaciones esenciales que hacen posible una mayor competitividad para acceder a los recursos naturales y valorizar inversiones.
En la ganadería, en cambio, existen pocas explotaciones con una solidez empresarial comparable. En un universo de más de 20.000 ganaderos, probablemente no podamos poner en la categoría ni siquiera al 5%. Predomina el modelo familiar, donde se combinan las decisiones y las prácticas domésticas con las empresariales, lo cual aleja a las decisiones empresariales de su óptimo. Las escalas de producción son pequeñas, existe escasa especialización y división del trabajo. También es escasa la conectividad entre empresas.
Como resultado, se observa una gran dispersión de sistemas productivos y una elevada ponderación de opciones personales que no necesariamente coinciden con los mejores resultados empresariales. Coincidentemente, en la ganadería, no han existido inversiones de multinacionales en el sector.
Probablemente, la baja rentabilidad y los elevados riesgos contribuyeron a explicarlo y a explicar también el modelo predominante en el país, caracterizado por bajos resultados, bajos riesgos y lento ritmo de adopción de innovaciones.
El contexto actual ha cambiado, probablemente de manera irreversible. Las condiciones evolucionan hacia la difusión de modelos ganaderos más productivos, capaces de superar algunas de sus limitaciones más antiguas y responder a las demandas globales.
Asimismo, probablemente más temprano que tarde la ganadería despierte el interés de inversores extranjeros corporativos. Ello estaría justificado por los valores actuales de la carne, por el rol estratégico que está adquiriendo el MERCOSUR para el abastecimiento global de productos cárnicos, y por las buenas condiciones ambientales, institucionales y sanitarias del país.
Para develar algunos indicios del futuro habría que observar desarrollos que ya se insinúan en el país, así como la trayectoria seguida por la ganadería en naciones más avanzadas, que nos precedieron.
Los dilemas del desarrollo
El sector agropecuario en su conjunto experimenta las transformaciones más importantes en varias generaciones. Todo cambio en la economía y la sociedad trae beneficios y costos, ganadores y perdedores.
Estos balances representan los dilemas esenciales del desarrollo, los cuales dan lugar a las iniciativas del Estado y de la sociedad, dirigidas a explotar las oportunidades y neutralizar o compensar por los problemas emergentes del progreso. Es bien sabido que los mercados puros fallan y que el crecimiento espontáneo genera desequilibrios indeseables que las sociedades bien organizadas tratan de regular.
En nuestro caso, tenemos una pobre discusión y una gran desorientación acerca de cuáles son los activos y los pasivos de los procesos que estamos viviendo. No tenemos estrategias efectivas dirigidas a potenciar lo mejor y mitigar lo peor, tampoco tenemos visiones de lo que nos gustaría ser, apoyadas en un mínimo de consensos.
La perplejidad alcanza por igual al gobierno y sus agencias, a los partidos políticos, las gremiales, la academia y al hombre de la calle que tiene más empleo, más salario, vive mejor y no tiene idea de que ello se debe, en gran parte, a que el agro produce mucho más y lo vende mejor.
El pleito que se instaló entre nuestros vecinos de allende los ríos es una expresión de hasta dónde puede conducir la falta de claridad acerca de un proyecto nacional y hasta dónde los instrumentos -las retenciones, la industrialización peronista, el reparto populista- se transforman en dogmas.
Nuestra política, menos desorbitada, prefiere las trivialidades que crecen exponencialmente al acercarse las elecciones y deja pendiente la construcción estratégica, que se sepulta en el estrépito de consignas apolilladas.
Algunos asuntos trascendentes esperan por una discusión inteligente: * La modernización implica aumento de la escala de producción, especialización, tecnificación, nuevas formas de organización y gestión, y concentración de los negocios.
Aunque el empleo y los ingresos agropecuarios aumentan más que el Producto, probablemente se produzcan situaciones de exclusión y barreras al acceso. La agricultura familiar que se maneja con criterios empresariales menos rigurosos tendrá problemas para adecuarse a las nuevas exigencias competitivas y podrá ser progresivamente desplazada. ¿Cuáles deberían ser las estrategias para atender estos cambios? ¿Obstaculizar o promover? ¿Y cómo? * Las principales oportunidades de negocios que se han ofrecido en los últimos años han sido aprovechadas predominantemente por empresas extranjeras. ¿Qué implicancias tiene esta circunstancia y cuáles serían las estrategias para mejorar la competitividad emprendedora local? ¿Es positivo o indiferente que exista un liderazgo empresarial local?
* En los últimos años los procesos mencionados han dado lugar a un fuerte aumento de la urbanización de la campaña. Los indicadores de bienestar y las oportunidades de crecimiento personal en las ciudades y los pueblos rurales son significativamente superiores a los que se obtienen en el medio rural. Las familias que pueden hacerlo se mudan al pueblo. ¿Sigue siendo un objetivo que la gente viva aislada en el campo?
* La intensificación del uso de los recursos naturales plantea amenazas sobre la sostenibilidad de las características productivas de los suelos y del agua. Asimismo, existen sistemas de manejo que aseguran la sostenibilidad del recurso. Hay una ostensible preocupación por el tema en el sector privado y un diálogo alentador con el MGAP.
¿Cómo debe manejarse el tema?
Nota escrita el 16/07/08.
1 En el remate de Plaza Rural del 15/7 los terneros se cotizaron a U$S 1,60 por kg, con el gordo a U$S 1,70. En febrero, los terneros valían también U$S 1,60, pero el gordo valía U$S 1,20.
Alimentación "lechera" del ganado
La producción media de carne y leche en los tambos es semejante a más de 700 kg de carne equivalente por há. Esa cifra da una idea de un potencial que no tiene demasiados secretos técnicos, pero sí tiene secretos de organización y articulación entre empresas que cooperan para lograr un producto de una manera muy eficiente.
Un sistema de engorde en el cual 35% de la materia seca fuese proporcionada por reservas (silos de grano o fibra de maíz o sorgo), 45% por praderas y 20% por campo natural, produciría unos 450 kg de carne por há. El costo de la alimentación sería de unos U$S 0,90 por kg producido. En el costo se incluye una renta de U$S 300 para el área sembrada con maíz o sorgo, U$S 200 para el área de praderas y U$S 100 para el campo natural.
Aun sumando los costos generales de explotación, con un precio de la carne de U$S 1,70, las cuentas cierran holgadamente. La expansión de estos sistemas es cuestión de tiempo y de emprendedores.