"La ovino cultura nacional se encuentra frente a un punto de quiebre.
Las señales que estamos observando desde hace mucho tiempo a nivel mundial (ej.: Australia y Nueva Zelanda) muestran un camino que recién estamos comenzando a transitar. En el mismo se hace necesario un incremento de la productividad y calidad mediante la mejora de la eficiencia en el uso de los factores de producción. Para ello se requiere una especialización de la misma, la incorporación de tecnología de última generación, una remuneración acorde a la calidad del producto, una diferenciación y agregado de valor de los productos a lo largo de las Cadenas de Valor Agroindustriales, certificación de productos y procesos, producción amigable con el medio ambiente y cuidado del bienestar animal. Paralelamente, es imprescindible que exista un respaldo científico a las estrategias de promoción y marketing de los productos y a la capacitación de todos los agentes de la Cadena, etc."
Así se inicia uno de los trabajos presentados en el III Congreso de Mejoramiento Ovino por el Ing. Agr. Fabio Montossi, director del Programa de Carne y Lana del INIA.
Especialización e intensificación productiva. Éstos parecen ser los caminos que los distintos sistemas del rubro ovino tendrán que seguir en los próximos años para subsistir de manera competitiva en la nueva realidad- productiva del país.
En la misma línea de análisis, el Ing. Agr. Rafael Gallinal puso sobre la mesa en el evento realizado a fines de junio algunos puntos centrales sobre la competitividad del rubro ovino en el nuevo escenario productivo y el camino de la intensificación como forma de superarlo. A su juicio, la producción ovina pierde terreno frente a otras, ya que presenta algunas desventajas que la tornan menos competitiva.
En un marco de fuerte competencia por el recurso tierra y el recurso humano, la producción ovina genera un bajo ingreso por hora invertida del productor, si lo comparamos con otros rubros, como la agricultura, la lechería e incluso la ganadería vacuna.
Para las zonas del país donde es posible invertir en forraje y elevar los potenciales productivos actuales, además de aprovechar las nuevas ventajas generales que adopta una zona cuando llega la agricultura, el énfasis debe estar –según Gallinal– en intensificar fuertemente los sistemas ovinos, para mantenerse competitivos con las otras producciones.
Es preciso aumentar el ingreso por hora invertida del productor; aumentar inversión, producción y utilización de forraje; considerar la mayor importancia relativa de la carne frente a la lana y para ello mejorar sustancialmente factores reproductivos (fertilidad, prolificidad y sobrevivencia) y de velocidad de crecimiento. Los mercados de alto valor para la carne ovina y la competencia interna por el producto surgieron como importantes limitantes para recomponer el rubro en estos sistemas.
Respecto a la mejora genética en estos planteos más carniceros, Gallinal priorizó el concepto de "adaptación al medio" como aspecto fundamental en todos los caminos de mejora posibles. La necesidad de simplificar el manejo y disminuir el cuidado de los animales por parte de técnicos y personal de campo está en la base de aplicación de este concepto.
La selección de líneas de alta productividad en las razas ya presentes en el país o introducidas, la utilización de nuevas razas sintéticas, los cruzamientos F1 entre razas tradicionales y nuevas razas introducidas, y los cruzamientos terminales para mejorar aspectos de crecimiento y calidad de carcasa fueron las opciones presentadas por el productor.
Para la otra gran zona del país donde los sistemas tienen limitada capacidad de inversión forrajera con base en el campo natural, para Gallinal la competencia con otros rubros no ha sido tan fuerte y la mejora de la competitividad del ovino pasa por incrementar más el ingreso por lana fina, para lo cual el camino de mejoramiento genético que se sigue, dijo, es correcto.