Miércoles 25.06.2008, 06:12 hs. | Montevideo, Uruguay
 
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TURISMO ECOLÓGICO
Paisaje y sociedad en NZ

POR JORGE CHOUY | jchouy@seragro.com.uy

Nos venimos ocupando de Nueva Zelanda en sus aspectos agrarios, que están en la base de su desarrollo exitoso y que caracterizan a su sociedad. Nos queda un regusto amargo por no poder abarcar tantos elementos interesantes de ese ámbito, y también por la irritante brecha que existe entre sus indicadores productivos y los nuestros.

Pero la ocasión de visitar ese país de fantasía me llegó por la invitación oficial para conocer el sector turístico, en particular desde el ángulo del ecoturismo.

La misma palabra –ecoturismo– es una expresión moderna, que no tiene más de 20 años de formulada, que nos sugiere cercanía con la naturaleza, cuidado ambiental, vida sana.

La invitación provino del Ministerio de Asuntos Exteriores y Comercio, por un programa que busca fortalecer lazos entre NZ y los países latinoamericanos, trayendo a periodistas de esta zona del mundo, variando cada año el objeto de la visita.

De este modo, en los últimos años colegas de nuestros países conocieron sobre agro, ciencia y tecnología, artes y cultura, y, en esta última oportunidad, turismo ecológico y de aventura.

La delegación latinoamericana estuvo integrada por periodistas de México, Perú, Brasil, Chile, Argentina y Uruguay, uno por país. Los colegas con los que compartí esos días –jóvenes brillantes y dinámicos todos ellos- merecen un capítulo aparte, que algún día intentaré acometer.

Pretender resumir las vivencias de la densidad condensada de esos días es tarea imposible: sin embargo, procuraré compartir contigo, lector, algunas impresiones generales sobre ese lugar, que más que otro país parece otro mundo.

La gira, de una intensa semana de duración, incluyó la estadía en varias ciudades y pequeñas poblaciones, la visita a parques ecológicos protegidos, avistamiento de ballenas (frustrado por el viento), centros termales, numerosos traslados en avión y avionetas, tren, ómnibus, vertiginosas camionetas vans por rutas serpenteantes, paseos en barco por los fiordos del Sur, carrera en "lancha jet" por un río de montaña y hasta una zambullida al vacío desde un puente, a 50 metros, sobre un río (bungy jumping), por parte de los compañeros, emocionante experiencia de la que este cronista se abstuvo.

La tierra y los hombres

El territorio de NZ, situado en la mitad de la nada, en el Pacífico sudoccidental, lejísimo de cualquier otra tierra firme, está compuesto básicamente por dos islas alargadas en la dirección Norte-Sur, a lo largo de 1.600 kilómetros, entre el paralelo 35 y el 48 (aproximadamente), separadas una de otra por un canal que se cruza en dos horas de navegación o 15 minutos de avión.

El paisaje es montañoso, sobre todo en la isla Sur, con unos cuantos picos nevados y hasta fumarolas de volcanes. Entre las cadenas de elevaciones se tienden los fértiles valles que sustentan la legendaria producción ganadera, distinguida en el mundo.

Las costas, sinuosas, albergan bahías y caletas, o se extienden por miles de kilómetros, en largas listas de playas, bordeadas en general de vegetación exuberante.

En el Sur hay una zona de fiordos, golfos entre montañas, con magníficos bosques naturales y cascadas que se precipitan desde las alturas: en esa zona llueven entre 7 y 10.000 milímetros al año. A un par de cientos de kilómetros, la lluvia anual no pasa de 400 mm al año y da lugar a ecosistemas completamente diferentes entre ellos, a pesar de la cercanía territorial.

Estas islas fueron los últimos territorios que se poblaron con humanos en todo el planeta, ya que los maoríes (navegantes polinesios, los vikingos del Asia) llegaron a estas costas hace apenas unos 800 años y los primeros europeos (un holandés, cuando no: Abel Tasman) en 1642. La colonización europea comenzó en realidad en 1769, cuando el capitán inglés James Cook, en su mítico barco Endeavour, circunvaló completamente las islas, dibujó un mapa muy preciso de sus costas y recaló en sus playas. Y tomó posesión de ellas en nombre de la reina, claro.

El ambiente

La historia geológica es absolutamente original: estas fajas de tierra se separaron del continente matriz, Gondwana, cuyas fracturas dieron origen a América del Sur, África, Madagascar, Australia y la Antártida, hace 80 millones de años. Las pequeñas islas evolucionaron sin contacto con ninguna otra tierra, y desarrollaron una fauna y una flora totalmente originales, sin parangón con las del resto del planeta.

Lo más impresionante –no tenían mamíferos– y por lo tanto no había grandes predadores: ni osos, ni lobos, ni gatos grandes o chicos, ni ratas ni ratones. Y, más que nada, no había humanos. Tampoco había, ni hay hoy, reptiles, más allá de un extraño lagartito, el tuatara, sobreviviente de la época de los dinosaurios que tiene como un tercer ojo.

Infinitas especies de aves proliferaron aquí hasta que llegaron los hombres, primero los maoríes y después, más y peor, los europeos, con sus perros, gatos y roedores escondidos en los barcos, que hicieron trizas a la población de indefensas aves nativas, provocando la extinción masiva de innumerables especies. Una de las más notables de las perdidas era el moa, una suerte de avestruz, pero mucho más grande.

Si la fauna era -y sus restos siguen siendo- peculiares, no lo es menos la flora nativa. Casi todo el territorio estaba poblado de bosques, con ciertas especies formidables, únicas en el globo, como algunos árboles y helechos gigantes.

En este caso fueron los humanos, en particular los colonos británicos, los que deliberadamente quemaron los bosques, para sembrar los pastos para el ganado.

Llegó un momento en que las áreas boscosas habían retrocedido tanto que amenazaban desaparecer: apenas quedaba 20% de la superficie con la vegetación nativa original.

La pérdida de su fauna y flora original amenaza ser total y despertó la conciencia pública.

Como en otros terrenos, la sociedad reaccionó con racionalidad. No sólo se frenó la deforestación sino que se creó un sistema de control ejemplar: un tercio de la superficie del país (unos 8.700.000 hectáreas) está protegido; son parques reservados en los que se desarrolla una respetada y eficaz política de conservación y recuperación ambiental.

El símbolo de NZ es, más aún que la extraña ave kiwi, una hoja del helecho plateado, marca reconocida de calidad ambiental.

Un instituto poderoso, el Departamento de Conservación, con 1.200 funcionarios y un presupuesto acorde a la importancia de la tarea, se encarga de controlar el cumplimiento de las severas normas ambientales, con una acción positiva y promocional, pero implacable a la hora de aplicar las sanciones en casos de transgresión.

Abundan los grandes parques donde se intenta conservar y reproducir la flora y fauna silvestre original, trayendo ejemplares de las especies en peligro, muchas veces rescatadas de las pequeñas islas cercanas, que han preservado mejor sus animales nativos.

Visitamos un parque de esas características, el Karori Sanctuari, cercano a Wellington, la ciudad capital. Es un terreno de 225 hectáreas de colinas boscosas, con un lago artificial en el centro, cercado por un tejido de alambre alto rematado de púas para evitar el ingreso de mamíferos predadores, que además se hunde en el suelo para atajar a los cavadores, como la rata. Allí se crían animales y aves de especies nativas amenazadas, y se cultivan y cuidan plantas de tiempos anteriores a los humanos.

En el silencio del bosque guarecido del viento y casi sin insectos voladores se escuchan los variados trinos del tui, que imita las voces de otros pájaros, y los graznidos ásperos de un gran loro, el kaka, aves que sólo existen en este país. Hay un grillo llamado weta, del doble del tamaño y del peso de un ratón, que hizo recordar con glotonería al periodista mexicano los "deliciosos chapulines fritos" que se comen en su tierra.

El turismo como sector económico

El turismo ya es el principal rubro de NZ en captación de divisas, si consideramos a los rubros agropecuarios individualmente, no sumados. Su aporte crece a ritmos sostenidos, no sólo en número de visitantes, sino también en dólares recaudados.

En 2007, unos 2.480.000 turistas dejaron alrededor de U$S 5.500 millones. Está previsto que siga creciendo a un ritmo de 4% anual hasta 2013, por lo que en ese año 3.170.000 turistas aportarían unos U$S 8.700 millones, haciendo la conversión al cambio actual.

Podemos comparar con nuestro país, que hoy recibe una cifra parecida de visitantes (alrededor de 2.000.000 anuales), pero capta un monto de "apenas" U$S 800.000.000, siete veces menos que NZ.

Los visitantes a NZ permanecen 19 días (se miden las noches, en realidad) de promedio en el país. En cuanto al origen, la gran mayoría (unos 900.000) proviene de Australia; siguen los británicos (300.000), los es tadounidenses(222.000), los japoneses (124.000), los chinos (127.000), los coreanos (114.000) y los alemanes (59.000), según la estimación oficial de 2007.

El turismo interno mueve cantidades degente y de dinero aún mayores que las de los visitantes del exterior.

La oferta turística acentúa un perfil prioritariamente ecológico y de "aventura", donde la interacción respetuosa con la naturaleza juega el papel central. Los veteranos pasean en cómodos barcos, los jóvenes reman en canoas y kayaks. Unos aprecian los panoramas desde las avionetas o helicópteros, otros arriesgan los huesos en parapentes; el aerocarril que trepa a las montañas se cruza con los escaladores a campo traviesa, ciclistas y caminantes deportivos surcan los senderos de los cerros y los bosques.

Para atender a los visitantes, muchos de alto requerimiento en confort, NZ cuenta con una infraestructura turística importante yvariada, e instituciones y empresas acordes a la magnitud de la tarea.

Resorts y hoteles cinco estrellas alternan con una vasta red de económicos alojamientos para mochileros, con todos los puntos intermedios. En todas las variantes, la higiene y el trato es excelente, eso no esopcional. Un clásico para observar: los baños del camino, los baños públicos de las plazas de todas las ciudades, los de los bares de cualquier categoría, son impecables, como los de una casa de familia.

El nivel de los servicios es en general sobresaliente y cabe destacar la excelencia y variedad de la gastronomía, propia de un país productor de alimentos de alta calidad.

Maoríes

La comunidad maorí ocupa en el aparato turístico de NZ un lugar central. Sus mitos y leyendas nutren los paseos y paisajes de un contenido espiritual peculiar, dada la imbricación del pueblo nativo con los elementos físicos naturales.

El Consejo Maorí centraliza la acción de 450 operadores turísticos de esa comunidad, que gerencian y usufructúan una serie de servicios en lugares claves, muchas veces otorgados en compensación por el saqueo histórico sufrido por los nativos.

Ya no es el pueblo sometido, es el socio de un proyecto común con los neozelandeses de origen europeo, de gran beneficio para todos.

"Vacaciones y Trabajo"

Este programa asigna a nuestro país un cupo para 200 jóvenes de entre 18 y 30 años, que tramitan una visa por un año. Pueden trabajar en ese tiempo, lo que constituye un beneficio inusual en una visa de turista. NZ es ideal para "destetar" a los muchachos, ya que, entre otras ventajas, no hay mayores peligros, no hay casi delito ni violencia.

Nadie tiene servicio doméstico, así que el nene tiene que hacerse la cama y resolver por sí mismo la comida y el orden de sus pilchas. El joven encuentra trabajo fácilmente –cuando estuvimos había varios en la vendimia–, y gana el equivalente de entre U$S 80 y 100 por día, lo que, si es prolijo y ahorrativo, le permite cierta holgura para comprarse un auto y viajar por el país en los intervalos laborales. Se exige cierta solvencia económica de respaldo a los aspirantes: pueden consultarse los requisitos para postularse en www.inmigration.govt.nz .

Politeness (cortesía)

Los paisajes son espectaculares: las montañas, las costas, los lagos, los ríos, los bosques, todo el entorno. A este uruguayo, habitante de tierras de moderación sin sorpresas, lo deslumbraban más que a los compañeros latinoamericanos, vecinos de los Andes, o de la Sierra Madre mexicana, conocedores de selvas y desiertos.

Pero lo realmente destacado, que diferencia a NZ de nuestra abrumada realidad latinoamericana, es el paisaje humano, el estilo y la calidad de vida. Ciudades y pueblos son hermosos, de una belleza serena y funcional, donde todo está limpio y anda bien. No hay violencia en las calles, ni miedo en la vida cotidiana de la gente.

Tal vez la agresividad natural del humano se canaliza en los rudos y arriesgados deportes y juegos populares, empezando por el rugby, el deporte nacional.

Un detalle ilustrativo: el tránsito es fluido y ordenado, por supuesto, pero sobre todo es silencioso: en 17 días no escuché ni un solo bocinazo, ni una alarma de autos, ni un rugido de escape libre. Caminando por las veredas que bordean los arroyos que frecuentemente atraviesan las ciudades, se confunde el rumor del agua cristalina que corre entre piedras con el zumbido de los autos en la calle.

Todo se cumple puntualmente, al estilo inglés. Los periodistas latinoamericanos llegábamos frecuentemente tarde a las entrevistas y algún compañero refunfuñaba, furioso por tener que "andar siempre a las corridas".

El trato general es educado pero informal, el más encumbrado trata a los demás y es tratado de la misma manera correcta y cordial, aunque sin excesos de calidez. No se oyen gritos ni groserías en la vida corriente.

Las expresiones de orden son "gracias", "por favor", "disculpe", "lo siento". El chofer del ómnibus urbano (¡claro que no hay guardas!, se paga con tarjeta) saluda y es saludado por el pasajero con un "buenos días", y recibe un "gracias", al bajar éste.

Inmersos como estamos, los rioplatenses, en un ambiente de guarangada y violencia propio de barras bravas de la tribuna, nos asombramos de lo que debe ser natural, y que hemos perdido lastimosamente, quién sabe cuándo y porqué.

Empecé esta nota pensando en escribir sobre turismo rural, un capítulo interesantísimo, que apunta a reforzar la economía de los establecimientos y de las comunidades rurales.

Como una vez más me quedé sin espacio –entusiasmado con el juego me fui de la cancha con pelota y todo-, lo dejaré para una próxima oportunidad, si todavía me soportas, estimado lector.

Eficiencia y honestidad

La edición 2006 del informe del Banco Mundial llamado "Doing Business" clasificó a 155 naciones según las principales regulaciones y reformas empresariales. El estudio abunda en citas acerca de las dificultades que afrontan los empresarios por las excesivas regulaciones y la burocracia.

Según el informe, las mejores economías del mundo para hacer negocios son, en orden, Nueva Zelanda, Singapur, Estados Unidos, Canadá y Noruega.

A la vez, NZ encabeza los rankings mundiales de menor corrupción, que hasta en el himno es denostada.

English bad pronounced

El inglés mal pronunciado es el nuevo esperanto (dice García Márquez), con cuyo chapuceo uno puede comunicarse con cualquiera en cualquier parte del mundo. En NZ, a diferencia de EEUU (donde es el segundo idioma), el español no existe, casi nadie lo habla.

Después del inglés, el segundo idioma es el maorí, una lengua de raíz polinésica que sólo se habla allí, y después vienen las lenguas asiáticas: el mandarín, el japonés, el coreano, el tailandés. Por el 10º lugar del ranking aparece el alemán, y el francés anda por ahí, pero todos hablan, mal o bien, el inglés. A los jóvenes, nuevamente: para conocer el mundo, ¡hay que estudiar inglés!

Anfitriones de lujo

Nuestros guías fueron dos funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores, que se turnaron para apoyarnos.

Tienen dos carreras universitarias cada uno, conocen a fondo su realidad y hablan varios idiomas. Cultos y corteses, supieron además resolver los problemas que se presentaron.

Son grandes valores. Y lo más sorprendente: tienen 23 y 26 años (gracias por todo, Ara y David).

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