POR HÉCTOR LUNA |
hluna@seragro.com.uy
"Los mercados mundiales de productos agropecuarios han atravesado por numerosos períodos de auge en el pasado. Sin embargo, nunca como ahora ocurre un período de tanta duración e intensidad, y que alcance a la totalidad de los productos agropecuarios. Y, más aún, a todas las commodities o productos básicos."
Con la poco frecuente virtud de expresar fenómenos complejos con frases simples, el Ing. Agr. Gonzalo Souto caracterizaba así el marco general del actual escenario, en una nota escrita especialmente para la sección Coyuntura Agropecuaria del sitio web de la representación en Uruguay (
www.iica.org.uy
) del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA).
Y agregaba que "el presente auge de los mercados agrícolas incorpora otra característica destacada: el aumento de la volatilidad de los precios. (…) Si bien es cierto que la inestabilidad de los precios es una característica histórica de los productos agrícolas, (…) esa característica se ha acentuado en el pasado reciente y aumenta, en consecuencia, el grado de incertidumbre en los mercados".
La principal conclusión de un informe difundido el 29 de mayo por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) fue que los altos precios, causados sobre todo por la demanda de países en desarrollo (por ejemplo, China) y también por el creciente interés de los inversores en los mercados a futuro de materias primas, dañarán más a las naciones más pobres, aunque impactarán, además, en la población de escasos recursos de países ricos.
En el reporte FAO-OCDE se subraya el rol de la demanda de productos agrícolas para elaborar biocombustibles como otro importante factor alcista y se estima que los precios –aunque no se estabilicen en valores tan altos como los vigentes– permanecerán por encima de sus promedios históricos.
La oferta y los inventarios de granos no cubrirán las necesidades mundiales de 2008 ni tampoco las del período que se extiende hasta 2017, concluyeron los autores del informe conjunto.
Ambos organismos vaticinan que la producción global de etanol se situará en 125.000 millones de litros en 2017 (el doble que en 2007) y que la de biodiesel aumentará aún más rápidamente: 24.000 millones de litros en el último año del período considerado (a fines de 2007 eran 11.000 millones).
El mismo 29 de mayo, el secretario general de la OCDE, el mexicano Ángel Gurría, pidió "una revisión seria" de la producción de biocombustibles y, entrevistado por la agencia Reuters, introdujo un nuevo elemento en el cuadro: "los cultivos genéticamente modificados son parte de la solución" al problema.
En un estudio de la firma londinense New Energy Finance se concluyó que los biocombustibles podrían incidir en 8,1% en el aumento de los precios agrícolas internacionales, pero que otros factores –petróleo, depreciación del dólar, sequías, insuficiente rendimiento económico de las cosechas– pesaron más en el alza de 168% en los costos de los granos registrada desde 2004.
Michael Liebreich, autor de ese estudio, dijo que -si los demás factores se hubieran mantenido en niveles constantes- el crudo habría sido el responsable de incrementar los precios agrícolas en 32,5%, valor superior a cuatro veces en incidencia respecto de los biocombustibles.
Los chicos de la burbuja
La locura alcista del valor del crudo es tal que movió a Antonio Brufau, el presidente e la petrolera Repsol-YPF, a declarar al diario español Cinco Días que no cree que el precio del barril llegue a U$S 200 este año.
Una de las conclusiones de una investigación reciente realizada por el Departamento de Economía de la Universidad Católica Argentina es que –más allá del boom dedemanda de países como China e India y de la expansión de los biocombustibles, con la consiguiente agflation (inflación generada en la agricultura)–, "los mercados financieros juegan un rol negativo en este escenario, a través de la conformación de burbujas especulativas innecesarias", según informó el portal argentino Río Negro on line.
El periodista especializado en economía Fernando Martínez escribió a fines de mayo en Cinco Días que "los inversores especula dores representan el 25% de la negociación del mercado de futuros de Nueva York" y que "entre Londres y Nueva York se negocia a diario una cantidad de petróleo que supera en 10 veces el consumo real" .
El argelino Chakib Khelill, presidente de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), negó que exista un problema de oferta y demanda de crudo, y dijo a inicios de junio que, sin la especulación existente, el barril costaría, probablemente, unos U$S 70.
El "gurú" de los commodities
La desaceleración de la economía, procesos recesivos y el continuo debilitamiento del dólar son indicados por muchos observadores calificados como señales de alarma para la evolución futura de los precios de las materias primas.
"Estas amenazas parecen bastante reales en el caso del petróleo, pero algunos analistas
apuntan que materias primas agrícolas –como los cereales, por ejemplo– estarían a salvo de las mismas, debido a factores estructurales, como tendencias alimentarias o las energías renovables", escribió Juan Manuel Vicente en Cinco Días.
Uno de estos analistas, enfatizó Vicente, es el estadounidense Jim Rogers, "un verdadero gurú de las materias primas a tener muy cuenta". Rogers, un ex socio de George Soros no muy conocido por estas tierras, es el creador del Rogers International Commodities Index, un indicador de referencia para los inversores globales.
Entrevistado por Bloomberg a inicios de enero en Singapur, donde reside, Rogers pronosticó entonces que la economía de EEUU sufrirá "una de las peores recesiones que hayamos tenido en cierto tiempo", que "va a ser mala para todo el mundo, según las monedas se vean sometidas a más y más presiones, y tengamos más inflación en el mundo".
Tras manifestar en una nota publicada por InfoCampo.com.ar su propósito de que, a fin de año, "todos mis activos hayan salido del dólar estadounidense" y decir que estaba comprando yuanes y francos suizos, Jim Rogers -que comenzó su carrera de hombre de negocios a los cinco años de edad, cuando recogía botellas de bebidas de las que el público se desprendía en los estadios de béisbol de su país- pasó el mensaje: "Si usted teme que vaya a haber una recesión, podría pensar en comprar materias primas agrícolas. Sospecho que a la agricultura le irá bien, no importa lo que pase a la economía mundial".
El presidente de los "misiles"
"Si te dieran a elegir entre energía más abundante y barata para los ricos o alimentos más baratos para los pobres, ¿qué elegirías?
Sabemos que cada día que pasa los ricos tenemos que hacer un esfuerzo mayor para llenar el tanque de gasolina, pero afortunadamente no nos va en ello la vida, mientras que los pobres están haciendo lo imposible por llenar sus estómagos", escribió el economista hispano Rafael Pampillón en Economy Weblog.
Agregó que los participantes en ese blog parecían coincidir en que "los biocarburantes son los culpables de los problemas de escasez de alimentos y del aumento de los precios de los mismos".
El debate "alimentos versus energía" está instalado, parece haber llegado para quedarse y suenan campanas varias. Gonzalo Souto afirmó en el trabajo citado al comienzo que "las respuestas de la oferta" agrícola "no han sido aún suficientes para atender el tonificado consumo global, manteniéndose las presiones alcistas sobre los precios".
Los altos valores de los productos agrícolas empujan hacia arriba, obviamente, el costo de los combustibles renovables cuya elaboración se basa en insumos aportados por las tierras fértiles del planeta.
"Los biocombustibles disponibles en las condiciones actuales del desarrollo tecnológico (los de ‘1ª generación’, obtenidos de las commodities agrícolas tradicionales) no son económicamente viables, en la mayoría de las situaciones", lo que desnuda otro impacto: "la necesidad de sostener los cuantiosos subsidios para la promoción de los biocombustibles",
afirmó Souto en el trabajo publicado en
www.iica.org.uy
.
Pero precisó que la viabilidad debe ser analizada "en cada situación concreta" y puso dos ejemplos: la producción de etanol es viable en Brasil (en base a caña de azúcar) y no en EEUU (en base a maíz).
Otras visiones, como las mencionadas por Pampillón -y aún más duras-, cuelgan toda la responsabilidad (o, al menos, la máxima) en los hombros del etanol y el biodiesel, y prácticamente los demonizan.
El mismísimo presidente de Brasil salió al cruce. "Son los precios del petróleo los que han derivado en altos costos del transporte de carga de alimentos. La producción de etanol no ha contribuido en modo alguno a la crisis de precios de los alimentos", dijo Luiz Inácio "Lula" da Silva.
Y, en su programa radial "Café con el Presidente", sacó otras conclusiones: "Esta polémica ocurre porque Brasil no es más un actor de reparto. Es decir, Brasil es el mayor exportador de café, el mayor exportador de soja, el mayor exportador de jugo de naranja, de azúcar, de carne y, ahora, de minerales y de etanol".
Para la coordinadora de la Iniciativa de Energía de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), Andrea Athanas, "el punto es que no todos los biocarburantes
son iguales". Abogó por "más debate informado acerca de los riesgos que suponen los biocarburantes, pero también sobre las oportunidades que presentan".
Bill Jackson, director general adjunto de la UICN, ha calificado de "simplista" al actual debate mediático acerca del tema y afirmó que "hay muchos factores que influyen en los precios de los alimentos y la seguridad alimentaria. En realidad, este debate debería ser sobre cómo el mundo produce alimentos y su accesibilidad por los diferentes grupos de la sociedad".
Jacques Diouf, director general de la FAO, ha aludido al doble desafío de "producir más alimentos en donde se necesitan urgentemente para contener el impacto del alza de los precios sobre los consumidores pobres" y de "relanzar la productividad y expandir la producción, para crear más oportunidades de ingresos y empleo para los pobres rurales".
El titular de la FAO recordó que, en los años 70, cuando los precios de los alimentos aumentaron "de forma espectacular", "muchos gobiernos de Asia optaron por invertir en regadíos e investigación agrícola, y ello supuso el punto de partida para un rápido crecimiento de la productividad".
A comienzos de mes, el presidente "Lula" volvió sobre el tema, durante una conferencia organizada por la FAO: "Veo con desolación que muchos de los que responsabilizan al etanol –inclusive el etanol de caña de azúcar– por el alto precio de los alimentos son los mismos que (desde) hace décadas mantienen políticas proteccionistas".
"Muchos de los dedos apuntados contra la energía limpia de los biocombustibles están sucios de petróleo y de carbón", disparó entonces el primer mandatario de Brasil.
"Cuando nací, en 1914, la población mundial era de 1.600 millones de personas. Hoy asciende a 6.300 millones y en el 2025 serán 8.300 millones. Pero yo afirmo: el mundo puede producir los alimentos que se necesitarán y puede hacerlo sobre una base tecnológica sustentable."
- Dr. Norman Borlaug.