POR PABLO JIMÉNEZ DE ARÉCHAGA |
pjimenez@seragro.com.uy
Finalizó una nueva zafra de verano en nuestro país con rendimientos inferiores a los esperados para todos los granos, producto de la escasez de lluvia que caracterizó a gran parte del período de crecimiento de los cultivos. En particular, fueron fuertemente afectados el maíz y la soja.
¿Qué ocurre con la soja?
Según técnicos consultados por El País Agropecuario, el rendimiento promedio de soja a nivel país podrá ubicarse entre 1.500 y 1.700 kg/há, aproximadamente 20% por debajo del nivel logrado en la zafra pasada.
Más allá de esta zafra en particular, donde el efecto de la seca fue muy importante en la productividad de todos los cultivos de verano, el rendimiento promedio de soja en Uruguay promedia 1.800 kg/há en los últimos cinco años, con un máximo de 2.100 kilos y un mínimo de 1.500.
Es en este período que se desarrolla el fuerte crecimiento del cultivo, con un área que saltó de 70.000 hectáreas en el ciclo 02/03 a 270.000 hectáreas en la zafra 03/04, a partir de la cual crece ininterrumpidamente hasta las 450.000 hectáreas estimadas para la zafra recientemente finalizada.
En este sentido, el período analizado representa un tiempo importante para considerar los fenómenos climáticos como característica propia del ambiente de producción local, más allá de años especialmente "secos", como el vivido en esta última zafra.
Al compararnos con la región surgen claramente importantes diferencias. Los rindes medios de soja en Brasil y Argentina se han ubicado sistemáticamente por encima de los nuestros, independientemente de oscilaciones normales entre zafras. En los últimos cinco años, el rinde medio de ambos países fue de 2.600 kg/há, 40% superior al promedio uruguayo.
Respecto a Argentina, es sabido que los suelos de la "zona núcleo" representan una de las regiones más productivas del mundo. Es ésta la diferencia sustancial en relación al potencial productivo de los cultivos de verano entre ambos países.
En el Centro-Norte de Brasil y otras zonas productoras (como Paraguay y Bolivia), el régimen de lluvias durante la estación de crecimiento del cultivo es un aspecto clave al momento de explicar sus niveles productivos.
El riesgo de la agricultura de verano Todos los técnicos consultados por El País Agropecuario señalaron al déficit hídrico como la principal limitante que tiene el cultivo de soja en Uruguay, como resultante de la interacción del clima (régimen de lluvias y altas temperaturas) y la capacidad de almacenaje de nuestros suelos.
Por ejemplo, tomemos un suelo representativo del Litoral agrícola, región donde hay mayor número de mediciones al respecto.
Un buen suelo de Soriano puede acumular, en promedio, entre 100 y 120 mm de agua, de los cuales solamente la mitad son fácilmente disponibles para la planta (50-60 mm).
Con una demanda de 400 a 500 mm para todo el ciclo de la soja, la estación de crecimiento se inicia, en el mejor de los casos, con una porción muy chica del agua que se va a demandar (10% a 15%). El resto lo tiene que aportar la lluvia en verano, a lo que se le agrega otra dificultad: como la capacidad de almacenaje es limitada, si llueven 100 mm seguidos, el suelo no puede "retenerlos" todos y lo que se aprovecha es bastante menos de lo que llueve. Es común tener intensas lluvias en verano que superen esta marca.
En maíz, la situación es aún más delicada, ya que, a pesar de tener una demanda de agua total similar a la de la soja, en este cultivo se define el rendimiento en solo 20 días y la falta de agua afecta fuertemente el rendimiento final. En días "duros" de verano, la necesidad de este cereal puede llegar a 8 o 9 mm de agua por día, por lo que la autonomía de un suelo lleno de agua, en el mejor de los casos, da para apenas una semana de consumo por parte de la planta.
Considerando las características de nuestros suelos y la variabilidad en frecuencia e intensidad de lluvias, es razonable entender cómo el potencial productivo de estos cultivos se ve afectado, normalmente, por la falta de agua.
Trasladando el ejemplo a los países vecinos, los suelos argentinos tienen generalmente una disponibilidad de agua bastante más alta que los nuestros, lo que determina que, al inicio de la estación de crecimiento, cuenten con reservas que les permiten mayor independencia de las lluvias del verano.
En otras situaciones, como la de las zonas productoras más cercanas al Ecuador, pese a tener suelos menos fértiles y, en algunos casos, no más profundos que los nuestros, el régimen de lluvias en la estación de crecimiento reduce de manera sustancial la amenaza del déficit hídrico, pareciéndose bastante al aporte de un "riego programado".
Desafíos técnicos para el futuro
Los resultados productivos reflejan datos que la investigación nacional ya ha consignado (ver recuadros). El potencial de producción estival tiene su mayor limitante en las características de nuestros suelos y su interacción con el régimen hídrico.
El Ing. Agr. Daniel Torres, director técnico de Crop Uruguay, expresó a El País Agropecuario algunas líneas de acción a partir de las características propias de nuestro ambiente de producción. A las comentadas limitantes de retención e infiltración de agua de nuestros suelos, se agrega una importante microvariabilidad por topografía. Es así que es común tener buenos rendimientos en los bajos y menores en las partes más altas de la chacra.
A su juicio, nuestros suelos se asociarían mejor con una agricultura más artesanal, que tenga más en cuenta el manejo agronómico de la diversidad antes comentada.
Lamentablemente, el aspecto positivo que ha traído la soja RR como simplificadora del sistema de rotación, normalmente ha dejado de lado el detalle del manejo agronómico en cuestión. La mayor parte del crecimiento que ha tenido la soja se ha dado por grandes empresas con grandes áreas de producción, donde el esquema más "artesanal" es muy difícil de aplicar.
Para Torres, esta zafra que comienza va a ser bisagra en materia de resultado económico.
La fuerte suba de los costos eleva los rendimientos de equilibrio en todos los casos, para lo cual se está obligado a tener mayor productividad. Según su visión, la diversificación de cultivos, un manejo más ajustado y la incorporación de tecnologías claves (como el riego) son algunos de los desafíos que tiene planteada la agricultura de los próximos años en nuestro país.
Factibilidad de riego en maíz
Los ingenieros Guillermo Cardellino y Walter Baethgen analizaron el impacto del riego y otras prácticas agronómicas en la frecuencia de endimientos de maíz en el largo plazo.
En este sentido, se expresa que el análisis de factibilidad de riego implica estimar la magnitud de las deficiencias de agua, su probabilidad de ocurrencia, sus efectos sobre el rendimiento y el incremento del margen bruto esperado por el riego.
En base a la utilización del modelo DSSAT (Decision Support System for Agrotechnology Transfer, Tsuji et al., 1994) de maíz, el trabajo evaluó el impacto de diferentes factores agronómicos y económicos sobre los rendimientos, las necesidades de riego, y los márgenes brutos con y sin riego. Las necesidades de riego en maíz oscilaron entre 150 y 280 mm en el período 1968-1999 en La Estanzuela, en función de ciclos y fechas de siembra.
Respecto al impacto de la profundidad radicular en la productividad del maíz de secano, los resultados obtenidos para una serie de 40 años en La Estanzuela (siembra de setiembre) muestran que, en años lluviosos, los rendimientos en suelos profundos son superiores a los de suelos superficiales, a la vez que, en años secos, las caídas de productividad son menores, resultando en un comportamiento más estable.
Otro dato que se analiza es la evolución de márgenes brutos para maíces con y sin riego para un período de 30 años, lo que deja en evidencia la importancia de la aplicación del riego en el incremento y la estabilidad del margen bruto. El estudio completo está disponible en la página web del INIA (www.inia.org.uy), como documento on line Nº 008.
Potencial de maíz y soja en el Litoral
En el trabajo realizado por el Ing. Agr. Luis Giménez, docente de la Facultad de Agronomía en la EEMAC, se analiza la disponibilidad hídrica para cultivos de verano en el Litoral.
En la introducción se enmarca que la agricultura nacional, históricamente, se ha desarrollado en base a cultivos de invierno, especialmente el trigo, con una participación menor de los cultivos de verano (el fenómeno de "veranización" de la agricultura es nuevo para el sector, iniciándose -y fuertemente- a partir de la zafra 02/03).
En el trabajo se estudiaron dos departamentos (Salto y Colonia), donde se analizaron los cultivos de maíz y soja en cuanto a la disponibilidad hídrica, a partir de la capacidad de almacenaje de los suelos y del régimen de lluvias histórico de cada zona.
Se concluyó que la evolución de la disponibilidad de agua promedio demuestra, en todos los casos, la existencia de problemas hídricos para concretar los rendimientos potenciales en ambos cultivos, debido a deficiencias hídricas que se producen durante el transcurso de las etapas de mayor importancia en la concreción de rendimiento en grano.
Además, se señaló la conveniencia de evaluar el uso de riegos suplementarios y estratégicos que permitan aumentar la disponibilidad hídrica en etapas reproductivas de ambos cultivos en estudio. El trabajo fue presentado en el seminario técnico sobre la importancia del agua en la agricultura realizado en julio de 2007 en la EEMAC.
Sistemas de información geográfica
El Sistema de Información y Monitoreo para la Evaluación de Riesgos Climáticos en la Producción Agrícola de Uruguay y Paraguay (SIMERPA) es un proyecto financiado por FONTAGRO y ejecutado por un equipo técnico especializado en donde tuvo participación el INIA.
Una de las aplicaciones del estudio son las Zonas Agroecológicas Específicas, que relacionan las características del clima, de los suelos y del terreno de una zona particular con determinada tecnología aplicada.
En este caso, el estudio se centró en los departamentos de Río Negro, Soriano y Colonia. A partir de datos de fertilidad, drenaje y riesgos de inundaciones, pendiente, profundidad de raíces, pedregosidad y capacidad de almacenaje de agua de esos suelos, se configuraron mapas de aptitud agrícola para cultivos de invierno y verano.
En el ejemplo específico, se lo vinculó a los rendimientos esperados en maíz a partir del modelo DSSAT. Los resultados, analizados para distintas tecnologías en el período 1965-2005, determinan mapas de rendimiento para el área en estudio con tres escenarios climáticos. El primero representa los rendimientos esperados en promedio, otro indica los resultados en años climáticamente desfavorables (el peor año de cada 10) y el último lo hace en años con clima favorable (el mejor año de cada 10 en la serie de 40 años analizada). El trabajo completo se puede obtener en la página web del INIA (sección del GRAS).