En reflejo directo de los precios internacionales, los valores del trigo y de la harina en el mercado local aumentaron fuerte, impulsando el precio al público de los panificados.
Aunque las autoridades de gobierno no descartan ninguna medida, hay una sana reticencia a intervenir directamente en el mercado.
En Uruguay, por una ley aprobada por unanimidad en 2004, se definió no aplicar impuestos a las exportaciones. Sin embargo, ante el alza de los alimentos, importantes actores sociales como el PIT-CNT, e incluso algunos legisladores del Frente Amplio, han propuesto las retenciones como una herramienta para mitigar los precios.
Lo hemos dicho ya en otras ediciones: una medida de ese tipo alentaría la especulación, desalentaría la producción y no conseguiría el efecto buscado. Más bien el contrario. Por otra parte, hay que recordar que la caída del dólar también juega: el productor triguero (que gana en dólares) ve que su capacidad de compra cayó significativamente.
En cambio, quienes ganan en pesos ven atenuado el efecto del incremento internacional, porque el dólar baja.
Acuerdos de precios
En este marco, el gobierno ha convocado a diversos sectores productivos para estable- cer acuerdos que mantengan algunos productos a precios bajos. En el caso de la cadena triguera, se acordó el mantenimiento de los precios del pan y la harina al público hasta el 31 de julio.
El economista y asesor de la OPP, Juan Manuel Rodríguez, dijo que el plazo no fue mayor porque se torna difícil prever la estructura de costos, "sobre todo cuando existen muchas incertidumbres no sólo en los precios internacionales de las materias primas, sino también en los incrementos salariales y de algunas tarifas". Explicó que las empresas plantearon fijar ese horizonte, realizar una revisión antes de esa fecha y evaluar en qué medida se mantiene el acuerdo o se hace algún ajuste.
Además, se acordó con las empresas de fideos Adria y Las Acacias bajar 10% el precio de cuatro tipos de fideos secos, lo que tendrá un costo para ellas, más allá del marketing implícito.
"Lo que le interesa al gobierno es mantener bajo el precio de la harina familiar, paquete de un kilo, y estamos haciendo lo imposible para hacerlo", dijo a El País Agropecuario el presidente de un importante molino, que participó en las reuniones convocadas por el gobierno, en la OPP. En buena hora: el precio de la harina subió casi 50% en el último año.
Estas iniciativas son bienvenidas: se dialoga, se comparte la preocupación y se buscan soluciones, en particular para mucha gente que se las ve mal para parar la olla. Su efectividad puede ser acotada, pues en realidad asistimos a un cambio perdurable en los precios relativos de los alimentos. Hay que acostumbrarse a que éstos son más caros que antes.
Con las manos en la masa
Uno de los problemas más agudos que enfrenta la cadena triguera es la informalidad, que cunde desde el trigo hasta el pan.
La venta de mercadería informal es un dolor de cabeza permanente para los panaderos que trabajan en regla.
El asunto surgió de inmediato en las reuniones en la OPP, cuando los represen tantes del gobierno pidieron reducir el precio del pan flauta. "Se vende pan en los semáforos", se quejó Jorge Aguirrezabalaga, del Centro de Panaderos. Solucionar este tema es esencial para que la cadena pueda avanzar en términos de producción y calidad.
Los meses próximos serán complicados pues muchos costos siguen subiendo y será difícil mantener los precios después del 31 de julio. Sin embargo, si el clima acompaña, tendremos una cosecha que puede ser un récord histórico. El pan seguramente estará caro, pero no va a faltar.
El pan en la Mesa
En nuestro país funciona la Mesa del Trigo, donde la producción, la industria, el comercio y los centros de investigación (INIA, Facultad de Agronomía) coordinan esfuerzos para superar los principales problemas de la cadena y encarar nuevos desafíos.
Entre los proyectos que la Mesa tiene en marcha se cuenta la caracterización de la calidad industrial de las principales variedades de trigo sembradas en Uruguay, para orientar la siembra hacia las variedades de mejor calidad.
Otro programa releva las propiedades nutricionales de productos farináceos y harinas, para revalorizar y promover su consumo como integrantes fundamentales de una dieta saludable.
Además, se ejecutan proyectos para avanzar en los temas de poscosecha. La Mesa también apoyó a las autoridades (MSP, DGI, IMM, BPS) para controlar la evasión y la informalidad.
Según datos de la Mesa del Trigo, en Uruguay plantan trigo unos 2.500 productores, con un importante número de firmas semilleristas abastecedoras. Hay 138 plantas de almacenamiento que acopian trigo, en todo el país.
La industria molinera está integrada por 20 molinos de diverso tamaño, que producen distintos tipos de harina. Esa harina se utiliza para la producción de pan en las 1.300 panaderías que hay en Uruguay.
También consumen harina, obviamente, las fábricas de pastas, de todo tipo, que funcionan en el país, así como las plantas elaboradoras de panes de molde, las pizzerías y un número indeterminado de galleterías.