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MIENTRAS LOS PRECIOS EXTERNOS BATEN RÉCORDS,SE INSTALA UNA POSTZAFRA COMO LAS DE ANTES
Campos pelados y pocas gorduras

POR JORGE CHOUY | jchouy@seragro.com.uy

Como era de prever, con los campos estrujados por una severa sequía de otoño, la postzafra se vino con todo. A pesar de los avances tecnológicos y normativos, a la infinitamente mejor condición financiera de los establecimientos respecto a otras crisis forrajeras, a la extraordinaria situación de los mercados internacionales de la carne, el clima volvió a determinar el funcionamiento de la ganadería, tanto en los aspectos de mercado como en los productivos.

Los síntomas más duros del fenómeno de postzafra están presentes en la actualidad.

Podemos enumerar algunos:

• Fuerte caída en la oferta de ganado gordo, sumada al atraso en la preparación de las gorduras, que prolongará el problema hasta bien entrada la primavera.

• Consecuente suba de precios de estos ganados, acentuada por la presión de una demanda externa que paga valores sin antecedentes.

• Faena de vacas relativamente elevada, con alto porcentaje de vacas preñadas.

• Caída abrupta en los precios de la reposición, que recién ahora, pasado el pico de la oferta, cuando ya se ha comercializado la mayor parte de estas categorías, insinúa una recuperación.

• Aumento de precios de los alimentos vacunos: pastoreos, pastos conservados y granos forrajeros.

• Eventualmente, con alta probabilidad, se registrarán mortandades de vacunos.

• Dificultades para mantener el precio de la carne en el mercado interno en niveles aceptables para la población.

En la edición anterior describíamos la evolución de este mercado, cómo estaba operando y qué efecto tenían los condicionamientos climáticos que se sufrían. Actualizamos la información, observando dec erca la marcha de la actividad ganadera y frigorífica.

La seca y los ganados

Lo determinante del nuevo escenario de restricciones ha sido la sequía, como es sabido.

En algunas zonas del país ya venía instalándose una situación de insuficiencia hídrica desde la primavera pasada y se acentuó gravemente en el otoño, sin lluvias en prácticamente todo el territorio. Para peor, "cayó" un par de heladas tempranas, a mediados de abril, con un efecto grave sobre muchos cultivos de verano que estaban más o menos cerca de su cosecha y barriendo, además, lo poco que quedaba verde de los pastos estivales.

Este cuadro de sequía se tradujo en una escasez de alimento generalizada en el momento más delicado del año para la ganadería, a la entrada del invierno. En esta época se destetan las terneradas, se clasifican los rodeos de cría, se descartan los vientres usados, se destinan los sobreaños a los campos mejores y, en fin, se registran los mayores movimientos de hacienda y se produce la mayor comercialización en el año.

El desplome de la demanda de reposición y cría coincidió con el empuje de la oferta, por las razones estacionales referidas, pero también por la imposición que forzaba el clima, que obligaba a aliviar los campos bajo amenaza de cuereadas, como en los viejos tiempos.

El precio de los ganados de embarque se estabilizó, con ligeras pérdidas, pero el precio de los ganados para el campo se derrumbó, en especial los de las categorías de realización más distante (no tanto los novillos formados y las vacas de invernada).

El pico de la zafra de comercialización de las categorías para el campo transcurrió en plena crisis climática y, aunque ahora se recuperaran los precios (como en cierta forma está ocurriendo), si se ponderan los grandes volúmenes que se vendieron a bajos precios en comparación con los remanentes de hacienda que se venden a precios altos, se confirmará que los productores criadores son quienes sufrieron en forma más grave el peso de la aguda crisis causada por la sequía.

Los criadores hicieron la pérdida: comercializaron el grueso de su producción anual a valores depreciados. Los terneros, por ejemplo, que antes de que se agravara la seca, en febrero, se vendían a alrededor de U$S 1,60 el kilo en pie, cayeron a niveles de entre U$S 1,25 y 1,30, y luego de la lluvia, ya entrando en el invierno, empiezan a repechar y se cotizan a valores de entre U$S 1,30 y 1,35.

Por su parte, durante la etapa más dura, los ganados gordos mantuvieron sus precios en niveles más o menos estabilizados, cinchados de la cola por la enormidad de la oferta apresurada, pero a la vez picaneados por los insólitos precios de la carne en nuestros mercados externos.

Cuando en las últimas semanas de mayo la oferta cedió y cayó rápidamente la faena (ver página 46), los precios del ganado gordo treparon, de a saltos, a valores desconocidos en nuestro medio. Al cierre de esta nota los precios de los novillos pesados rondan los U$S 2,90 el kilo en segunda balanza –a levantar y con plazo–, alrededor de U$S 1,50 en pie, recogiendo 16% de aumento en menos de un mes. Los buenos lotes de feedlot ya superan holgadamente los U$S 3 el kilo en segunda balanza, equivalente a U$S 1,65 en pie, y siguen subiendo.

Se aventa con estos valores el temor de que los corrales no pudieran cubrir los elevados costos de los granos, como en un momento se manejó.

Con ser altos los precios del ganado, no se acercan a los que hoy rigen en Brasil, inflados por un mercado interno recalentado por el atraso cambiario. Al cierre de esta nota, los novillos en la Bolsa de San Pablo cotizan casi a U$S 4 el kilo en segunda balanza. Sin embargo, no se ha producido una corrida de nuestros ganados vivos para ser faenados en esa plaza.

El gordo y el flaco

Durante este tiempo, los invernadores, a diferencia de los criadores, pudieron compensar de alguna forma la relativa depresión de su producto reponiendo a menores precios, trasladando la baja hacia atrás en la cadena.

Esto es un esquema muy sintético, que describe lo elemental; el cuadro, por supuesto, es más complejo. Por lo pronto, la falta de pasto aqueja a todos, pero los sistemas más intensivos, como son en general los de invernada, sufren hoy una disparada de los costos de producción que estrecha los márgenes de maniobra y de ganancia.

La reposición a menor precio es prácticamente el único factor que puede manejar el invernador en el mercado, como lo explica Joaquín Secco en sus presentaciones y en su colaboración para esta revista en el número anterior, donde profundizó en explicaciones sobre la importancia de una relación flaco/gordo por encima de la unidad, como factor impulsor de la inversión.

Actualmente, con el mercado signado por la postzafra, los precios del gordo están bastante por encima de los del flaco.

Agua fría y poca

La variación más reciente respecto al mes pasado, por lo menos al cierre de esta nota, es el cambio provocado por la lluvia en muchos lugares del país, no en todos. Donde cayeron, las lluvias reverdecieron el paisaje, en una reacción instantánea de los campos nitrificados por la seca.

Los días, en general, han sido templados, pero han caído varias heladas, lo que impide que la mejora en la disponibilidad de agua se exprese en la producción de forraje.

El efecto es diferente según se trate de campos naturales o de pasturas sembradas. Los campos naturales pueden cambiar de color, pero no van a dar comida hasta la primavera.

Las praderas –que agonizaban–, los verdeos invernales –que en muchos casos todavía no habían ni brotado–, por lo menos ahora resplandecen sus verdes, brillan las hojas nuevas del raigrás al sol invernal. En general, aun en estos casos afortunados, no hay todavía volumen de pasto suficiente para cubrir las necesidades de los ganados, mucho menos para producir gorduras o sostener preñeces avanzadas.

En otras zonas, y particularmente en un área de gran importancia agrícola y de invernada

en el Suroeste del país, que abarca parte de los departamentos de Soriano, Flores, Río Negro y San José, las lluvias han seguido siendo mezquinas, con todas las consecuencias imaginables.

Un lujo, el pasto

La falta de alimento ha traído una suba violenta del precio de los muy escasos pastoreos y arrendamientos ganaderos que salen al mercado, así como de los materiales conservados, henificados o ensilados, reservas que se habían constituido en bastante cantidad, pero se están consumiendo con mucha anticipación a lo previsto: ya puede descontarse que no alcanzan para cubrir los requerimientos en todo el largo invierno que tenemos por delante.

Cualquier fardo de calidad media ya se paga más de U$S 40, lo que equivale a unos 14 centavos el kilo de pasto enfardado y a la intemperie, un precio que no guarda relación con nada y que sólo se puede explicar por estrategias de sobrevivencia del ganado, no de producción.

En términos generales, el estado de los ganados todavía no es malo, pero si el invierno llega a ser duro como el del año pasado, o empiezan los temporales, la ominosa perspectiva de una abultada mortandad no puede descartarse.

Extranjeros platudos

En la última semana conocida antes del cierre de esta nota, el precio de la carne exportada superó los U$S 4.080 la tonelada carcasa, batiendo un nuevo récord, sin que pueda atribuirse ese valor al cumplimiento de la cuota Hilton, ni a un escaso volumen de venta. Esa cifra duplica la que se lograba en junio del año pasado.

El precio no ha dejado de subir, impulsado por la demanda europea y la rusa, complementaria de la otra. Algunos productos alcanzan valores inauditos, como los lomos para Europa a U$S 32.000 la tonelada peso embarque.

Según el INAC, el precio promedio de exportación en el acumulado del año, hasta el 7 de junio, llegó a U$S 3.110 la tonelada carcasa (53% mayor que el de igual tramo de 2007) y la recaudación total por carne vacuna era de U$S 575.900.000 (56% más alta que en 2007). Como los volúmenes apenas habían crecido (3,5%), la diferencia se explica únicamente por la valorización del producto.

No sólo de vaca se vive

No sólo aumentó la carne bovina: también lo hizo la carne ovina, que con un precio de U$S 2.742 la tonelada (34% superior al de 2007) recaudó al 7 de junio más de U$S 30.000.000 (56% más que en el año anterior).

Los tonelajes exportados aumentaron 17%. La carne equina recaudó casi U$S 9.000.000 (32% más que en 2007), debido al aumento de precios (35%) que obtuvo. El precio por tonelada embarque promedia U$S 3.285. También subieron fuertemente las menudencias (en general, vacunas), que alcanzan a casi U$S 23.000.000 (un aumento de 76%), debido fundamentalmente a una suba del precio de 60% respecto al año anterior.

Los llamados subproductos (no comestibles) recaudaron U$S 47.500.000 (59% más que en 2007), con un aumento del precio promedio de 75%.

Uno de los subproductos más importantes, el sebo vacuno fundido -que ya lleva recaudados U$S 25.000.000-, prácticamente duplicó sus precios en un año y hoy se cotiza a cerca de U$S 1.000 la tonelada.

La harina de carne también subió y ya se vendió por casi U$S 10.000.000, con un alza de 70% en los precios respecto al promedio de todo el año pasado.

En resumen: la exportación aumenta significativamente. Según el servicio Urunet, la colocación externa de carne vacuna, al 11 de este mes, había recaudado U$S 640.000.000; si le sumamos las otras carnes y productos, esa cifra rondaba los U$S 750.000.000, confirmando al sector cárnico como el principal rubro de exportación (con 27% del total) a esta altura del año.

Puede descontarse que en los próximos cuatro meses, por lo menos, esta performance habrá de reducirse sustancialmente, debido a la caída esperada de la faena.

El abasto interno

Hasta ahora, los precios altos del exterior no se han trasladado cabalmente al mercado interno, gracias a una serie de acciones tomadas por parte de los distintos actores, en particular los frigoríficos, que han destinado a la exportación los cortes más valiosos y volcado al abasto doméstico el resto de la res.

En un año, los precios de la media res novillo/vaca, en las proporciones que se venden al abasto, subieron 22% en dólares, pero únicamente por atraso cambiario, ya que no crecieron en pesos.

Para adelante se torna cada vez más difícil mantener los precios estables, lo que está motivando una serie de medidas en las partes involucradas, convocadas por el gobierno.

Seguiremos de cerca los acontecimientos de este año crucial.

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