POR JORGE CHOUY |
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Es indudable que NZ es taquillera. Son innumerables las consultas y los comentarios que recibieron las líneas publicadas en el número pasado, que apenas rozaban la enorme dimensión que el tema tiene para nosotros, para reflexionar sobre nuestra realidad, y ya no compararnos (con algo de masoquismo, dicen Barrán y Nahum) sino tratar de entender, para aprender.
Como la producción agropecuaria es la base de la economía en ambos países, es lógico que observemos esta área. Mencionamos en El País Agropecuario Nº 158 las grandes diferencias climáticas y edafológicas existentes entre nuestros respectivos medios, pero sería bueno no caer en la excusa facilonga de atribuir a esas diferencias la explicación de la vergonzosa brecha productiva que nos separa y que no ha hecho más que crecer en el último medio siglo.
Hecha la salvedad, no dejan de existir, sin embargo, ciertas ventajas notables en el ambiente de NZ, algunas bastante curiosas. NZ también es rica por lo que no tiene, incluidos varios parásitos y pestes propias de un clima subtropical, como las que afectan a nuestro país. No tiene gramilla (Cynodon dactylon), la gran enemiga –entre nosotros– de la persistencia de las pasturas sembradas. Las praderas que allá se siembran son permanentes de verdad, duran indefinidamente sin mermar su productividad, hasta que le aplican glifosato para renovarlas con especies superiores. Nuestras praderas duran, andando bien, tres o cuatro años, y hay que resembrarlas con altos costos.
En NZ no tienen hormigas, salvo unas pequeñas en la zona de Auckland, que llaman "hormiga argentina", porque llegó en un cargamento de muebles de ese país.
No tienen mosca de la bichera (gusano barrenador), que les hubiera dificultado enormemente la producción ovina en las montañas.
No ha llegado tampoco la mosca del cuerno, que hace 18 años desembarcó en nuestro país, donde provoca fuertes pérdidas y gravosos costos por su difícil control.
Tampoco tienen víboras de clase alguna y parece haber muy pocos mosquitos, aunque esto no importe demasiado para la producción, pero sí para la calidad de vida y el confort. Se pueden recorrer los magníficos parques naturales, de portentosos árboles antiguos y helechos arborescentes, sin andar cuidando dónde se pisa ni sufrir el acoso de los bichitos fastidiosos, como los que perturban los paseos montaraces en nuestros lares.
Importancia del sector
La producción agropecuaria en su conjunto es un componente central de la economía neozelandesa. A pesar de que el agro representa menos de 7% del PBI, aporta, sumados los productos forestales, 60% de las divisas recaudadas por exportaciones de bienes y da base a las eficientes industrias y servicios conexos, que representan una proporción mucho mayor del Producto Bruto Nacional.
Es el sector que más creció en las últimas décadas, después del transporte y las comunicaciones: entre 1970 y 2005, el PB sectorial creció 3,6% por año, frente a 2,5% de la economía en su conjunto.
Apertura comercial
Como país pequeño que es, NZ tiene clara su estrategia: producir para vender al mundo, exportar todo lo posible y realizar todos los convenios internacionales que pueda.
En 2007 exportó mercaderías por unos U$S 29.000 millones e importó por aproximadamente U$S 34.000 millones.
Acaba de suscribir un Tratado de Libre Comercio (TLC) con China. Es el primer país desarrollado en hacerlo. El Tratado es objeto de fuertes polémicas internas, porque le abre aún más las puertas a las mercaderías chinas, que ya inundan la plaza local con todo tipo de productos: la balanza comercial es ampliamente favorable a los asiáticos.
Dicen los críticos que este TLC tendrá un enorme impacto negativo en el empleo: que cada millón de dólares que se compra en China acarrea la pérdida de 16 puestos de trabajo y proyectan el dato hasta estimar una caída de 60.000 puestos en pocos años.
Por otro lado, todos reconocen que NZ no tiene más remedio que apostar a la exportación y que el Tratado beneficiará fuertemente a algunos sectores claves, como el agro, en particular a la lechería, aunque la leche en polvo (el producto emblemático) no se libera totalmente hasta el final del período.
La carne ovina completará su exoneración de ingreso en 2016; los vinos, las manzanas y los kiwis en los próximos cinco años, igual que los alimentos del mar (seafood) y los helados. La lana se libera 25.000 toneladas este año y 5% adicionales cada año.
En síntesis: se liberan en octubre 35% de las exportaciones neozelandesas y otro 31% en cinco años, hasta completar el 100% en 2019.
Cabe imaginar lo que supone para los productos agropecuarios de NZ entrar al mercado chino sin restricciones, por más que la contrapartida sea avasallante.
Sequía del conocimiento agrario
Es importante señalar que los temas de NZ son también los nuestros. El carácter de países de economía de base agropecuaria, salvando las enormes distancias, aporta un ángulo particular a los enfoques y las estrategias nacionales.
La profesora Jacqueline Rowarth, de la Universidad de Massey, afirmó en un documento que la necesidad de alimentos que tiene el mundo –en cantidad y calidad- es cada vez mayor. En 2020, los países desarrollados consumirán 32.000.000 de toneladas de lácteos más que en los años 90, pero los subdesarrollados consumirán 177.000.000 de toneladas más. Con la carne ocurre algo similar: en 1961 el mundo producía 71.000.000 de toneladas; en 2007 ya eran 284.000.000 y esta cifra deberá duplicarse en 2050.
Así que los temas de alimentación y de medio ambiente son básicos para el futuro de la humanidad y hay que prepararse para ello. Escasez y hambrunas en gran escala son riesgos que están en un horizonte no tan lejano y no existe conciencia ni recursos humanos suficientemente formados para el desafío. Rowarth citó un documento australiano: "Ahora estamos sufriendo una segunda clase de sequía: la del conocimiento agropecuario", lo que reafirma su alarma de que en NZ haya 2.000 estudiantes por año graduándose en "artes creativas y de representación" (creating and performing arts) y sólo 355 en agricultura, medio ambiente y estudios vinculados.
Producción ovina
En el número anterior expusimos algunos datos de la lechería neozelandesa, el principal rubro productivo del agro de ese país, que le provee de más de U$S 5.000 millones anuales por exportaciones.
Este sector está en pleno proceso de crecimiento, que no empezó ahora, con el aumento desmesurado de los precios, sino que viene de larga data: en los últimos 18 años la lechería duplicó sus volúmenes, y diversificó y valorizó sus productos. En su expansión incontenible desplaza a la producción ovina hacia las zonas marginales, tal como ocurre entre nosotros con la ganadería de carne, que no puede enfrentar el avance de la agricultura y la forestación.
De todos modos, la producción ovina sigue siendo un rubro fundamental en NZ: con una majada de 38.500.000 cabezas, orientada fundamentalmente a la obtención de carne, con grandes volúmenes de lana gruesa como subproducto, también tiene algunos nichos de lanas finas de alta calidad y precio.
El técnico compatriota Fabio Montossi, director del Programa Nacional de Investigación (en) Producción de Carne y Lana del INIA, en una presentación realizada en noviembre del año pasado sobre el ejemplo que constituye NZ para nuestra producción ovina, destacaba algunos rasgos básicos a atender.
NZ marca las pautas de calidad de la carne ovina en el mundo, promoviendo el carácter de producto saludable, sabroso, tierno, obtenido consistentemente mediante sistemas productivos naturales: la marca-país (en este caso NZ Lamb) es reconocida en todo el mundo como un atributo de excelencia.
Montossi remarcó la utilización de los genotipos más eficientes, los sistemas productivos especializados, la certificación y medición de productos y procesos, la trazabilidad, las alianzas estratégicas entre agentes de las cadenas cárnica y textil, la diferenciación y el agregado de valor, la sostenibilidad ambiental y la sensibilidad por los aspectos de bienestar animal, como algunos de los elementos característicos y explicativos de los éxitos de la producción ovina neozelandesa.
Una mirada uruguaya
En los caminos de NZ me crucé con un grupo de productores uruguayos que andaban recorriendo establecimientos, en una gira técnico–turística por esos pagos.
Uno de los integrantes de ese grupo -el experiente ganadero uruguayo Juan Manuel Bartaburu, presidente de la Asociación Agropecuaria de Salto-, a la hora de elegir algún elemento que explique la productividad de los neozelandeses, destacó en primer lugar su alta capacitación, sin descuidar la amplia disponibilidad de capital, de crédito y de asistencia técnica, y el ambiente y los recursos naturales favorables.
Otro integrante de ese grupo, Jaime Morros, productor agrícola–ganadero de la zona de Young, señaló la facilidad con que se agrupan para desarrollar emprendimientos productivos: uno pone la plata, otro el campo, otro las vacas o las ovejas, y otro lleva adelante la explotación, todo sin demasiadas vueltas ni papeleos.
Otros rubros
En NZ también se explotan ciervos: en todas partes se observan granjas, potreros donde pastan grandes concentraciones de estos hermosos animales, siempre alertas y espantadizos.
Tienen un stock de 1.400.000 ciervos, una cantidad que se reduce paulatinamente. Se comercializa su carne -de alto valor económico y gastronómico-, su cuero y, curiosamente, sus cuernos, que se exportan a China a muy buenos precios por sus supuestas virtudes como afrodisíacos (¡!).
NZ es un fuerte productor y exportador de frutas: en particular de kiwi, con más de 13.000 hectáreas sembradas; de manzanas, con 9.300 hectáreas; y de paltas, con cerca de 4.000 há.
Además se producen y exportan, con gran participación de productos congelados, todo tipo de hortalizas.
Pero tal vez el rubro que más ha crecido en los últimos años -y que tiene mayor destaque entre los productos novedosos- es el vino.
Hace 20 años encararon una política de reconversión hacia la producción de vinos finos, apoyados en la colonia de inmigrantes de Dalmacia afincados en el país, que conservaban las antiguas tradiciones.
Hoy cuentan con casi 30.000 hectáreas sembradas con uvas vinícolas, producen excelentes vinos que colocan a los precios más altos en el Reino Unido y han atraído a varias de las principales bodegas europeas, para concretar joint-ventures con empresas locales.
Un programa público
La investigación en todos los terrenos, pero específicamente en el área agropecuaria, ocupa un lugar relevante.
Aparte de los Institutos de Investigación de la Corona (CRI) –que trabajan en estrecho contacto con las universidades y las empresas–, el gobierno lanzó recientemente un programa destinado a promover la innovación, la investigación y el desarrollo de las cadenas productivas pastoril y alimentaria, en alianza con el sector privado, llamado Fast Forward (rápido y adelante, en una traducción literal).
Para eso constituyó un fondo de 700.000.000 de dólares neozelandeses (unos U$S 580.000.000 al tipo de cambio actual: 0,83 a 1), que llegarán a 2.000 millones con los intereses y la contrapartida por igual monto del sector privado, a lo largo de 10 a 15 años de duración. El monto equivale a U$S 1.660 millones, al cambio actual.
El propósito estratégico del programa es "transformar la economía de NZ en una proveedora inteligente y sostenible de bienes y servicios de alto valor que demanda el mercado global". Y sigue: "Si bien nuestros sistemas productivos de estos bienes ya son de alta clase mundial, necesitamos elevar el juego más lejos en este mundo de cambios rápidos".
Se propone, no más de lo mismo, sino productos nuevos, innovación y agregado de valor en toda la cadena de producción de alimentos, "del campo al plato".
En el documento cunden las expresiones como "competitividad, calidad, demanda sofisticada, educación" y otras de ese tenor, y puede apostarse que no es cháchara vacía sino que habrá de funcionar y alcanzar los objetivos planteados.