INFORME ELABORADO POR JORGE CHOUY Y PABLO JIMÉNEZ DE ARÉCHAGA
INCLUYE UNA COLUMNA DE ANÁLISIS DE JOAQUÍN SECCO GARCÍA
La ganadería está en zona de riesgo. La coyuntura, caracterizada por una sequía desanimante, trastorna los mercados y pone en cuestión los pronósticos de crecimiento productivo para este año y, tal vez, para los siguientes.
Pero no se trata sólo del clima: este factor desnuda algunas debilidades del rubro que comprometen su futuro. La reciente actualización de los márgenes que obtienen los distintos rubros, presentada por OPYPA, muestra un estancamiento del ingreso neto en la ganadería, al tiempo que se registra un crecimiento vertiginoso en los otros rubros.
Lo concreto hoy es que la condición forrajera del país está desfondada, los campos parecen haber sido "glifosateados" –dicen, gráficamente, los productores– y las pasturas sembradas están perdidas o en agonía.
Luego de un prolongado veranillo a lo largo de casi todo mayo, que ha permitido a los animales mantener aceptablemente su estado corporal, el invierno se viene inexorablemente con sus manos heladas, que traen un cuchillo cuereador.
Para peor, la insuficiente disponibilidad de alimentos reservados (heno, silos), y los altos precios de los granos y las raciones, subproductos o cualquier suplemento alimenticio, complican la solución por esta vía.
¿Será posible que vuelva a ocurrir lo que tantas veces sufrió nuestro país: una mortandad de ganado en gran escala?
Desde la última gran catástrofe (la sequía de los años 1988–89), que provocó una caída de 1.600.000 vacunos en el stock, el país ha mejorado mucho su musculatura para enfrentar estas crisis. Ahora hay más experiencia sobre la suplementación de los ganados, los productores y el personal de las estancias están más familiarizados con la tarea, y la logística para atender estas emergencias funciona más aceitadamente.
Dos artículos de Pablo Jiménez sobre una jornada técnica reciente que trató el tema de los granos forrajeros y los manejos apropiados en tiempos de seca, aportan ideas.
Pero, sobre todo, para evitar la cuereada, más importante aún que la tecnología de manejo en la crisis forrajera –o por lo menos tan importante como ella– es la fluidez con que se extrae la hacienda gorda de los campos a precios remuneradores, y la posibilidad bastante concreta de exportar en pie las categorías de reposición, que son las que sufren la mayor caída en sus valores y corren más riesgo en el invierno.
Se registra una extracción cuantiosa por parte de los frigoríficos, que canaliza una oferta abultada por la necesidad de aliviar los campos. Los precios de estos ganados sufrieron una mínima baja respecto a los picos más altos de abril, sostenidos por la formidable demanda de nuestros mercados externos, que pagan precios insólitos por la carne. Repasamos esos datos.
Lamentablemente, puede descontarse que tendremos una producción menguada, muy por debajo de lo que había sido previsto a comienzos de año.
Los precios de los ganados de reposición y de cría, en cambio, cayeron en picada, lo que configura una pésima señal para el futuro, para las decisiones de inversión en el rubro. Estos aspectos son analizados por Joaquín Secco en las páginas 15 a 17.
Al cierre de este informe, los pronósticos meteorológicos anuncian la llegada de las lluvias. Esperemos que se cumplan, pero no resolverán el problema –no llueve pasto- y seguramente traigan los fríos, tan temidos.
JORGE CHOUY:
Frío en los campos y en los números
PABLO JIMÉNEZ DE ARÉCHAGA:
Manejos y opciones forrajeras
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Oportunidades e infortunios
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Crecen la demanda y los precios