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DESENCUENTROS ENTRE LA PRODUCCIÓN AGROPECUARIA Y LA FAMILIA K
No llores por mí, Argentina
"Hay cuatro clases de países: los desarrollados, los subdesarrollados, Japón –que nadie entiende por qué es desarrollado– y la Argentina –que nadie entiende porqué es subdesarrollado–." Atribuido a Enrique Iglesias, ex presidente del BID.

Hace pocas semanas, en su primer acto como titular del Partido Justicialista, Néstor Kirchner (definido por algunos analistas como el presidente de facto, quien ejerce el poder real y fija la estrategia política del gobierno) fustigó duramente al campo.

El ex presidente manifestó que "duele en el alma que argentinos a los que les va tan bien y tienen tanta rentabilidad, que ganaron mucha plata y todavía la ganan, miren con la espalda y la nuca al resto de los argentinos" y reclamó "una Argentina en blanco, sin especuladores".

"Basta de tratar de imponer por la fuerza ideas o conceptos que favorezcan sólo a un sector. No sé porqué queman los campos, porqué desabastecieron, porqué suben los precios. Lo vemos en las negociaciones día a día, quieren vender todo al exterior. No quieren vender en la Argentina. No les importa el estómago y el bolsillo de los argentinos", "está bien que ganen, pero sean solidarios con el resto de los argentinos", fustigaba el ex presidente al final de su discurso.

Con este mensaje, Kirchner insistía, al igual que su esposa, la presidenta Cristina Fernández, en marcar nuevamente la cancha en este duro enfrentamiento con el agro, al imponer el gobierno nuevas retenciones a las exportaciones con el objetivo de desa coplar los altos precios internacionales para la industria y el consumo interno, procurando defender a la población de un nuevo rebrote inflacionario.

El gobierno dice que busca soluciones al conflicto, pero en la práctica ha generado hechos y situaciones para que no finalice. Muchos piensan que lo que el gobierno quiere es debilitar en forma sistemática el unido frente agrario, para lograr una rendición incondicional de los rebeldes que osaron desafiarlo.

El vocero oficial y conductor de las negociaciones -el jefe de gabinete, Alberto Fernández- concurrió al Senado para explicar la política oficial relativa a las retenciones. "En estos cuatro meses –dijo entonces–, hemos podido avanzar en muchas cosas y, en algunas otras, hemos tenido algunas dificultades.

El mayor inconveniente fue el que tuvimos con el campo, porque tal vez por primera vez quedó expuesto lo que pasa en la Argentina cuando se plantea desde el gobierno distribuir el ingreso de un modo distinto. Cuando uno analiza hoy la composición de la producción agrícola en Argentina se da cuenta de que el 50% del área sembrada lo está con soja, y el otro 50% se reparte principalmente entre trigo y maíz. Esto nos hace advertir la dimensión que ha tenido la producción de soja."

Y continuó: "El 95% de la soja que se produce en Argentina va al mercado asiático. La Argentina no consume soja. La apertura de esos mercados, la oportunidad que esos mercados estaban ofreciendo, el alza de los precios que se ha observado en todo ese tiempo, han hecho que gradualmente muchos productores se hayan dedicado a producir para vender al exterior y dejaran de producir aquello que los argentinos consumimos.

Entonces, el resultado es que cada vez tenemos menos trigo, menos maíz y más soja, que no comemos los argentinos.

En materia de retenciones, nosotros llevamos adelante una reforma, que emprendimos con dos sentidos. En primer lugar, que los precios internacionales no pesen en el mercado interno, ya que las retenciones tienden a equilibrar un poco los precios internos, para que los precios internacionales no pesen en el mercado interno. Y, en otro sentido, a reconducir la producción agrícola en nuestro país, para que en la Argentina tengamos primero aquello que consumimos y luego exportemos aquello que básicamente no consumimos.

Cuando pensamos en las retenciones móviles, no lo hicimos con ningún fin de agravio al sector. Pensamos en las retenciones móviles porque, como muchos dijeron antes de este conflicto, son infinitamente más justas que las fijas.

¿Saben por qué? Porque, de algún modo, desde el Estado participamos del mejor rendimiento del productor y perdemos con el peor rendimiento del productor. Es decir, si la soja sube, es cierto que vamos a tener más retenciones, pero, si la soja baja, vamos a cobrar menos retenciones."

Refutación de base

Sobre la justicia o pertinencia de las retenciones, el sociólogo Marcos Novaro expuso en el diario Página 12 un enfoque distinto al oficial: "La discusión sobre las retenciones al agro suele enturbiarse con algunos malentendidos respecto de su naturaleza e impacto económico que hay que despejar: no son un impuesto a la riqueza ni a las ganancias, sino a la producción, y la diferencia no es menor. Lo pagan fundamentalmente los que producen y los que no forman precios".

"De allí que –continuó– ni los oligopolios que exportan ni las empresas procesadoras de alimentos, ni las que producen fertilizantes, ni los intermediarios, estén impulsando -ni siquiera acompañando- la protesta. Ellos saben que pueden descargar el impuesto bajándole el precio del grano a quienes lo producen y que, por estar dispersos en muchas unidades de distinto tamaño, distantes entre sí, por regla general tienen que ir al pie."

Novaro agregó que "los que producen en gran medida son capitalistas de riesgo, no propietarios, o sólo parcialmente propietarios. La pregunta que con todo derecho ellos se hacen es por qué un capitalista agrario tiene que correr, además de con el riesgo propio de su inversión, y los impuestos comunes a todos los demás capitalistas, con otros que deprimen puntualmente el precio de sus productos, independientemente de si pierde o gana, y cuánto gane, produciéndolos".

Desde la academia se escuchan algunas voces que apoyan la postura oficial. La economista e investigadora de la FLACSO, Cecilia Nahón, afirmó en la edición de mayo de Le Monde Diplomatique que, "en ausencia de firmas estatales que exploten de manera directa los recursos, las retenciones a las exportaciones de productos de base primaria son una forma alternativa de captar socialmente las rentas procedentes del suelo y el subsuelo nacional. Se trata de un instrumento admitido por la Organización Mundial de Comercio (OMC) y utilizado por un tercio de sus naciones miembros".

En la búsqueda de soluciones, desde el Poder Ejecutivo argentino se considera que algunas de las medidas recientemente anunciadas, como la reapertura gradual de la exportación de trigo y de carne vacuna, son claras señales de distensión de la crisis.

La respuesta de los gremialistas no se hizo esperar. El vicepresidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), Hugo Biolcati, fue lapidario: "Es terrible que esté cerrada la exportación y el hecho de liberarla, después de todo este tiempo, no es más que una cosa obvia y necesaria".

No obstante, el dirigente envió mensajes conciliadores: "No estamos intentando que desaparezcan las retenciones a las exportaciones, simplemente estamos intentando morigerar o atenuar los efectos tremendos que ha causado la aplicación de las retenciones móviles".

Otro frente que se le abre a la presidenta Cristina Fernández es el de los gobernadores, ya que -en el caso de las retenciones- no hay coparticipación con las provincias, centralizándose cada vez más la recaudación, dejando a todo el interior argentino en condiciones desventajosas. La aplicación de las retenciones determina que se paguen menos impuestos a las ganancias, ingresos que sí son coparticipables con las provincias.

Los efectos indeseados del conflicto Tras las idas y vueltas con las prohibiciones a las exportaciones, Brasil decidió no esperar más al trigo argentino, ya que no es segura la oferta con regularidad del cereal para hacer frente a las necesidades de la industria molinera local y controlar así la suba de precios de los alimentos. Frente al riesgo, el gobierno de Luis Inázio Lula da Silva autorizó nuevamente la importación, con arancel cero, de trigo de fuera del Mercosur. Brasil ya había autorizado en enero la importación de hasta 1.000.000 de toneladas de trigo desde fuera del bloque regional con arancel cero y, ante la actual inseguridad de contar con el grano argentino, amplió dos nuevas cuotas de importación de 500.000 toneladas cada una para que la industria local importe de fuera del Mercosur.

Las estimaciones de siembra de trigo muestran que habrá entre 10% y 18% menos de superficie sembrada, lo que llevaría a una abrupta caída en la producción final, y provocaría más problemas para compatibilizar el abastecimiento interno y la demanda externa.

La confrontación del gobierno con el agro ha generado una gran incertidumbre sobre el propio negocio. El mercado inmobiliario de campos agrícolas, en sostenido crecimiento de precios desde hace más de cinco años, prácticamente se ha paralizado en las últimas semanas. No hay referencia de valores, ya que no se sabe la ecuación final del negocio, y es muy difícil estimar la rentabilidad hasta saber qué pasará con las retenciones y las restricciones al comercio exterior.

Según operadores argentinos, los precios de los campos ganaderos estaban afectados negativamente desde hace un año, cuando las intervenciones oficiales en el mercado de la carne se agravaron.

Pero el enfrentamiento no sólo impacta en los valores de los activos: se derrama a otros sectores de la economía. Las propias cifras oficiales del comercio exterior correspondientes a marzo dan cuenta del efecto del mes de paro agropecuario en el comercio exterior: una caída de 20% en la exportación de granos y derivados, equivalente a unos U$S 250.000.000.

Durante el mes de paro se enviaron al exterior casi 780.000 toneladas menos que en marzo de 2007, en tanto que los precios promedio se incrementaron 47% en el mismo período.

Según el diario bonaerense El Cronista, el cambio del sistema de retenciones forzó a los productores a retener -precisamente-, en las blancas y enormes silobolsas, al fin de la cosecha de verano, 10.000.000 de toneladas adicionales a los ya estimados 30.000.000 de toneladas que quedarán atesorados por los productores.

Las incertidumbres y los cambios en las reglas de juego provocaron un crecimiento de 33% del acopio en gigantescas bolsas blancas. Así, un volumen equivalente a 42% de la cosecha anual argentina esperará –quietito, embolsado y alejado por ahora de la voracidad impositiva– su comercialización.

Para los productores agropecuarios, el Estado argentino se transformó en un gran socio en las ganancias y no en las pérdidas, en función de que las retenciones son insensibles a los mayores costos (rentas, fertilizantes, semillas, agroquímicos, etc.) que se generan en forma acelerada, tanto en pesos locales como en dólares. La desconfianza de las políticas del gobierno se hace evidente y los cambios en las reglas de juego comienzan a paralizar a los empresarios del sector.

La unión hace la fuerza

La movida que quizás no esperaba la administración Kirchner es que las cuatro principales gremiales agrarias –Sociedad Rural Argentina (SRA), Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Federación Agraria Argentina (FAA) y Confederación Intercooperativa Agropecuaria Cooperativa Limitada (CONINAGRO)–, con intereses tan diversos, se movieran en conjunto, algo para nada habitual. La acción unida de estas entidades forzó, tras el paro de marzo, la apertura del diálogo con el oficialismo.

Hoy se habla, según informó El Cronista, de la formación de una organización común –la Central Confederal Agropecuaria–, cuyo principal objetivo será defender los intereses de los productores del campo, más allá de las históricas diferencias que han separado a la SRA, las CRA, la FAA y la CONINAGRO.

Una precoz organización funciona en la práctica desde fines de marzo: la llamada Comisión de Enlace de las cuatro entidades. Es la que define la estrategia y los pasos a seguir en las negociaciones y en las movilizaciones.

En el agro argentino se empieza a esbozar una estructura organizativa que le dé el poder de negociación que poseen desde hace décadas la Confederación General del Trabajo (CGT) y la Unión Industrial Argentina (UIA).

El fin del conflicto

Ni los productores agropecuarios ni la economía argentina pueden soportar la permanencia de este conflicto durante mucho tiempo. ¿Quién dará el primer paso firme para encontrar una salida "sin vencidos ni vencedores"? No está claro al cierre de este artículo.

Por las posturas, los antecedentes y la fuerza con que las dos partes "van a trancar la pelota" en esta pugna, todo hace pensar en un conflicto al que le insumirá bastante tiempo encontrar el camino del medio, pues esto implica que ambos contendientes cedan, en parte, sus posiciones, para lograr los acuerdos finales.

La comunión del espanto

"No nos une el amor, sino el espanto", respondió –apelando a Jorge Luis Borges– el otrora simpatizante kirchnerista Eduardo Buzzi, presidente de la Federación Agraria Argentina, cuando un periodista le preguntó cómo era posible que marchara codo a codo con la linajuda Sociedad Rural Argentina.



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