Transcurrido casi todo abril sin lluvias, con el agravante de que cayeron varias heladas tempranas, muchas zonas sufren una aguda escasez de forraje.
El déficit se hace más grave por la época del año en que ocurre, porque los ganados están entrando en el invierno sin reservas alimenticias suficientes, por lo que puede preverse que habrán de enfrentar situaciones críticas a medida que se agudicen los fríos y los requerimientos de energía se hagan mayores.
El campo natural está arrasado y tampoco han respondido los verdeos sembrados, que, o no nacieron o están esmirriados, perdiendo plantas y comprometidos en su futuro.
En la primavera pasada se realizaron bastantes reservas forrajeras (heno, silos), pero estos materiales se destinan preferentemente a los ganados lecheros y, en todo caso, a existencia apenas cubre una pequeña porción de las necesidades globales.
Por añadidura, los costos de los granos y subproductos de la molinería alcanzan niveles nunca vistos, y comprometen la viabilidad de su dosificación rentable a categorías generales.
Puede agregarse que una buena porción de las praderas o de los mejores campos se destinan a la siembra de cultivos comerciales y salen de la cuenta forrajera.
El panorama, entonces, es de seria preocupación, máxime cuando se recuerda que el invierno pasado fue extremadamente riguroso, con más de 60 heladas contabilizadas.
Así parece interpretarlo el mercado, que responde al nuevo escenario con una fuerte retracción en la demanda de ganados para el campo y un ajuste significativo de los precios.
Como referencia, hoy puede cotizarse en U$S 1,40 el kg de ternero en pie y en U$S 1,30 el novillito de sobreaño, dos categorías esenciales de la reposición, que normalmente se comercializan en gran número en esta época. Estos valores expresan bajas de más de 10% en el último mes, con el agregado de que los negocios se enlentecieron y cuesta cerrarlos a estos valores.
La caída no es de la misma dimensión en los ganados de embarque, que siguen favoreciéndose del extraordinario precio de la carne exportada, que semana a semana bate un nuevo récord: las dos primeras semanas de abril promediaba 3.362 U$S/ton carcasa, lo que equivale a 67% de suba respecto a los precios de 2007.
Los novillos gordos pesados que den cortes de exportación cotizan alrededor de U$S 1,35 el kilo en pie, pero hay dificultades en la colocación de los lotes livianos y mayor exigencia en el recibo.
Los valores actuales ubican la relación flaco/gordo en torno a la unidad (1 = 1): hoy vale lo mismo un kilo de novillo de embarque que uno de ternero o novillito.
Esta realidad no había sido prevista por nadie y no es reflejo de una situación sana, que impulse la eficiencia de nuestra ganadería.
Sólo cabe esperar que sea coyuntural y que se corrija en cuanto se normalice la situación forrajera, lo que no parece muy sencillo que ocurra en el corto plazo