POR HÉCTOR LUNA |
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"Se hace un poco descorazonante ver al mundo desarrollado avanzando, mientras en nuestros países, que tienen problemas de seguridad alimentaria, de pobreza, de mantenimiento de la biodiversidad que tenemos por derecho y debemos conservar, estamos discutiendo" el tema de la biotecnología, afirmó a El País Agropecuario el Dr. Assefaw Tewolde, director de Biotecnología y Bioseguridad del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA).
El objetivo general del área de Biotecnología y Bioseguridad del IICA es "apoyar a los países miembros en sus esfuerzos orientados a desarrollar e incorporar las agrobiotecnologías que contribuyan al mejoramiento de la competitividad del sector agropecuario y facilitarles el intercambio de información relacionada con el cumplimiento de los acuerdos internacionales".
El Programa Hemisférico de Biotecnología y Bioseguridad (PHBB) del Instituto tiene el propósito de facilitar mecanismos para el desarrollo, la gestión y el uso seguro de las agrobiotecnologías en favor de una agricultura competitiva y sostenible para los países de las Américas.
Algunas de sus líneas de acción son:
- Apoyar la recolección, el análisis y la difusión de la información existente que permita a las autoridades de los países diseñar políticas y tomar decisiones basadas en evidencia técnica y científica, y brindar información objetiva al público sobre las agrobiotecnologías.
- Apoyar a los países miembros para realizar la identificación de necesidades a nivel nacional y regional, para lograr el desarrollo y uso apropiado de las agrobiotecnologías.
- Apoyar el desarrollo, la implementación y la difusión de políticas y marcos regulatorios transparentes y basados en la ciencia, y, cuando proceda, facilitar la armonización regional.
- Promover una comunicación transparente sobre los riesgos y beneficios de las agrobiotecnologías; y sugerir a las autoridades pertinentes incluir el tema de la percepción pública como un componente importante de las políticas y los programas nacionales de agrobiotecnología.
- Apoyar el desarrollo de capacidades científico-tecnológicas en el campo de la agrobiotecnología mediante estrategias regionales y acciones de cooperación entre países y regiones, considerando soluciones a los problemas nacionales y locales.
- Promover estudios, discusiones y análisis de las implicaciones de las normas y regulaciones nacionales e internacionales, así como de las negociaciones y los acuerdos internacionales, en temas relacionados con la agrobiotecnología y bioseguridad, con énfasis en su impacto sobre el comercio.
El Programa se formuló con base en la labor de un grupo de trabajo interamericano, formado por expertos en el tema de tres países por región y un representante del Consejo Agropecuario del Sur (CAS), bajo coordinación del IICA.
Base científica
El Dr. Tewolde es mexicano (de origen nigeriano), obtuvo su Licenciatura en Zootecnia y Producción Animal en el Colegio de Agricultura Alemaya (Etiopía), su M.Sc. en Mejoramiento y Genética Animal en la Universidad de Florida (EEUU) y su Ph.D. en Mejoramiento y Genética Animal en la Universidad del Estado de Oregon (EEUU).
Preside la Asociación Mundial de Producción Animal, integra la Junta Directiva de la Rare Breeds International (único organismo que monitorea el estado de los recursos genéticos pecuarios mundiales, con sede en Londres), es miembro honorario de la Academia de Ciencia Agropecuaria de Japón y en 2005 fue candidato finalista al Premio de Liderazgo en Bionegocios que otorga la Universidad de California en Berkeley (EEUU).
Vino a Montevideo por pocas horas, para brindar una charla en la sede uruguaya del IICA a un grupo de especialistas en biotecnología.
–Por la sensibilidad de este tema, el IICA no puede convencer a ningún gobierno de internalizar la biotecnología o no internalizarla, porque es un tema de soberanía de cada país –explicó Tewolde a esta revista durante un almuerzo en un restorán de Punta Carretas que ofició de inusual sede de una entrevista.
Lo que IICA hace en este tema –continuó– es informar, analizar la información que tiene base científica, ponerla a disposición de los países, para que la usen para desarrollar políticas o para tener mayor verificación respecto de las decisiones que toman.
Para hacer esto el IICA recurre a un acompañamiento, siempre y cuando se nos solicite, en forma de talleres. Ése es un punto fundamental, como IICA, en el tema biotecnológico. Tengo que decirlo particularmente, para separarlo de lo que yo pienso como técnico de campo. Se trata de una discusión para facilitar, no para obligar.
Eje del desarrollo
Tras explicar que "el IICA también realiza la lectura relativa a qué países se encuentran en qué nivel en el desarrollo, la adopción y la transferencia de la biotecnología, para el bien del sector. Más precisamente, para saber cuántos países toman a la biotecnología como vehículo de desarrollo económico nacional", el visitante se preguntó:
–¿Hay ejemplos en el mundo donde la política nacional de desarrollo económico descanse en la biotecnología?
Claro que hay –se respondió–. La política de gobierno de Malasia descansa en la biotecnología, como todo su desarrollo económico. En la industria farmacéutica, la agricultura, la educación, en cualquier faceta está presente la biotecnología. Hay muchos países que ya dejaron de discutir estas cosas.
En la información que nosotros recogemos nos damos cuenta –con evidencias, con datos– de que la biotecnología se ha usado para crear una interfase agricultura-industria farmacéutica. Ahorita la llamamos biofarming. En Estados Unidos no se habla de biotecnología para agricultura, se habla de biofarming. Es igual en Australia, Nueva Zelanda, Alemania e Inglaterra. Son los países que están en la segunda generación de biotecnología.
–Si no se reacciona a tiempo, ¿cómo va a afectar este escenario a América Latina?
–Comercialmente, comercialmente. Es lo que tienen que analizar políticamente nuestros países. Mientras sigamos discutiendo, lo que vamos a estar haciendo es afectar el interés nacional. (…)
Y tenemos que ver los nuevos jugadores que, a través de la biotecnología, están entrando en los mercados. En los últimos cinco años, Europa tenía moratorias. Las acaba de levantar. Las moratorias existían por razones estrictamente económicas. Ahora las levantan por razones económicas, porque comprenden el tema de la agroenergía.
Porque se sabe que no se va a poder sostener de otro modo. Acabo de estar en Washington para ver eso. La producción de etanol a partir de maíz o caña de azúcar no se va a poder sostener sin biotecnología.
En China hay cultivos muy competitivos, en los cuales China sobresale casi por primera vez. En algodón, hasta el año pasado, China era el mejor productor mediante la biotecnología. Se comenta que estamos aterrizando en la era de las comercializaciones asiáticas de los productos biotecnológicos. Por primera vez se dice eso.
–¿Asia como generadora de productos biotecnológicos?
–Sí, sí. ¿Cómo se puede medir esto? Por ejemplo, la cooperación técnica internacional estratégica de los europeos –originalmente dirigida al continente americano, privilegiando más el Sur– hoy se está perfilando hacia China y otros países.
Voy a dar un dato más o menos grueso: hoy en China, al mes –al mes, repito–, se publican unos 1.000 artículos científicos.
Temas emergentes
–El IICA no hace que los países tomen decisiones. Pero, por favor, tomen decisiones racionales, basadas en el conocimiento científico –reafirmó el Dr. Assefaw Tewolde.
¿Cómo hacemos esto? Generamos documentos estratégicos. Pronto estará disponible uno sobre riesgos, beneficios y oportunidades de adoptar o no la biotecnología. (…)
Y está claro que la biotecnología tiene que estar en los temas emergentes –biodiesel y etanol, por ejemplo–, si queremos mantener la competitividad de los países. Entonces, el que quiere aceptar a la biotecnología lo hace porque quiere aceptar la realidad de lo que se está viendo hoy.
El reto
Los sectores público y privado de los países industrializados invierten 60% más en investigación agrícola que sus pares de las naciones en desarrollo, afirmó Greg Traxler, catedrático de la Universidad de Auburn (EEUU), durante el Foro "Riesgos, oportunidades y beneficios de la biotecnología para los países de las Américas", organizado por el IICA.
En el evento, realizado el pasado 11 de diciembre en Costa Rica, Traxler agregó que los países latinoamericanos más avanzados son Brasil, Argentina y México, que en conjunto disponen de 85% de los científicos dedicados a la biotecnología en la región.
El especialista estadounidense recomendó percibir esta situación, más que como un problema, como un reto que conduzca a invertir más en investigación.