Vistazo: a partir de un breve periplo de un par de semanas por la magnífica geografía de esa tierra de utopía, nos atrevemos a hacer estos apuntes generales, para incursionar luego en algunos puntos específicos de la producción agropecuaria.
El paisaje es maravilloso y variado, pero lo más impactante es el estilo de vida de esa sociedad. La de Nueva Zelanda (o Zelandia, es lo mismo) parece la sociedad más democrática e igualitaria del mundo: sin opulencias insultantes ni pobreza visible –por más que se aguce la mirada y se rebusque bajo las piedras–, sin marginados ni poblaciones segregadas, con una armónica integración entre etnias, y un estilo respetuoso de las normas y sobre todo respetuoso de la gente, del prójimo.
Los neozelandeses tienen una clara conciencia de pertenencia, un vínculo estrecho con su país. Ahí sí puede apreciarse la afectio societatis, indispensable para constituir una nación: gente que se reconoce en sus prójimos, y que tiene una historia consensuada y un proyecto común.
Hasta los maoríes, que fueron aplastadospor los ejércitos de la colonización, desplazados de sus tierras, diezmados por las enfermedades que trajeron los europeos, segregados durante generaciones, hoy parecen haberse asociado a un proyecto de desarrollo en el que se benefician de una política de discriminación positiva. "Una nación, dos culturas" es la consigna que repiten maoris y pakehas (los "no maoríes", en su lengua).
Otra coincidencia extraña para un oído uruguayo es la unanimidad en la interpretación de la historia reciente, que incluye la dura reforma económica liberal iniciada en los 80 y profundizada en la década siguiente.
Opinantes de distintas edades, actividades, educación y jerarquía social sostienen que el país estaba paralizado, con riesgo de desintegrarseen los primeros años de los 80, cuando se inició el proceso de desregulación y liberalización de la economía, que incluyó la venta de muchas empresas públicas y el levantamiento de numerosos subsidios y protecciones productivas y sociales, que, opinan, quitaban competitividad a la economía: la disyuntiva para el país y para los individuos quedó planteada: competir o morir.
Y para eso aceptaron perder las redes que aseguraban un beneficio o eventualmente atajaban una caída eventual.
El esfuerzo fue duro, pero la productividad de esa economía bien sustentada, con sólidos fundamentos, se incrementó, y mejoró sustancialmente su competitividad en el mundo global.
De todos modos, el Estado sigue siendo grande y el sector público monopoliza áreas vitales, pero funciona como un reloj. La educaciónen todos sus niveles, la salud, la seguridad social –jubilaciones, pensiones, asistencia a la infancia y a los minusválidos, programas de reconversión, compensación y capacitación laboral–, son casi enteramente públicas y de excelente nivel.
El presupuesto del Estado representa alrededor de un tercio del PBI, básicamente por la distribución a los sectores protegidos, porque hay pocos funcionarios públicos.
Pero es una sociedad competitiva: los neozelandeses no tienen complejos ni falsos pudores en exhibir su espíritu comercial y su búsqueda de lucro cuando encaran una tarea: se puede conseguir "good money", afirman, como síntesis de las bondades del proyecto.
La realidad es que a pesar de que el desarrollo de NZ se sustentó históricamente en la producción pecuaria, y de que ésta no ha dejado de crecer, hay otras áreas que han crecido más y apuntan a desplazar a los rubros agropecuarios como principal fuente de divisas.
El turismo, por ejemplo, ya recauda más dólares que la lechería y da empleo directo a más de 100.000 personas.
Una estrategia de marketing consecuente impuso su nombre como marca de calidad en una cantidad de productos y de servicios: no es fruto del azar sino del trabajo riguroso y del talento.
Es una sociedad altamente educada, con un tercio de sus estudiantes cursando distintas carreras universitarias, además de un gran número de estudiantes extranjeros, que proveen de importantes ingresos a las instituciones y al país: alrededor de U$S 4.000 millones al año.
Primaria y secundaria son gratuitas, pero en la universidad hay que pagar algo. Por ejemplo, un ciudadano o residente en NZ paga unos U$S 4.000 anuales, pero el gobierno le ofrece un crédito blando si no tiene capacidad de pago; nadie deja de estudiar por no tener dinero. Los extranjeros pagan unos U$S 12 o 14.000 al año.
Otra área de interés prioritario en NZ es el cuidado y la recuperación del medio ambiente, y la sostenibilidad de los sistemas productivos, en lo que se consideran los campeones mundiales.
El lector deberá disculpar algún adjetivo superlativo, impulsado por el exceso de entusiasmo del escriba –todavía deslumbrado, y afectado de jet lag1 por el viaje desde las antípodas– por esa sociedad de la que tanto tendríamos para aprender.