"En economía no existen los precios", expresó un conocido profesor de la materia, ante el estupor de los estudiantes. "Los que existen son los precios… relativos", completó. El concepto es más válido que nunca en la actual situación de la ganadería, donde todo vale. El novillo, la vaca y el ternero, por supuesto. Pero también el fertilizante, los postes, la semilla, el combustible, los sueldos y los jornales. Todo sube de a zancadas, lo que hace difícil la toma de decisiones.
El enfoque de los precios relativos es estrictamente necesario en estos tiempos de avance arrollador de la agricultura, con una ganadería que se ve ante la necesidad de intensificarse o ceder.
En este marco, el Ing. Agr. Carlos Molina, del Instituto Plan Agropecuario, realizó un análisis de la evolución del poder de compra de los productos ganaderos respecto a los insumos para la producción de forraje.
Además, a través de una estructura de costos, estimó la evolución del costo de una pradera en términos de novillo gordo y otros productos.
Los resultados no son muy alentadores. Pese al fuerte crecimiento del precio en dólares del novillo en los últimos años, al analizar su evolución en valores reales (pesos constantes; esto es, transformado a pesos y descontada la inflación) surge que ese valor está 5% por debajo del promedio de los tres años previos.
Obviamente, la explicación de esto reside en una inflación que ha estado algo alta y, sobre todo, en una cotización del dólar que no ha hecho otra cosa que bajar. El análisis de Molina llega hasta febrero de 2008, lo que deja afuera la fuerte suba en el precio del novillo gordo de las últimas semanas. Ciertamente, esa suba atenúa lo dicho, pero difícilmente lo revierta, pues la inflación sigue relativamente alta y el dólar flojo o a la baja.
Capacidad de compra
El precio en dólares del novillo aumenta en forma impactante, pero también lo hacen los insumos y el gasoil es el mejor ejemplo. Marzo nos deja un nuevo incremento, que ubica al combustible de trabajo cerca del dólar y medio por litro, algo insólito y sin antecedentes.
Considerando la evolución de los últimos años, el trabajo de Molina ilustra que, en la comparación de precios, el novillo pierde: se necesitan cada vez más kilos de novillo para comprar los mismos litros de gasoil (ver gráfica correspondiente).
Con otros insumos, la tendencia es igual o peor. En el último año el fosfato de amonio se fue al doble (pasó la barrera de los 1.000 U$S/ton) y algo parecido sucedió con otros fertilizantes fosfatados.
Para calibrar el impacto conjunto de la suba de los insumos, nada mejor que encuadrarlo en un análisis de costos, por ejemplo calculando la evolución del costo de una pradera. En este punto, el trabajo estima que el costo en dólares de una pradera subió 36% en el último año, en dólares. El fertilizante es el componente que aumentó más y representa 40% del costo total.
El costo de las praderas ya venía subiendo en años previos. Por supuesto que cada situación implica un costo distinto y, por tanto, lo adecuado es tomar un modelo y medirlo continuamente. En este sentido, el costo estimado por el Plan Agropecuario se duplicó entre 2003 y 2008.
Al cruzar esta información con la evolución de los precios del novillo gordo y del ternero surge que la pradera se ha encarecido en términos de producto. La tendencia parece más fuerte para el novillo gordo que para el ternero, lo que se explicaría por el fortalecimiento del precio de esa categoría de reposición en los años recientes. En términos de producto, cuesta alrededor de 15% más kilos de novillo costear una pradera este año que el pasado.
Todas estas tendencias están sujetas a variaciones más o menos fuertes. De hecho, marzo ha sido un mes de nuevos récords en los precios del novillo y de los terneros.
Pero los costos también se elevan. El aumento ha sido tan vertiginoso en el precio de ciertos insumos que, más que a producir, muchos se ven tentados a especular y hacer negocios de intermediación, algunos productores incluidos.
El problema financiero
Los productores ganaderos no están enfrentando solo un problema de precios relativos (kilos de ganado por tonelada de fertilizante).
También uno financiero, que no es menor. Decidida una estrategia de intensificación, hay que invertir y gastar, lo que requiere financiamiento. Si bien los precios de los productos se proyectan remuneradores, el gasoil de hoy no se transforma en novillo mañana. Tienen que pasar, por lo menos, algunos meses.
Para los productores con capital propio, el dilema no es mayor. Pero esos capitales pueden ser acotados. En estos casos, recurrir planificadamente al financiamiento externo (por ejemplo, bancario) es una buena opción, sobre todo en tiempos en que la tasa de interés es baja.
Conclusiones
Los análisis de relaciones insumo-producto, como el descrito en esta nota, tienen un rasgo particular a considerar: son esencialmente más robustos para hacer análisis ex post (lo que ya pasó) que ex ante (lo que vendrá). No es sencillo saber qué rumbos tomarán los precios. ¿Se mantendrá el precio del novillo en estos niveles excepcionales?
¿Por cuánto tiempo? ¿Puede subir más? Las mismas preguntas valen para los insumos.
Creemos que las inversiones forrajeras que permitan incrementos efectivos en la productividad ganadera son una opción que permanece con toda su validez. De todos modos, se confirma un hecho conocido: difícilmente suban los precios de los productos sin que aumenten los insumos directamente vinculados. En este caso, los insumos subieron más.
Con esa tendencia de fondo, con precios relativos que hoy favorecen a la agricultura en desmedro de la ganadería y con un panorama de precios de la economía (inflación, dólar) que hasta ahora jugó en contra (y difícilmente juegue a favor a corto plazo), los ganaderos tienen que sacarle punta al lápiz. Porque los precios son relativos.