Amediados de mes los precios de los granos volvieron a tocar récords históricos en dólares corrientes y se ubican, en términos reales, en valores que no se habían visto en las últimas cuatro décadas. Hay buenos fundamentos para que este comportamiento ocurra. La demanda general de granos (con particularidades en cada uno) ha superado la oferta reiteradamente en las últimas zafras, de forma que los stocks están en mínimos históricos, lo que constituye un factor alcista esencial y claro.
Las causas de este fenómeno son diversas, algunas de corto plazo y otras más estructurales. Por el lado de la oferta, problemas climáticos han afectado las cosechas en zonas agrícolas relevantes a nivel mundial (trigo, en Australia). Este tipo de situaciones puede revertirse de un año a otro, aunque impactan los precios a corto plazo.
Pero lo más impactante se observa en la demanda, donde hay factores más potentes y permanentes a largo plazo. El sostenido crecimiento económico de potencias emergentes como India y China suma año a año millones de toneladas de consumo de alimentos. Su desarrollo económico ha mejorado el nivel de vida de millones de personas, que han salido de situaciones de mera subsistencia para pasar a consumir más alimentos, más caros (aceites y carnes, entre otros). El USDA estima que China importará 34.000.000 de toneladas de soja en el ciclo 2007/08, 10 veces más que los volúmenes que compró en 1997/98. Los países citados están en un proceso de desarrollo contundente que, aunque pueda tener tropiezos, llegó para quedarse.
La notable expansión de la soja en América del Sur, por ejemplo, coincide en forma casi perfecta con el aumento de la demanda china.
Más recientemente, la expansión de los biocombustibles no ha hecho otra cosa que acentuar las tendencias de mercado pautadas por el crecimiento de las economías emergentes. El aumento en el precio del petróleo (motivado, precisamente, por el crecimiento económico mundial y por una mayor incertidumbre geopolítica en el mercado de hidrocarburos) impulsó a varios países (particularmente EEUU y Europa) a aumentar los estímulos y la producción de biocombustibles. Esto ha tenido un fuerte impacto en los granos asociados a esa producción, como el maíz (etanol) y los oleaginosos (biodiesel).
El caso del maíz en EEUU es, seguramente, el más ilustrativo. Hoy EEUU produce 330.000.000 de toneladas de maíz, 35% más que hace 10 años. Pero 25% de la cosecha se vuelca a la elaboración de etanol (cifra que era irrisoria hace 10 años).
Que se asigne ese destino al grano de maíz (pensado, concebido y mejorado para ser un alimento, no un combustible) es una estrategia que genera cada vez más cuestionamientos.
Pero la estrategia está enraizada en EEUU y es difícil que esto cambie a corto plazo, más allá de algunas medidas de política atenuantes que pueden estar en ciernes.
De hecho, la nueva ley energética de EEUU establece que la producción de etanol suba de los actuales 6.000 millones de galones a 36.000 millones en 2022, pero de los cuales solo 15.000 millones podrán ser de maíz.
Implícitamente, es una disposición que le pone cierto techo a la expansión de la producción de etanol con maíz, para dar espacio a la de etanol a partir de celulosa. Pero las metas son a largo plazo, por lo que difícilmente tengan pronto impacto en el mercado, si es que lo tienen alguna vez.
Otros factores pueden incidir a mediano plazo en la oferta. Uno de los más importantes es la posible reforma de la Política Agrícola Común en Europa, ante el aumento global de alimentos. Pero entender qué pasa en los corredores y despachos de Bruselas es bastante más difícil que analizar el mercado de futuros de Chicago.
Recesiones y especulaciones
En este marco, en los últimos meses la economía mundial bajó un cambio, ante las malas noticias generadas por la crisis de las hipotecas en EEUU, que podrían llevar a este país a un notorio enlentecimiento de su actividad. Los más pesimistas hablan de inevitable recesión.
La pregunta surge de inmediato: ¿Cómo impactará eso en el mercado de granos? Es claro que si la economía de EEUU está en problemas, eso impacta en el resto del mundo, a corto o mediano plazo. Pero también es cierto que otros países están en condiciones de, al menos, compensar en parte ese efecto.
De todas formas, no se descarta un impacto en el mercado de commodities en general y en el de granos en particular. A mediados de enero, el Dr. Arturo Porzecanski, (uruguayo, experto financiero y profesor de la Universidad de Columbia) dijo al programa Hora de Cierre, de Radio Sarandí, que no sería extraño ver una baja en el precio de los granos, dado el escenario de la economía mundial. Eso no ha sucedido e incluso los granos subieron, pero aún falta tiempo para conocer el derrotero del efecto EEUU.
En este escenario, también surgen cuestiones acerca de si los mercados internacionales de granos son susceptibles de generar una burbuja especulativa, como ocurrió con el mercado de inmuebles.
El experto en granos y operador de dicho mercado, Ing. Agr. Fernando Villamil (presidente de Hajnal, representante de Agrosud en Uruguay) rechazó esa posibilidad. "Contrariamente a lo que sucedió con las hipotecas, en el mercado de granos hay fundamentos para que los precios actuales sean los que son. Los mercados de futuro, además, son un mecanismo de suma cero. Hay compradores y vendedores, y los contratos se hacen contra entrega física, por lo que no alimentan una burbuja especulativa", señaló Villamil a El País Agropecuario.
Esto no implica que puedan darse cambios en los próximos meses. Villamil estimó, en particular, que es posible cierta corrección en el precio del trigo, si se confirma el aumento en la cosecha mundial de este cereal: "Australia seguramente retome buenos niveles de producción y el Consejo Mundial de Granos ha estimado un aumento en la producción mundial de 603.000.000 a 642.000.000 de toneladas de trigo. Esto puede hacer corregir los precios, aunque a niveles que seguirán siendo altos". En maíz y soja la situación es distinta, pues EEUU tiene que definir sus áreas, dato que se conocerá oficialmente a fines de marzo.
Alimentos caros y política
Otro factor difícil de predecir es el político. El aumento de los granos y otros alimentos ha generado incrementos en la canasta de alimentos, lo que afecta especialmente a los sectores pobres de las sociedades, a los que son especialmente sensibles -legítimamente- los políticos. De tal forma que muchos países establecieron controles de precios, que tienen –en general– el efecto inverso al deseado: escasez y precios aún más altos, en el mercado negro.
Este tipo de políticas tiene el defecto, además, de distorsionar la señal esencial que los mercados internacionales emiten a los productores: produzcan más, porque lo suyo vale. Políticas sociales que atenúen el impacto en los más pobres resultan más sanas y efectivas que meterse con los precios.
Mientras, los mercados gritan a los agricultores de todo el mundo: "¡Produzcan más!". Y el grito se siente en los más recónditos lugares del planeta, desde Iowa hasta Vichadero.