POR JORGE CHOUY |
jchouy@seragro.com.uy
| ESTADÍSTICAS: PABLO JIMÉNEZ DE ARÉCHAGA
La carne no había seguido la tendencia empinada de aumento de los precios de otros commodities alimentarios, como los granos o los lácteos, que duplicaron largamente sus cotizaciones internacionales en tiempos recientes.
Sí se esperaba que en algún momento la carne siguiera el mismo camino que esos productos, con los que está vinculada en muchos sentidos.
Así lo sugerían varios factores que están unidos a la demanda de carne, como el crecimiento de la economía mundial, y el aumento de la calidad de vida y de los ingresos de vastas poblaciones de Asia.
También incide el incremento de los costos de producción de carne, por la suba del petróleo y demás insumos, y por la demanda de granos bioenergéticos, especialmente en los países más poderosos, cuyas sociedades opulentas son capaces de absorber un aumento de precios sin disminuir significativamente el volumen global de consumo, lo que convalida una estructura de costos más elevada.
Por el lado de la oferta aparecen algunos factores restrictivos al haberse alcanzado las fronteras agrícolas, con una competencia desatada por el uso de la tierra entre los distintos rubros.
Otro elemento que para nuestra región tiene singular importancia es la caída de la cotización del dólar frente a otras divisas, en particular ante el euro, ya que es Europa la principal dinamizadora actual del mercado de carne, entre otros productos.
Pero el desencadenante de la vertiginosa suba actual es la prohibición que Europa impuso por razones seudosanitarias a la entrada de carne de Brasil, su principal proveedor, que el año anterior le había vendido 300.000 toneladas peso producto.
Severidad
La desmesura de la medida sorprende, porque a nadie conviene esta severidad. No puede pensarse que el lobby irlandés, que se desgañita gritando contra la carne brasileña –mucho más barata que la propia–, pueda imponer las reglas.
Pero, de algún modo, las autoridades sanitarias europeas se convencieron de los argumentos alarmistas, e irritados por la incapacidad brasileña de dar respuesta a las observaciones que una y otra vez le formularon, decidieron bajar la cortina y prohibir totalmente las compras de carne en el gigante sudamericano, hasta tanto no se pongan de acuerdo en los requisitos.
Si bien no se trata de una sanción impuesta por razones sanitarias sino por la defectuosa trazabilidad, que no brinda garantías, el episodio enseña mucho sobre la fuerza de las autoridades sanitarias, autónomas y poderosas en todos los países.
Escasez
Enfrentados a la falta de carne por la ausencia del principal proveedor, los importadores europeos compran lo mínimo y recurren a sus stocks para atender a las cadenas de supermercados o de restoranes, esperando un milagro que no habrá de producirse.
Aumenta la oferta de carne de la propia comunidad y los barcos recorren el mundo buscando debajo de las piedras, para ver quién puede cubrir la ausencia de Brasil.
Argentina está enredada en su propio laberinto. Da vueltas como el perro que muerde su cola y se autoexcluye del mejor negocio que tiene a su disposición, al limitar sus exportaciones, ahora a 45.000 toneladas mensuales. Algunos entendidos opinan que habrá de rever esta posición, pero por ahora sigue en esa tesitura.
Uruguay, por más que cambie el destino de sus ventas, continúa siendo un pequeño jugador en este negocio. La venta de Brasil a Europa el año pasado supera la totalidad de las exportaciones uruguayas de
ese período. Y en la región no hay más: Paraguay tiene trabas sanitarias y debe conformarse con los destinos secundarios. En el otro lado del mundo sólo están los australianos y los neozelandeses, que venden carne en Japón, Corea y EEUU (donde suman más de 600.000 toneladas de cuota), por lo que no parecen demasiado interesados en correr detrás de los europeos.
Por el lado de la demanda también hay ajustes: el precio de la carne vacuna para los consumidores europeos viene aumentando –ya subió 40%, según algunas versiones– y ello estimula las opciones sustitutivas, pero son paliativos que no pueden disimular la dimensión del faltante: el plato está vacío.
Plazos
Y todo esto no habrá de pasar rápidamente: las estimaciones de mínima suponen un período de cuatro meses de veda (Reinhold Stephanes, ministro brasileño del ramo), pero los experimentados operadores consultados por El País Agropecuario dijeron que esta situación durará todo este año, por lo menos.
Los brasileños tienen que convenir con los europeos un sistema de evaluación y seguimiento confiable de los establecimientos agropecuarios habilitados y después armar una lista, uno por uno.
Para peor, no es el único problema sanitario que enfrentan los norteños: en Mato Grosso sufrieron un episodio de una enfermedad viral muy parecida a la aftosa en su sintomatología -la estomatitis vesicular-, que le bloqueó las ventas a Rusia de carne procedente
de este importante Estado ganadero, lo que aumenta la escasez del producto en el comercio mundial.
Destinos alterados
El cambio en el mercado puede verse en el redireccionamiento que han tenido los embarques en los últimos tiempos. EEUU –que hasta noviembre del año pasado inclusive era el principal destino de nuestra carne, cuando representaba 40% de los dólares recaudados– pasó ahora a un lejano tercer puesto en el ranking. En los últimos tres meses no llegó a comprar 10% de los montos totales.
Algunos operadores estiman que EEUU puede empezar a moverse en breve. Además de los precios que paga –hoy superados por otros compradores–, se señalan algunas reticencias para exportarle debidas a la nueva reglamentación que impuso para el control de la E. coli: en caso de aparecer una muestra en un lote, toda la partida debe decomisarse –aunque ya esté distribuida por todo el país– y se devuelve, con grandes costos, al remitente.
También Canadá está teniendo una pálida actuación en este ejercicio, en comparación con la del mismo tramo del año pasado. En cambio, la Unión Europea, que en 2007 adquirió carne por 24% del total, en lo que va de 2008 compró por más de 38% del valor total.
El actor principal que saltó a escena en el último tramo del año pasado y está teniendo un papel relevante en este ejercicio es Rusia, que en los 11 primeros meses de 2007 representaba menos de 6% de las divisas totales, pero ya en diciembre compró
por 23% del total y en 2008 supera 17% de una cifra crecentada respecto al año precedente.
Se trata de un mercado muy rico que crece día a día, que compra carne, especialmente delanteros y menudencias (lenguas, hígados, corazones) a precios aumentados a niveles de escasez, dados los problemas sanitarios de Brasil y la nula confiabilidad de Argentina.
Se venden tendones, cartílagos y penes, a buen precio, a Hong Kong. Nada se pierde.
Además se opera kosher en varias plantas, hay ventas de trimmings a Sudáfrica y otros compradores, menos notorios, aparecieron en el mercado.
A la cola están varios de los clientes tradicionales, hoy desplazados por los compradores de ocasión, quienes por supuesto deben pagar derecho de piso.
Lotería
En resumen: más allá de los desbordes europeos (ver "Loca por la carne"), el mundo está ansioso de productos cárnicos y no hay suficiente volumen en el mundo, por lo que los precios están firmemente en alza.
Para Uruguay se trata de una oportunidad histórica, que nos viene dada graciosamente y debemos aprovechar de la mejor manera posible.
Si los nuevos precios de la carne exportada van a ser los del promedio actual (seguramente serán mayores) y se mantienen los volúmenes de embarque del año pasado, la recaudación por venta de carne en el año
se ubicaría en U$S 987.000.000 (U$S 170.000.000 más que en 2007), que ingresan al país y se reparten en toda la cadena.
Por lo pronto, el precio del ganado, que estuvo aplastado hasta la segunda semana del año, recuperó en menos de un mes los valores que había perdido en los tres meses anteriores.
Al cierre de esta nota, los novillos especiales se venden corrientemente a U$S 2,35 el kilo en segunda balanza, acumulando una suba de 14% en un solo mes… pero su precio continúa elevándose.
Atención
En esta euforia hay que prender algunas luces de alerta: es muy posible que, cuando Brasil retorne a la cancha, los precios se ajusten a una realidad de mucha mayor oferta y bajen.
Aunque no se retornaría a los valores iniciales y se estabilizaría en niveles superiores, esta realidad obliga a la cautela: estamos en un mercado recalentado por la circunstancia y es incorrecto proyectar los negocios de largo plazo con estos valores. La vaca levantó vuelo, pero recién al fin del trayecto se verá si fue vuelo de águila o de perdiz.
Por otro lado, la ganadería está perdiendo por goleada la lucha por la tierra y muchos productores se borran de la carrera. Si el precio del ganado no sube y los
márgenes de la actividad no se ponen a tiro de las otras opciones productivas, caerá inevitablemente la producción de carne en nuestro país.
Otro efecto secundario indeseable es el aumento del precio de la carne para el consumidor uruguayo, tema que ha ocupado los titulares de prensa últimamente.
La evolución de los precios, sin embargo, muestra diferencias según se consideren en pesos o en dólares, dada la fuerte caída del tipo de cambio acaecida en los últimos meses.
Lo cierto es que, a pesar del aumento de precios –grande o pequeño–, el consumo interno creció, de la mano de la mejora en los ingresos de la población.
Tampoco hay demasiadas fórmulas disponibles para limitar los aumentos, aunque tal vez puedan ensayarse fórmulas paliativas (nada sencillas) para los sectores de menores ingresos.
Loca por la carne
La demanda de Europa se desmadró: los negocios de carne Hilton y fuera de cuota superan corrientemente los U$S 16.500 por tonelada peso producto, pero hay algunas colocaciones de lomos que pasan de U$S 25.000 y llegan hasta U$S 30.000 por tonelada.
Hay ventas de Rump and Loin (lomo, bife ancho y cuadril) en la cuota Hilton para Alemania a U$S 18.000 por tonelada y hasta de cortes congelados de la rueda, como la nalga sin tapa, que se venden a Italia a U$S 8.500, o cortes de menor precio, como la bola de lomo, que superan los U$S 4.300.
Todos estos valores duplican a los de hace un año.