La faena abultada que tuvo lugar en las primeras semanas de enero digirió el tapón de ganado gordo que se había conformado hacia fines de año y marca nuevas condiciones operativas en el mercado de haciendas.
En la tercera semana del año las cifras de extracción, que siguen siendo muy elevadas, muestran sin embargo una baja respecto a los niveles récord que alcanzó en la precedente y los operadores anticipan que continuarán disminuyendo en las semanas venideras.
El precio del ganado, que cayó significativamente en el último tramo de 2007, se recupera rápidamente a partir de la regularización de la oferta, que perdió la presión que caracterizó a los meses anteriores.
El precio de la carne exportada y también la que se vende en el mercado interno, aderezado por un importante contingente de turistas, está entonado y en alza, como se detalla en las páginas 11 a 13.
Como siempre, el tiempo juega decisivamente en este partido. Las lluvias han sido desparejas, pero el déficit hídrico que aqueja a algunas zonas está lejos de poder calificarse de sequía.
En forma unánime, los observadores señalan el excelente estado de los ganados, tanto los que se están preparando para embarque como los de cría y reposición, de modo que, si la situación se sigue desarrollando en forma normal, y se siembran las pasturas previstas en tiempo y forma, tendremos un buen año ganadero.
Enero constituye entonces la etapa de ajuste, en la que se están normalizando las distorsiones ocurridas a partir de un año climático sumamente difícil, que creó escasez inesperada de haciendas, que después se tradujo en sobreoferta y precios deprimidos.
Nota aparte merece el conflicto sindical en la industria frigorífica que tuvo lugar a fin de año, que provocó trastornos y dejó secuelas de difícil superación en el clima de trabajo, sin que estos desencuentros resultaran en mejoras para el ingreso y las condiciones de trabajo de los obreros y funcionarios de las plantas.
Aun en la última semana de enero, hay frigoríficos que siguen trabados en su desenvolvimiento por problemas no directamente salariales, lo que termina perjudicando a todas las partes involucradas.
Jerarcas de la industria afirman que el promedio salarial de los aproximadamente 14.000 obreros del sector se ubica en $ 23.000 –uno de los mayores de cualquier rama productiva del país– y que el costo salarial se duplicó en dólares en el último año, dados los aumentos nominales, el incremento impositivo y la caída del valor de la divisa.