POR ING. AGR. (PHD) GIANNI BIANCHI E ING. AGR. GUSTAVO GARIBOTTO | Universidad de la República, Facultad de Agronomía, EEMAC;
tano@fagro.edu.uy
y
gari@fagro.edu
¿Qué ha ocurrido en los últimos años con la oveja?1
En la Figura 1 se presentan las distintas regiones agropecuarias del Uruguay, en base a la información censal de 1990 (Figura 1 a) y 2000 (Figura 1 b).
Los cambios productivos más importantes en la regionalización productiva realizada por el MGAP-DIEA en 10 años (1990-2000) pueden resumirse en:
1) Gran disminución (78%) de la región ganadera ovejera, asociada a la reducción en el stock ovino.
2) Importante incremento de la región ganadera en la que las pasturas implantadas superan el 10% (asociado al fuerte cambio ocurrido en el área mejorada, sobre todo en mejoramientos extensivos y pasturas convencionales, representando 20% del área ganadera).
3) Reducción en la superficie destinada a cultivos cerealeros e industriales.
4) Aumento significativo en el área arrocera (161%).
5) Fuerte incremento en la superficie de las regiones lecheras (59%).
6) Caída significativa en las superficies de las regiones hortícolas y hortofrutícolas.
7) Moderado aumento en la región citrícola.
8) Notable incremento de la región forestal (de 181.000 a 661.000 há).
No obstante, en los últimos siete años (2000-2007), se siguen produciendo cambios (Hoffman, com pers.):
- Aumento importantísimo del área agrícola (invierno): trigo (280.000 há), cebada (150.000) y avena (50.000) Total: 480.000 há.
- También del área de cultivos de verano: soja (500.000), maíz (100.000), sorgo (110.000), girasol (60.000) y arroz (170.000). Total: 950.000-1.000.000 de há.
- Incremento de la forestación: 1.000.000 de há.
Por su parte, en la Figura 2 se presenta la evolución del stock ovino y vacuno durante los últimos 17 años. La relación lanar:vacuno fluctuó desde un valor máximo de 3:1 (a comienzos del período analizado) al actual –y mínimo de todo el período–, inferior a 1. Hay que remontarse prácticamente a inicios del siglo XX para registrar un número mayor de cabezas vacunas que ovinas en Uruguay.
Respuestas
¿Cómo han respondido el país, las diferentes instituciones de generación y transferencia de tecnología, y el sector productivo e industrial?
Lamentablemente, el balance es negativo. Nadie puede negar el éxito en que se transformó el Programa de Merino Fino impulsado por el INIA con el apoyo de un número importante de entidades (SUL, CLU, Sociedad de Criadores de Merino), aunque tampoco nadie puede negar que, al menos desde 1994 (fecha en que se realizó el Congreso Mundial del Merino en nuestro país), ya había quedado claramente expuesta la dirección que tomaba el mundo en este sentido.
En otras palabras, como en muchas otras cosas, el país reacciona tarde; en este caso, recién 10 años después comenzamos a producir el tipo de lana que se transformó –sin dudas– en la única alternativa para disputarle a los sintéticos el mercado de la vestimenta.
Es de destacar, también, el desarrollo del cordero pesado por el SUL, en la persona del Ing. Agr. Mario Azzarini, aunque ciertamente, y si bien jugó un papel importante en momentos difíciles para el rubro, no fue suficiente para que ocurrieran los cambios que requiere la ganadería ovina para abandonar una producción extensiva, secundaria y destinada mayoritariamente a los suelos marginales del país.
Entre otras cosas, esto es así porque la propia propuesta del cordero pesado no implica mayores cambios productivos: basta con disponer de algún tipo de mejoramiento durante 60-80 días para invernar un cordero producido básicamente a campo y "pisando" el año de edad, pero también –y no es menor– porque el precio recibido por el productor (salvo cuando la industria precisa cumplir el cupo con la Unión Europea) no difiere mucho –en realidad prácticamente nada- del precio recibido por un borrego. O directamente, como en 2005, porque la industria decide no levantar mercadería pronta del campo.
En buen romance, las señales de la industria no han permitido un desarrollo más importante de este producto.
Loable también resultó el desarrollo del Programa de Tecnología Integral (PTI), también llevado adelante por la institución que todos los productores financian con una cuota parte de su producción de lana.
Pero, salvo los establecimientos que adoptaron el Programa –y a pesar de los cambios registrados en los últimos tres años en el número de corderos señalados por oveja encarnerada (es discutible atribuir esa mejora sólo a la adopción de tecnología)–, si se ve con una perspectiva histórica, se siguen precisando casi dos ovejas para obtener un cordero vivo al destete (las mismas casi dos ovejas que el propio Azzarini escribía en su libro "Aspectos Modernos de la Producción Ovina", hace ya más de 35 años).
Cabe mencionar que los establecimientos que adoptaron el Programa no son más de 150–160 promedio/año en todo el país y no necesariamente todos los casos pertenecen al estrato en que la oveja constituye el rubro más importante (la fuente de estos datos es "Lananoticias", del SUL).
Convengamos ahora que a las variables reproductivas hay que analizarlas a largo plazo y no mirar sólo lo ocurrido en los últimos tres años. Entonces, las estadísticas son contundentes: desde 1986 a la fecha el porcentaje de señalada no ha superado 63%.
Pero hay otro elemento central, que no queremos pasar por alto. Para ello, en el Cuadro 1 se presenta, de acuerdo al estrato de tamaño de predios ganaderos, cuál es la principal fuente de ingresos, el número de cabezas, la relación lanar/vacuno, etc.
Claramente surge una característica distintiva de la ganadería uruguaya: la concentración de bienes –en este caso, tierra y semovientes– en pocas manos: 11% de los productores posee 61% de la superficie, 50% de los ovinos y 59% de los vacunos del Uruguay. Además, aparece otro elemento sumamente interesante y es el hecho de que sólo para una minoría de los productores (12%) –en su mayoría pequeños o muy pequeños– el rubro ovino es la principal fuente de ingresos.
Paradojalmente, este grupo de productores sólo posee 18% de los ovinos del país.
En otras palabras, ¿cómo la oveja no va a estar como está, si para quienes ostentan el privilegio de contar con la mayoría de ellas éste no resulta un rubro económicamente atractivo o, al menos, no representa la principal fuente de ingresos? Lo hemos escrito en otras oportunidades, pero lo reiteramos ahora: ¡qué bendita es la especie para producir lo que produce en las condiciones en que mayoritariamente se cría en este país!
Pero del Cuadro 1 surge otra pregunta fundamental: ¿qué acciones han desarrollado los diferentes organismos de generación y/o transferencia de tecnología del país, públicos o privados, para "llegarle" a ese 60% de productores de menos de 200 há que, convengamos, son los únicos a los que el país puede apostar para que se mantengan en el campo dignamente con su familia y no vengan a "alimentar" los cinturones de miseria de las ciudades del Interior o de la capital? ¿Cuáles son los productores que habitualmente visitan el SUL y el Plan Agropecuario? ¿Quiénes asisten a las jornadas de la UDELAR, el INIA y el SUL?
Éstas, y quizás alguna pregunta más, deberíamos hacernos quienes trabajamos con la oveja y, sobre todo, quienes tienen la responsabilidad histórica de que el rubro no desaparezca, como ya parece haberlo hecho en muchas zonas del país "la cultura" de la oveja que tanto destacó al Uruguay en la región.
El intento de la actual administración por desarrollar las Mesas Tecnológicas en los diferentes rubros también es una iniciativa a destacar, aunque en el caso que nos ocupa -y hasta tanto no se logre una participación activa de la industria frigorífica (sobre todo)- sólo será un ámbito de intercambio de ideas, pero sin grandes efectos.
De ahí que las Mesas que sí funcionan (oleaginosos, trigo, cebada) tengan en su interior –además del sector productivo y de las diferentes organizaciones sociales y organismos de investigación y transferencia– una industria pujante, dinámica, que "tira" de la cadena y demanda tecnología, cosa muy distinta a la industria frigorífica, donde el ovino juega un papel netamente subsidiario del negocio mayor, que es el vacuno.
Anecdóticamente, días pasados un connotado agente de la industria manifestaba que con la capacidad actual bastaban sólo dos meses a full para que la industria cumpliera con la cuota de la Unión Europea y reclamaba que no existen mercados para el cordero, como si la búsqueda de mercados fuera una tarea del productor o exclusivamente del Estado.
A la industria local le cabe una responsabilidad muy grande por la situación que atraviesa el ovino en Uruguay, basta remitirse a las señales dadas en 2005 (no por única vez), cuando muchos productores tuvieron que quedarse con sus corderos en el campo porque nadie se los levantaba.
Convengamos, además, que el nuestro es uno de los pocos países del mundo donde la producción de cordero es un subproducto y donde su valor al productor es inferior al kg de novillo.
Más allá de que se pueda coincidir con medidas complementarias dirigidas a desarrollar el mercado local, no alcanza con el asado "del Pepe", sacarle el IVA a la carne ovina o desarrollar el churrasco ovino.
El Uruguay es muy chico, cualquier barrio de San Pablo consumiría más corderos que todo el país. Desarrollemos políticas de Estado que permitan colocar nuestros corderos en diferentes partes del mundo. El INAC puede -y debe- trabajar en este sentido, pero la industria frigorífica también debe hacerlo. Este punto resulta clave, sobre todo ahora, cuando asistimos a una extranjerización del parque industrial por demás significativa.
El sector productivo tampoco es ajeno a esta discusión. Hace ya tiempo –como estudiantes- leímos un documento (si la memoria no nos falla) de la Cátedra de Sociología de la Facultad de Agronomía, donde, al analizar las conclusiones de un número importante de Congresos Anuales de la Federación Rural, se señalaba que en ningún manifiesto de esa gremial figuraba alguna reivindicación técnica: sólo se restringían a reclamos políticos o económicos.
Ello no ha cambiado. ¿Qué otra cosa –además del endeudamiento, el atraso cambiario y (hasta que entramos en esta escalada de precios de los commodities) los precios de las materias primas– hemos escuchado desde la Federación Rural, portavoz del sector productivo nacional?
¿Cuántos colegas agrónomos o veterinarios pueden vivir trabajando en el ejercicio liberal de la oveja? Y vaya si existe una tarea enorme para realizar al respecto desde el punto de vista técnico. Alcanza con remitirse a cualquiera de los indicadores productivos del rubro.
Pero además, ¿qué ha ocurrido en el ámbito productivo? Para ello limitémonos sólo al aspecto racial y a la raza que constituye la mayoría del stock nacional.
Cabría preguntarse si lo que siempre se señaló como una virtud en el sentido de que el Corriedale del mundo está en Uruguay y que por ello nuestro país ocupaba una posición estratégicamente conveniente, conforme los inmediatos competidores estaban especializados en lana fina (Australia, Sudáfrica y paulatinamente Argentina) o en carne (Nueva Zelanda), es todavía una virtud o significa que ya es hora de cambiar, como lo han hecho los otros países. Australia es un caso paradigmático a este respecto: sólo se necesita ver el incremento de razas carniceras y madres cruza en sustitución del Merino, a pesar de ser el país más importante de lana fina del mundo.
Por supuesto que los comentarios son extensivos a otras razas doble propósito, con el agravante –en algunos casos– de que, o sólo existen en Uruguay y/o su relativo bajo número condiciona posibilidades serias y sostenidas de mejora, si no se produce una apertura racial al respecto.
En nuestra época de estudiantes aprendíamos que resultaba de mucho más impacto desde el punto de vista genético desarrollar buenos programas de selección, independientemente de la raza, que cambiar de raza.
Esa situación hace bastante que es cuestionable y hoy decididamente diríamos que la elección de la raza o el biotipo, y su forma de utilización (por ejemplo: cruzamientos), son decisiones tan o más importantes todavía, entre otras cosas porque en el ingreso de un predio ovino promedio más de 70% de las entradas corresponden a la carne ovina (salvo que estemos en situaciones de Merino muy fino, donde –de todas formas– los ingresos por carne pueden representar más de 40%).
Esto no quiere decir que la adopción de un correcto programa de mejora genética no sea importante; lo sigue siendo. Lo que ocurre es que para el caso de la carne, y más allá de algunos proyectos que están en su etapa de iniciación, no existen en Uruguay programas de mejora funcionando, como por ejemplo sí existen para la lana. Pero, aun en estos casos, es conveniente tener presente que la selección es un proceso acumulativo y permanente, sí, pero lento.
Veamos un ejemplo bien elocuente. El Corriedale es una raza que, por distintas razones (muchas, ajenas a los productores), se ha engrosado de forma alarmante en los últimos 10 años. Si partimos de un Corriedale de 30 micras (supuesto para nada disparatado, porque alcanza con ver los resultados a la esquila de los borreguitos de las Pruebas de Comportamiento de esta raza que se realizan en el SUL), con el desarrollo de un programa de selección que enfatice sólo en el diámetro, manteniendo el peso de vellón constante, podríamos mejorar –y siendo optimistas– en el entorno de 3,5-4 micras tras 10 años ininterrumpidos de aplicación sistemática.
Quiere decir que, en el mejor de los casos, obtendríamos -insistimos, tras 10 años- una lana de 26-26,5 micras. A estos valores, y partiendo de la misma majada, podríamos llegar utilizando carneros, por ejemplo de la raza Dohne Merino puros (y es importante la acotación, nótese que no estamos hablando de animales 1/2 sangre o 3/4 sangre, sino puros), en la mitad de tiempo y además mejorando la conformación carnicera y seguramente el color de la lana Corriedale, habida cuenta de los problemas en el índice de amarillamiento que esta raza presenta en el país.
Por supuesto que existen otras opciones productivas. Se pueden lograr resultados todavía más espectaculares en producción de carne si la raza elegida para cruzar es Poll Dorset, Texel, Southdown o Hampshire Down, y el sistema de producción implica venta de corderos pesados con no más de cinco meses de edad.
Conviene recordar aquí que quienes abastecen de estas razas carniceras también tienen asuntos pendientes en materia de mejora genética, desde el momento en que no existen en el país planes de mejora genética.
En el mejor de los casos, el progreso genético descansa en la elección de los padres de cabaña en el extranjero.
No obstante, y dado su desarrollo actual y esperado, no debería dilatarse más la instrumentación de planes nacionales de mejora genética de estas razas. Lo venimos reiterando desde hace una década, y lo hacemos nuevamente ahora.
¿Tiene lugar la oveja en el Uruguay Productivo?
Definitivamente sí. Pero no esta oveja. Para ello hay que cambiar de oveja y, sobre todo, la mentalidad. De lo contrario, se avizora un país con cuatro, a lo sumo cinco millones de ovejas Merino Australiano Fino en el Basalto superficial, donde no se puede hacer otra cosa que criar ovejas y producir lana de 18 o menos micrones, porque además no hay nada que sea más rentable en suelos de 15–20 cm de profundidad con CONEAT inferior a 100 y con alto riesgo de sequía, y con producciones de forraje de no más de 1.500-2.000 kg MS/há/año.
Para que la oveja vuelva de donde fue "corrida" por la soja, el árbol y la lechería, o el novillo (porque la vaca parecería seguir los pasos de la oveja, si tampoco se cambia), se tiene que pensar en una oveja de 1,2-1,5 corderos/año, con animales que a la venta tengan no más de 4-5 meses de edad y produzcan más de 20 kg de carne magra.
Ése es el cordero que quiere EEUU (por ejemplo) y que le compra a Australia y Nueva Zelanda, que, a pesar de estar al doble de distancia que nosotros, ello no es impedimento para que abastezcan 97% del mercado americano con sus productos. La pregunta es: ¿existe hoy este cordero en Uruguay? La respuesta, lamentablemente, es sólo a niveles poco desarrollados2.
Pero la otra pregunta (más importante) es: ¿Uruguay está capacitado para producir este producto si se dan determinadas condiciones comerciales, sobre todo de precio al productor? Y la respuesta es definitivamente sí, la investigación local lo demostró analítica y comercialmente3.
En síntesis, estas líneas, algo desordenadas quizás, pretenden señalar –una vez más– algo que estamos repitiendo en cada rincón del país. ¿Por qué? Porque estamos convencidos de ello y porque institucionalmente creemos que hay que tener la suficiente honestidad intelectual para plantear públicamente lo que pensamos de un rubro sobre el cual el país cuenta con ventajas comparativas para jugar un papel de vanguardia a nivel mundial.
Reivindicamos la especialización productiva y sostenemos que se acabó el doble propósito. Si vamos a producir lana, ésta debe ser fina (mayor a 18 micras), blanca y resistente, y eso se logra sólo con Merino Australiano.
Si vamos a producir carne, ésta debe provenir de animales jóvenes, pesados, magros y de madres que produzcan 1,5 corderos/año. Y la forma más eficiente y rápida de hacerlo es recurriendo a una política planificada de cruzamientos y de programas de selección que enfaticen en la producción de carne de calidad, además de brindarle a la oveja las condiciones ambientales (sobre todo alimenticias) para que exprese su potencial.
Ello no quiere decir que en determinadas zonas del país no se puedan hacer ambas cosas. Por ejemplo, productores de Merino Fino que utilizan el OFDA4 y destinan a cruzamientos terminales las ovejas más gruesas de su majada, y producen lana fina y corderos cruza con razas especializadas en la producción de carne.
Tampoco quiere decir que las razas mayoritarias locales laneras o doble propósito deban desaparecer en su totalidad. Conocemos productores corriedalistas y de otras razas que trabajan bien la oveja y producen de acuerdo al potencial de la raza, pero son los menos.
Sí estamos convencidos de que algunos deberán pensar seriamente si continúan con dichas razas si es que quieren seguir siendo competitivos y otros, quizás, puedan continuar, pero para ello deberán mejorar en forma significativa.
Incluso en el caso hipotético de que se deseara producir todos los corderos de Uruguay en base a cruzamientos (cosa improbable, dado el número actual de carneros de razas carniceras) serían necesarias buenas madres Corriedale, que han demostrado su adaptación y rusticidad en todo el país, pero que ahora tienen –además– el desafío de generar una madre que produzca lana lo más blanca posible, de no más de 26-27 micrones, y que destete muchos corderos y a su vez tenga la capacidad de criarlos.
Por último, aclaramos una vez más: no estamos a favor ni en contra de ninguna raza, que se entienda bien, no tenemos intereses creados en este sentido. Trabajamos por la oveja, exponemos nuestro punto de vista con argumentos técnicos, porque creemos que el país todo se debe una gran discusión y un sinceramiento en este aspecto.
1 Extractado de las conferencias brindadas por el autor principal en base a trabajos elaborados por Bianchi y
Garibotto, y presentados en México y Brasil:
- "Logística de la industria de la carne ovina en Uruguay". In: 8° Congreso Mundial del Cordero y la Lana. Querétaro. México. 25 de julio de 2007.
- "Desafíos y oportunidades del ovino en los sistemas de producción del Uruguay." In: I Simpósio Sul Brasileiro de Ovinos e Caprinos; XIII Simpósio Paranaense de Ovinocultura y I Simpósio Paranaense de Caprinocultura. Curitiba. 24 al 26 de octubre de 2007.
2 Se sugiere leer la nota de opinión del Ing. Agr. Gustavo Garibotto titulada "La década pérdida" y publicada en el N° 709 de El Observador Agropecuario, del 8 de junio de 2007.
3 Se sugiere revisar el libro "Alternativas tecnológicas para la producción de carne ovina de calidad en sistemas pastoriles", recientemente publicado por la Librería Peri (Editorial Hemisferio Sur), que contiene los trabajos conducidos por el Grupo de Ovinos y Lanas de la EEMAC en los últimos 10 años.
4 Instrumento que se utiliza para determinar el iámetro medio de la lana sin necesidad de que sea lavada.